El poder de la lengua

Esta semana estaba leyendo Santiago, un libro de la Biblia que personalmente me encanta. En un capitulo habla acerca del poder que hay en nuestra lengua. Recordando que muchas veces en mi vida a causa de malas decisiones al hablar, he dicho cosas que no son correctas; he dañado a personas a causa de mi mala forma de expresarme y también he recibido palabras que han marcado mi vida; sin embargo, porque les quería hablar acerca de esto,les cuento también que yo tengo un complejo y es que no puedo pronunciar la letra “R” (aunque ahora ya casi no le tomo importancia).

Muchas veces las personas me escuchan y lo ven normal, sin embargo otras se han burlado y han dicho cosas que no que me han marcado, he vivido con este complejo de no poder pronunciar bien ciertas palabras y aunque he hecho ejercicios y ya no hablo como antes, siempre ha sido una parte complicada en mi. (Gracias a Dios he aprendido poco a poco a gustarme en mi forma de hablar).

Muchas veces me creí cosas que me decían (no buenas) y eso no edificaba mi vida, así mismo escuché a otras personas usar su lengua correctamente conmigo, y eso, por el contrario, ha impactado positivamente en mí y me ha ayudado demasiado. A lo que voy es que nuestra lengua puede servir para dos cosas: Dañar a una persona o edificarla; para hablar cosas positivas o solo hablar puras tonterías. Nuestra lengua puede ser útil para bendecir o maldecir, por eso es necesario que pensemos bien lo que vamos a decir antes de hablar.

Es necesario poner en práctica el dominio propio en cuanto a expresarnos para no hacerlo mal sino sabiamente. Muchas personas viven con resentimientos o enojos a causa de palabras mal dichas provenientes de otras personas; y no vayamos lejos, tú o yo quizá hemos sido parte de los que nos han dicho palabras que lastiman y que incluso han dejado una huella. O quizá al contrario, nosotros hemos dicho palabras dañinas y hemos lastimado a otros. Por eso es necesario aprender a perdonar y no enfocarnos en lo que nos dijeron, no creernos esas palabras, sino seguir y no responder a lo que alguna vez se nos dijo.

Tenemos que actuar sabiamente usando nuestra lengua para desear siempre el bien de los demás. No es fácil, no es fácil controlar nuestras emociones que muchas veces controlan cómo nos expresamos, pero sí creo que lo podemos lograr si lo practicamos constantemente. Que nuestras palabras para nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, compañeros de colegio/escuela, y de nuestros superiores, sean palabras bien pensadas para que edifiquen y sean de bien para los demás.

Si tú no recibes lo mismo, no hagas lo mismo, aunque cueste, trata de marcar la diferencia usando bien tus palabras. Nuestras palabras pueden DESTRUIR a una persona o EDIFICAR, expresémonos bien y no desperdiciemos el tiempo con palabras mal dichas. Deja una huella pero hablando correctamente. Háblate bien a ti mismo y háblales bien a los demás.

Santiago 3:9–10: “Con nuestra lengua podemos bendecir o maldecir. Con ella alabamos a nuestro Dios y Padre, y también insultamos a nuestros semejantes, que Dios hizo parecidos a él mismo. Hermanos, ¡esto no debe ser así!”