¿Será Tesla el iPhone de los automóviles?

Los automóviles autónomos serán sobretodo software y el resto es secundario; tanto que IKEA podría hacer carrocerías e interiores.

Marc Andreessen comparó los fabricantes de coches a Nokia justo antes de que Apple presentara el iPhone. Lo dijo el 21 de mayo de 2017. Andreessen tiene buena reputación como nariz entrenada a la hora de saber hacia dónde va la tecnología e invertir en ella — lo demostró presentando el primer navegador web libre (Mosaic) y comercial (Netscape); luego saliendo a tiempo del negocio de navegadores y servidores.

“Software is eating the world” es una de sus frases más conocidas, título de un artículo que escribió para el WSJ (es fácil encontrarlo en PDF). La idea es que todo lo que se pueda hacer con software acabara siendo software sin que nadie pueda detener el proceso.

Todo ello descansa en la ley de Moore: cada dos años se duplica la potencia del proceso de software. Duplicar lo anterior significa crecimiento exponencial. ¿Sabéis cuántas veces hay que doblar un folio para llegar hasta la Luna? Sólo cuarenta y dos. Físicamente es imposible plegar cuarenta y dos veces un papel, pero matemáticamente no.

En estos momentos la potencia del software es lo suficientemente grande como para que el próximo paso —el siguiente pliegue — de la ley de Moore sea descomunal. El resultado será software que hace cosas que la sociedad aún no lo puede digerir porque nos faltan personas que sepan cómo aplicarlo; necesitamos más humanistas tecnófilos. Es historia la frase “todavía le falta mucho a la inteligencia artificial”. Ahora estamos en “es bastante buena, da miedo”; tras el siguiente pliegue de Moore diremos “es increíble y toda resistencia es fútil”.

Las pegas de hoy con los coches autónomos desaparecerán con el siguiente pliegue de Moore.

Los vehículos serán software; el resto es secundario. Es verdad que Tesla ha avanzado en su software autopilot al nivel que la ley de Moore permite, pero todavía le da mucho peso al resto: la morfología de un vehículo pensado para un humano sentado en el lugar de pilotaje. Esta idea fuertemente arraigada es un estorbo para la realidad a la que puede llegar el software tras el siguiente pliegue de Moore, esto es, en sólo dos años.

Cuando llegue el 2020, ¿Tesla habrá invertido demasiado en la producción de vehículos con asiento para el piloto? ¿Le costará tanto reinventarse como hoy a Ford o Toyota? Confío en que no. Si no lo consiguen el iPhone de los automóviles puede ser el IKEA y no Tesla.

Tras el siguiente ‘pliegue de Moore’

Quien dice IKEA puede decir la startup de un chica de 16 años. Vive en una gran ciudad, usa transporte público y no se le ocurre sacarse ningún permiso de conducir; es alguien que prefiere la última tableta antes que el permiso; que prefiere una ciudad habitable como símbolo social que ningún coche como muestra de nivel de vida; que prefiere frenar el calentamiento global a frenar con cuatro discos ventilados y ABS; que con lo que cuesta un aparcamiento puede hacer un par de viajes al año; que prefiere detener la invasión del asfalto; que no quiere otra persona minusválida tras un choque frontal o lateral; que cada vez que oye las cifras de víctimas en las vías públicas piensa que son muertes absurdas porque el software puede evitarlo.

¿Conocéis alguna persona de menos de 30 años que no vea así las cosas? Hay muchos. ¿Y de menos de 60? Un par mallorquín (= más de uno). De más de 60 hay muchos, también, cuando se lo explicas porque se dan cuenta que tendrían movilidad autónoma y segura. El siguiente pliegue de Moore les hará rebelarse contra el actual modelo de movilidad con automóviles privados no-autónomos.

Grandes cambios gracias al software ‘autopilot’

En sólo un pliegue de Moore los vehículos no necesitarán ningún humano al volante. Ni volante.Tampoco pedales. Ni botones, excepto los mismos que en una habitación de cemento: iluminación interior, puertas y ventanas. La iluminación exterior también disminuye porque los faros para ver de noche no hacen falta; justo hay luces de gálibo para avisar de la proximidad del vehículo a seres vivos en general. No hay retrovisores. Tampoco un amplio parabrisas.

Hoy circula esta ilustración en Twitter:

Botones en un BMW Serie 3 y Tesla Model 3

(La he visto a Genís Roca , pero por hora y cantidad de retuits la foto puede ser de Marvel App . Cuando una foto sólo está en Twitter, no es nada fácil encontrar el autor — o yo no sé lo suficiente)

En el interior del Tesla también sobran botones. Sobre todo sobra el volante. También la organización del espacio. Es clásica, pensada para la presencia de un humano al volante y sus acompañantes. Hace falta visibilidad para vigilar el entorno y el comportamiento de otros humanos al volante. Nada de esto será necesario gracias al software de los coches autónomos.

