Más allá del logo

Podemos afirmar que el ecosistema local de las ideas está en un verdadero auge. En los últimos años, el incremento de startups locales se ve alimentado por nuevos medios y esquemas de trabajo.

Instalar hoy una idea que haga cara a la innovación genera una compleja trama de decisiones, que pasan desde la planificación financiera, hasta la estrategia de comunicación del producto y servicio.

En esta vorágine de eventos, a menudo queda diluido uno de los aspectos más importantes de la gestación del proyecto: la constitución de la marca.

Crear lazos

El branding — como se lo conoce en inglés — va mucho más allá de la definición de la identidad visual del producto o servicio: Es la fuerza psicológica detrás del negocio, es el lazo entre el consumidor y el producto, es la experiencia.

De ahí la importancia de reposicionarlo en el orden de prioridades. Una estrategia de marca sólida asegura que los valores y las metas se encuentren alineados para todo el equipo y que a su vez, esto identifique y diferencie a la propuesta.

Pero más allá del ideal, el emprendedor se encuentra en un contexto desafiante y riesgoso, que lo empuja a salir al mercado optimizando al máximo sus recursos disponibles. Estas particulares condiciones impulsan la creación de nuevos esquemas para construir la experiencia de marca.

Una base sólida

El enfoque del Mínimo Producto Viable (MVP por sus siglas en inglés) propuesto por Eric Ries en su libro The Lean Startup, examina de qué manera el producto puede ser probado antes de salir al mercado, utilizando la cantidad mínima de recursos.

Tomando como base esta herramienta, se propone un nuevo enfoque para construir la marca. Uno que permita aglutinar las claves de la estructura organizacional y los elementos que harán que el producto se destaque. Esto se conoce como la Marca Mínima Viable.

La MMV está comprendida por los seis “Que”:

1. Que representamos — Los fundamentos de la marca
2. Que creemos — Los valores que nos identifican
3. Que clase de gente buscamos — Nuestros consumidores finales
4. Que nos identifica — Aquello que nos hace diferentes en el mercado
5. Que ofrecemos — En qué consiste la experiencia que ofrecemos al consumidor
6. Que mostramos y decimos — Nuestra identidad visual y nuestro tono

Lo que nos permite este esquema por sobre todo es fundamentar los principios de la marca teniendo en cuenta tres aspectos: el del contexto del mercado, el de la audiencia y el de la organización interna.

Poder determinar en qué contexto desarrollaremos nuestro producto permitirá definir la manera en la que nos acercaremos al público. Del mismo modo, esto nos llevará a explorar cómo otras marcas desarrollan proyectos de características similares.

La otra gran ventaja es que nos permite tener un foco sobre el grupo al cual será dirigido el producto. Mientras más definido sea este campo, más sencillo será ajustar la propuesta a las características de las necesidades de este grupo, lo que se traduce en una conexión auténtica con el público y finalmente, en el posicionamiento de la marca.

Pero lo más importante es que este esquema está basado en la fibra emocional. En un plano en donde lo que se ofrece comúnmente son funciones específicas del producto, o ventajas en un servicio, la emoción hace la diferencia. Buscar estas conexiones emotivas a través de determinados valores, aportan un valor único a la marca. Un gran ejemplo de este tipo de enfoque es el de Apple.

Pensar una marca va más allá de una sesión de brainstorming; es un profundo proceso de reflexión que se ajusta y se adapta según los nuevos desafíos del negocio. Ejercitarse sobre esquemas como la de la MMV, nos aportan definir desde un primer momento, los fundamentos del proyecto, sin perder estructura ni flexibilidad.

Este post es una colaboración de Diana Martinez de Deestinto para el Blog Koga. Conocé mas acerca de Deestinto en su web o facebook

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