Libros: Vacío perfecto (Stanisław Lem)

Stanisław Lem

Stanisław Lem (1921–2006) fue un autor polaco reconocido por sus trabajos de ciencia ficción, filosofía (especulativa y relacionada a nuevas tecnologías) y sobre el futuro más fantástico posible. Entre sus obras figura Solaris (1961), novela que ha sido adaptada al cine en 1968, 1972 y 2002 (la más reciente con George Clooney y producción de James Cameron). Lem figuró entre los pocos autores de habla no inglesa en destacar en el campo de la ciencia ficción, al punto de ser miembro honorario de la SFWA (Asociación de Autores de Ciencia Ficción y Fantasía de EE.UU.), pero perdió la distinción por su opinión de la ciencia ficción estadounidense, a la que consideraba en su mayoría pobremente planeada, mal escrita y más interesada en ganancias que en ideas nuevas; no obstante, tenía en alta estima el trabajo de Phlip K. Dick.

Vacío perfecto.

A Vacío perfecto (Doskonała próżnia, 1971; que se pronuncia algo así como doskonowa prush-ña), no lo podemos considerar una colección de cuentos pero sí de ficciones, donde cada capítulo es una reseña de un libro existente solo en la cabeza del autor (al menos hasta su publicación, cuando alcanzó a lectores de todo el mundo).


En 15 capítulos (13 reseñas, un discurso y el recuento de un suceso), Vacío Perfecto nos lleva por una variedad de temas y sorpresas:

Les Robinsonades (Las Robinsonadas), de Marcel Coscat. Versión de Robinson Crusoe de Defoe pero con un protagonista que a diferencia del de Defoe, no tiene lugar para un dios, pero acaba convirtiéndose en la fuerza creadora dentro de la «sociedad» que habita la isla.

Gigamesh, de Patrick Hannahan. Mi primera impresión fue que sería algo que mezclara la epopeya de Gilgamesh con elementos informáticos (gigabyte…) pero obviemos eso. Este capítulo es un concienzudo análisis de un libro de más de 1200 páginas (847 de la introducción y 396 de historia en sí) que apenas narra los últimos 36 minutos en la vida del militar y asesino a sueldo G. I. J. Maesch («Goverment Issue Joe», apodo para soldados), en su camino al patíbulo tras un juicio militar. Nos enteramos luego de que así como Gilgamesh fue materia prima para el Ulises de la Odisea, el Ulises de Joyce lo es para Gigamesh (si se antoja confuso es porque lo es). Conforme avanza, la reseña no escatima en explicaciones de los detalles y rincones (de a a entender que el libro ficticio es imposible de escribir) que hacen a Gigamesh tan excepcional como el Ulises de Joyce. Como en Les Robinsonades, Lem espera al último momento para lanzarnos su punto.

Sexplosion, de Simón Merril. Un libro que nos cuenta el futuro de un mundo cansado años después de la época en la que el sexo realmente se convirtió en el producto principal de una industria. Ahora… ahora otras cosas son las pornográficas.

Gruppenführer Louis XVI (Líder de grupo: Luis XVI), de Alfred Zellermann. Años después de la gran guerra, Bertrand recibe noticia de la herencia de un tío (un antiguo colaborador del gobierno Nazi) y de que al parecer, este tío sigue con vida. Para encontrar a su tío y reclamar su lugar, Bertrand viaja a una zona remota de Argentina moviéndose en el espacio (y el tiempo) hasta un palacio ficticio, de una corte ficticia, de un reinó ficticio; donde es imprescindible cuidar las maneras, los modales y hasta las palabras, ya que todo afecta la realidad del «juego».

Rien du tout, ou la conséquence (Nada de todo, o la consecuencia), de Solange Marriot. Más orientado en la parte técnica que en la trama, esta reseña nos habla de la historia que no es contada en un libro escrito enteramente con negativos y que avanza, partiendo de sugerirnos un momento y un lugar (no lo dice, lo sugiere), hasta sencillamente dejar de existir.

