EN BUSCA DE UN LUGAR SECRETO

Antes de dar con el iluminado y acogedor cuarto en donde hoy paso mi tiempo con Dios, hice un recorrido de aventura por toda la casa, me sentía como Han Solo en Star Wars, de un extremo a otro, buscando mi tesoro : comencé en el baño porque se supone que no hay sitio más privado que ese, pero mis hijos advirtieron mi ausencia , me hallaron rápidamente y tuve que lanzarme a explorar otros territorios. Fui entonces a la cocina. El lugar era prometedor: la luz del sol entrando desde el techo, el viento moviendo coquetamente la puerta y una sensación de calma que poco a poco se vio interrumpida por la visita de los comensales que lógico, necesitaban desayunar o simplemente picar algo antes de salir y no sabían si despedirse o no de mí , lo que los obligaba siempre a preguntar : ¿qué estás haciendo? Trato de orar , les decía . La situación me gritaba que ese no era ni podía ser mi rinconcito secreto.

Me movilicé hasta la sala y con más espacio , me sentí como en una playa de esas que aunque les cae el sol, tienen agua fría y la gente usa un traje térmico como vestido de baño, ¡qué horror! Demasiado grande para mi gusto y demasiado abierto para pensar. Los que me conocen saben que Dios me hace dictados, que Él me dice qué hacer en mi trabajo y a mí me gusta anotarlo. Allí sentía que las ideas se me escapaban y terminaba pensando en el polvo que se había acumulado debajo del florero. Pero había esperanza, me quedaba el estudio. Más de mi esposo que mío, el sitio estaba acondicionado para leer y escribir, así que empecé explorando a la mujer estudiosa y seria que hay en mí y hasta comencé a usar una biblia con acotaciones teológicas y por supuesto más grande, pero terminé por aburrirme y poner la música a todo volumen.

Lo que necesitaba era un lugar en donde poner mi sello personal, un espacio lleno de espontaneidad que llegara a ser agradable aun para Dios y donde pudiera llorar y reír. Encontré entonces un cuartito que usábamos para guardar cosas viejas y ahí empecé a tener mis citas con Jesús. Poco a poco lo fui decorando con pequeños detalles: cuadros, cajas llenas de materiales para hacer manualidades, entre otros tesoros que claro, solo me gustan a mí. Allí he pasado momentos inolvidables y a veces también mis hijos que sin entender se han quedado largos minutos disfrutando de la presencia de Dios. Te animo a separar un lugar secreto , no importa lo pequeño que este sea. Dale a Jesús una puerta que tocar:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” Apocalipsis 3:20

Quiero dejarte un regalo para que puedas empezar a decorar tu Lugar Secreto, descárgalo aquí.