En cuanto al exterior, no necesitaremos ni siquiera protecciones para evitar pequeños golpes aparcando porque difícilmente estarán aparcados en lugares vulnerables. Una buena parte de la seguridad contra lesiones en las colisiones posiblemente estará en los asientos.

Podría ser que el vehículo autónomo tuviese una carrocería no tan pensada para colisiones. Hoy ocurre con la carrocería de los aviones porqué las posibilidades de chocar son irrelevantes — excepto con aves, y para este accidente sí están preparados.

Inciso: Mientras tanto nos sentimos más seguros en los coches que los aviones. Sí, así de eficaz es nuestra mente analizando riesgos; quizás es más inteligente dejar de confiar en ella para todo. ¿Y si dejamos para la tecnología algunas cuestiones en las que hemos demostrado que fallamos una barbaridad?

Es verdad que los aviones ruedan en espacios muy controlados y amplios. Vuelan también fuertemente controlados y a suficiente distancia de otros aviones. Todo ello sirve para evitar errores humanos, que son los que están detrás de cualquier maniobra — excepto el copiloto. ¿Porque el espacio para circular con automóviles no puede estar también controladísimo por sensores y software? En cualquier caso, los coches sí pueden recibir impactos menores que haría posible una carrocería no tan resistente.

La importancia del software hará que el resto sea tan relativo que podrán entrar nuevos actores en el escenario de la industria del automóvil: IKEA para la carrocería e interiorismo, Cybex para los asientos. ¿Porque no? En IKEA saben mucho sobre espacios; en Cybex de seguridad para el cuerpo más frágil en un vehículo: el de un bebé.

Luego están los motores eléctricos, algo dominado por bastantes fabricantes. Las baterías no tanto y Tesla sí lleva ventaja.

¿Y el software? Apple trabaja en ello. Nvidia también. Google, con la empresa Waymo . IBM busca el camino.

Software y envoltorio

El cambio es tan grande que estamos ante el primer caso que Apple no pretende vender ninguna cosa de vidrio y aluminio, sólo quiere vender software. Es inaudito. Curiosamente Tesla hace el papel de Apple queriendo venderlo todo: software, vidrio, aluminio, baterías, estaciones de carga, etc. El iPhone de los automóviles Nokia no es Tesla sino Waymo, Nvidia o Apple.

El software necesitará envoltorio para hacer posible el transporte: motor Siemens, baterías Tesla, asientos Cybex, carrocería IKEA…

¿Porque no IKEA? Sinceramente, a la hora de hacer un coche al cual me apetezca subir les veo mejor posicionados que el Grupo Volkswagen. El software será invisible, el motor y las baterías también, pero no el interior.

Imagino un habitáculo amplio, con asientos que pueden cambiar de lugar y orientación según la cantidad de viajeros. Para los modelos para poder trabajar en ruta no hay tantas ventanas; una pared puede ser para hacer proyecciones en reuniones de trabajo. Los modelos para turismo pueden tener realidad aumentada en los cristales, porque no estarán prohibidas las distracciones; nadie tiene que mirar al exterior para vigilar sino para curiosear.

Si todo el mundo lleva la realidad aumentada encima, entonces no hará falta que esté en las ventanas. Quizá no hay ventanas, sino un habitáculo transparente hacia el exterior; recuerda que puede que no hagan falta carrocerías tan pensadas para colisiones porque la seguridad puede que esté en los asientos.

Cambios en el código de circulación

La vigilancia la hacen los sensores. No sólo los de nuestro vehículo sino de todos los que nos rodean. Conectados entre sí reciben avisos de todo lo relevante para el tránsito en un radio de 20 kilómetros.

Toman decisiones en conjunto calculadas en datacentrers cercanos, de bajísima latencia, haciendo fog computing conectados al cloud.

En función del tráfico pueden cambiar las direcciones de calles y la cantidad de carriles en cada sentido en las autopistas y autovías.

No hay semáforos ni rotondas porque se detienen sólo cuando es necesario y en función del beneficio para la movilidad: que llegue tarde la mínima cantidad de personas.

El nuevo código de circulación son algoritmos pensados para la máxima eficacia en movilidad.

Cambios en el urbanismo

Los carriles podrán ser más estrechos porque los sensores tienen más precisión que la mente humana a la hora de calcular los espacios.

La mediana sobrará o sería un estorbo para que todos los carriles sean reversibles.

La cuneta tampoco hace falta. ¿Le hace falta al tren? El coche autónomo irá por vías virtuales sólo si todos los coches son autónomos. Si alguno no lo es, sucederá lo mismo que ahora: los humanos fácilmente nos podemos desviar un palmo a la derecha o la izquierda — tres palmos cuando miran el móvil.

