¿Pequeño = débil?

Físicamente soy una persona pequeña; mido a lo mucho 1.50 m y aparento tener menos de la edad que de verdad tengo. Por estas cosas muchos me ven como alguien débil, piensan que no sé cómo defenderme y les confesaré que antes yo también me creía esa mentira; yo también me sentía débil, y en situaciones en las cuales me hacían sentir mal, nunca sabía cómo responder y dejaba que las personas pasaran encima de mí. Lastimosamente en nuestra sociedad ser pequeño es sinónimo de debilidad, pero creo que eso es un concepto totalmente erróneo, cada quien tiene el poder de decidir si quiere ser fuerte o débil.
Cuando hablo de fortaleza y debilidad no me refiero físicamente, si no más que todo a nuestro carácter; a cómo reaccionamos ante las diferentes situaciones que la vida nos pone. A mis 19 años de edad he pasado por todas las situaciones comunes que los adolescentes pasamos; separación de amigos, traiciones departe de personas que decían ser amigos, chismes, peleas con mis papás, entre muchas cosas más. En medio de estas cosas que me hacían sentir mal yo siempre me quedaba callada y nunca decía lo que me molestaba porque pensaba que eso era lo mejor, no exteriorizar lo que sentía, y eso daba la pauta a que las personas que me hacían daño no pararan de hacerlo, porque como no decía nada entonces ellos pensaban que no me importaba, cuando la verdad yo estaba súper mal por dentro.
A mí no me gustaba decirlo porque siempre he sido alguien a quien no le gusta pelear, porque sé que está mal, pero yo estaba confundiendo eso con defenderme, no es lo mismo seguir la pelea a ponerle un paro. No es necesario usar palabras hirientes o un tono agresivo para que la otra persona sepa que no te sientes bien con lo que te está haciendo o diciendo; puedes hacérselo saber en un tono educado y con clase. Por mucho tiempo deje que me lastimaran, porque me había creído la idea que los demás tenían de mí: que era débil. Lo que la gente habla y piensa de uno, aunque lo neguemos, influye mucho en lo que nosotros mismo pensamos de nosotros; es por eso que tenemos que estar seguros de quienes somos: Somos hijos de Dios y por lo tanto somos fuertes y valientes. La gente no te dice quién eres, tú es quien les dices a ellos.
El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes — Deutoronomio 31:8