Perycalypsis, de Joachim Fersengeld. Consternado por la cantidad de cultura y productos «basura», Fersengeld teme que no nos fijemos en las joyas de nuestra época si es que son producto de autores aislados, así que advierte de un apocalipsis que ya empezó (un «preycalypsis»), convirtiéndose no en un profeta, sino un «retrofeta». No obstante, no hay que temer: el autor nos da la receta para la salvación, aunque dicha salvación tenga la semilla la autodestrucción. Me pregunto si este capítulo puede funcionar como precuela espiritual de Sexplosion.

Idiota, de Gian Cario Spallanzani. Con referencia al Idiota de Dostoyevski, en el Idiota de Spallanzani tenemos a una familia de tres donde el padre es viejo, la madre joven y el hijo un idiota, todo en una cruel historia que va mucho más allá de la fe o el ateísmo.

Do yourself a book. Llegamos al único capítulo que no es reseña un libro o es un texto, sino que nos cuenta episodio del pasado. El lanzamiento de un artilugio que permite crear tu propia versión de un libro clásico propicia una batalla de los más entendidos amantes de la literatura contra dicho producto, la empresa que los produce y todos los demás (aunque a muchos esta cruzada los tiene sin cuidado).

Odis de Ítaca, de Kuno Mlatje. Uno de mis favoritos personales. La humanidad se pudo perder varios genios, pero no por ello retrasó su progreso, y es que colectivamente, la humanidad avanzó en el sentido que marcan los genios que llegamos a conocer, y a su vez, estos fueron reconocidos porque encajan en el camino que la humanidad tomó. Sabiendo esto, Odis se embarca en una cruzada que se antoja simpática y pintoresca para rescatar algo que él mismo no sabe qué es, dónde está o siquiera existe; materia prima para una gran historia. Da la impresión de que tiene latente la preocupación de Perycalypsis.

Toi (Tú), de Raymond Seurat. El escritor está condenado a servir al lector como el mesero lo está al comensal, pero Seurat quiere dar inicio a una rebelión -no del todo bien lograda- contra este orden de las cosas.

Being Inc., de Alistar Waynewright. Con tal de poder convertir el destino en un servicio a la venta, una máquina tuvo que adquirir la omnisciencia de Dios (y como sabemos, es imposible escapar de ese concepto).

A partir de aquí dejamos las novelas por textos más técnicos.

Die Kultur als Fehler (La cultura como un error), de Wilhelm Klopper. ¿De qué le sirve una muleta a alguien que ha recuperado su habilidad de caminar? De la misma forma Klopper propone el tema: ¿de qué sirven la filosofía y la cultura en una época donde la humanidad se perfila a alcanzar por medio de la ciencia aquello aquellos que apenas podía soñar?

De Impossibilitate Vitae / De Impossibilitate Prognoscendi (La imposibilidad de la vida / La imposibilidad de la probabilística), de Cezar «Benedykt» Kouska. Obra de dos tomos sobre lo agobiante de las probabilidades y su validez con respecto a la física, todo ejemplificado con la interesante biografía del -casi a punto de no existir- profesor Kouska.

Non Serviam (No serviré), de Arthur Dobb. Conclusiones sobre un experimento de «la más cruel de las ciencias»: la nueva disciplina de la personética, o el estudio de cómo evolucionan e interactúan los «personoides», que son un conjunto de funciones intelectivas estrechamente integradas; o lo que es lo mismo: personalidades artificiales generadas en programas de computadoras especiales. En el libro, Dobb expone uno de los resultados mas llamativo de su experimento de ocho años: personoides debatiendo sobre la naturaleza del creador. En definitiva, otro de mis favoritos.

La Nueva cosmogonía, de Alfredo Testa. El último de los capítulos no es una reseña sino un discurso, el discurso con el que el profesor Testa recibe el premio Nobel de parte de la academia sueca. ¿Su mérito? Revolucionar la física al resolver la paradoja de Fermi y descubrir a la humanidad la mecánica del «gran juego».