Un coche que circula solo no tendrá porqué estar aparcado debajo del lugar donde viven los propietarios y las propietarias. Podrá dejarles en casa para luego aparcar a bastante distancia del hogar. La organización urbana de los aparcamientos cambiará mucho. De hecho, no habrá aparcamientos en la calle; sólo puntos de recogida y destino. En cualquier caso sobrará mucho espacio, vista la cantidad descomunal de carriles para aparcamientos que tenemos ahora en todas las calles del planeta.

No hay nada que haya cambiado tanto la organización del espacio en la tierra como los vehículos con humanos al volante — junto a la agricultura, las ciudades y los polígonos industriales (por este orden). Recuperaremos una cantidad inmensa de espacio.

La recuperación definitiva vendrá por su propio peso: al asumir que no hace falta tener coche en propiedad. Tras aceptar que no conduciremos nunca más, habrá que aceptar que no necesitaremos comprar ningún coche. Quizás pasará de golpe, no lo sé — si es por mi, ya puestos …

Cuando el coche no sea de propiedad el software nos ayudará a compartirlo según sea la necesidad de cada momento. Cuando lleguemos a eso, sobrarán 8 coches de cada 10 de los que ahora tenemos.

El espacio y el medio ambiente respiraran profundamente cuando nos basten 12 coches (va, pongamos que 20) en vez de los 100 actuales; 200 en vez de 1.000. Mejorará la calidad ambiental porque serán eléctricos; mejorará el espacio porque no necesitarán aparcamiento.

¿Cuánta gente de Lloseta va ala UIB o Palma a la misma hora? A Inca. El software hará que un vehículo los pase a buscar justo a tiempo en el punto de recogida más cercano a su casa. A la puerta si el tráfico lo permite; el software lo dirá:

“No te muevas, te aviso con el tiempo exacto para que bajes hasta la puerta justo cuando pase por delante”

Podrá haber peticiones de reunión en el coche aprovechando el camino hasta el Parc BIT. El software hará coincidir personas compatibles dentro del habitáculo: aficiones y afinidades, incluso los perfumes. Habrá coches para todos los gustos y todas las situaciones. Si hoy no te mueves por trabajo y quieres curiosear, que venga uno transparente.

Aparcarán en puntos de recarga, que podrán ser algunos de los aparcamientos actuales. La gran mayoría sobrará.

Menos asfalto, menos espacio para aparcamientos.

Hay quien empieza a pensar qué haremos con los aparcamientos en desuso: Architects Re-Imagine New York City Parking Spots As New Housing.

(En Nueva York nos llevan años de ventaja porque allí ha triunfado una aproximación muy primitiva al software para coches autónomos: Uber y Cabify)

Un coche autónomo en propiedad será algo así como hoy querer un autobús en propiedad. Por eso el Tesla Model 3 es un producto de transición.

Resistencia al cambio

Podéis imaginar imaginar que habrá gente que querrá seguir con su coche pilotado por un humano — posiblemente un macho de más de 40 años y fan de Tesla.

“Quiero coche particular y me gusta conducir, que es lo que ha hecho toda la vida. Tesla ya frena solo cuando detecta peligro.”

Pues no, estará prohibido.

Por seguridad y por cuestiones funcionales que hacen que no baste que el coche prevea accidentes: el tráfico puede cambiar de dirección en un segundo por motivos de movilidad basada en el sentido común. Exacto: el software no necesita que el coche tenga parte delantera y parte trasera.

Los humanos tenemos limitaciones, frente al software, que nos hará conducir talmente ahora vamos a caballo: por espacios limitados.

Sólo es el comienzo

El próximo pliego de Moore será enorme; eso es lo único de lo que estoy seguro. En cuanto al resto no lo estoy tanto.

Este artículo está limitado por lo que he leído sobre los cambios y lo que he imaginado a partir de las lecturas. También por lo que conozco: IKEA, Cybex.

Veo como una limitación todo lo que he leído y que conozco. Lo que llega són lecturas pendientes y muchas marcas que protagonizarán una parte del futuro hoy todavía no existen. IKEA quizás no superará la crisis de la impresión 3D y Cybex puede que sólo sepa hacer asientos para bebés. Sus errores dejarán espacio para nuevas empresas.

Será indispensable innovar reinventarse cada poco; cada dos pliegues de Moore como mucho. Una empresa sin laboratorio a partir de 2020 será como una empresa sin ordenador en 1990.


Bonus Track

Otra día explicaré (o no) que quizás preferiremos los coches autónomos voladores para algunas cosas, aka drones:

Sobretodo en los territorios con movilidad interislas.

Después de leer este post quizás crees que algo del vehículo de Airbus no tiene en cuenta las innovaciones lógicas del próximo pliegue de Moore.