Just keep the game going!

El título refiere a algo no solo inexistente, sino de entrada imposible.

Y es que apropósito de la imposibilidad y lo real, con algunos episodios (Gruppenfüher, Impossibilitate Vitae, Being Inc., La nueva Cosmogonia) uno incluso se puede preguntar si el tema principal es lo irreal o sencillamente un juego, es decir, una simulación a cuyas reglas nos atenemos para poder mantenerla y partir de ahí crear algo (Gruppenfüher, Non Serviam).

De hecho, el libro entero podría considerarse un juego, yendo de la parodia (Robinsonades, Gigamesh, Rien de tout, Toi, Do yourself a book, Perycalypsis), a esbozos de ideas que uno puede fantasear que harían una gran historia (Gruppenfüger, Idiota, Odis), incluso el libro sigue el juego al punto de tener una reseña extra al inicio: la del mismo Vacío perfecto. Tampoco debe ser gratuito que la despedida sea con La nueva cosmogonía, envolviendo a todo el universo.

Otro aspecto es que no nos cuenta historias, sino que nos habla de ellas y, de forma más interesante, de lo que podrían ser, dando una libertad tremenda a la creatividad. Tan solo basta imaginar: ¿cuántas veces has tenido una idea interesante, pero sencillamente no la aterrizas en su totalidad, no la desarrollas o de plano, no es viable? Reduce esas ideas interesantes a las que sean historias interesantes, y, muy en base, ahí lo tienes.

En una nota al margen podemos mencionar la sátira de las preocupaciones por la cultura e industria de masas (Perycalypsis, Being Inc., Sexplosion, Do yourself a book), las ideas que buscan retar a la realidad (Odis de Ítaca, Non serviam, la Nueva Cosmogonía) y otras ideas latentes que pasan de una capitulo a otro (los excesos de Sexplosion y Perycalypsis, o las preocupaciones de qué perdimos o desaprovechamos en Perycalypsis y Odis de Ítaca).


Ahora, algunas partes que me gustaría compartir.

A propósito de una de las sátiras…

¿Qué se puede hacer, pues, todavía? Ninguna otra cosa, salvo el flirteo con la nada. Porque quien tiene nada como objeto de sus mentiras (y, como sabemos, el escritor tiene que mentir), deja indudablemente de ser un mentiroso.

Que llevan a ser honrado:

En el caso de la literatura, ser honesto equivale a no mentir y no mentir equivale a no existir. Sólo sobre este tema se puede escribir todavía un libro honrado.

Las profetas de la esterilidad (nada nuevo bajo el sol), funcionalmente, son tías solteronas:

Yo temía que a los jóvenes se les iba a contagiar el criptonihilismo de los expertos en la materia, que proclaman incansables que toda la literatura ya ha sido escrita […]. Esos profetas de la esterilidad inventiva (¡nada nuevo bajo el sol!) pregonan sus teorías no con resignación, sino con una especie de satisfacción morbosa, como si la visión de los siglos vacíos y yermos, ansiosos de la reaparición del Arte, los colmara de complacencia. Si lo hacen así, es porque reprochan al mundo actual su auge técnico, cuyas consecuencias catastróficas esperan con una alegría procaz, igual que las viejas tías solteronas esperan el fracaso de un matrimonio contraído «a la ligera» por amor.

Llevando la tecnología a los límites…

Hemos logrado — dice Dobb — modelar no solamente la vida psíquica, sino también los peligros que la amenazan y su exterminio. Por consiguiente, hemos logrado modelar la muerte.

y entendiendo las reglas del «juego».

El físico se comportaba hasta ahora como un hombre que observa las jugadas sobre un tablero de ajedrez, conociendo los movimientos de cada pieza, pero sin darse cuenta de que tenían una finalidad determinada.