Alma Mater

Como hornos para que ardan entrañables
Esos años inflamables
La llamaron universidad.
Israel Rojas
Otra vez septiembre marca el inicio del viaje, el nacimiento de un ciclo diferenciado e impredecible. Como Jano –el dios de las dos caras-, ojea nuestro pasado y contempla al incierto porvenir que nos espera, con la prepotencia de ser llave y cerradura al mismo tiempo, de señalar el antes y el después, de definir las despedidas y los rencuentros.
Septiembre asiste al mismo alumbramiento cada año. Ya lo sabe de memoria. El grito de dolor de la Madre Nutricia rasga las nubes de Santa Clara y extiende su tono lastimero por los vericuetos del centro de Cuba. La isla entera se estremece y nace un millar de hijos que se alimentarán de ideas y saberes.
Desde su trono de piedra y bronce, doña Marta Abreu contempla expectante a los muchachos que, ávidos de creer y fundar, apuntalarán desde aulas y pasillos el futuro de un país. Mella y Manzanita en La Habana, Santiago con todos sus inmolados aún sangrantes, El Mayor desde Camagüey y una interminable lista de nobles espíritus repetirán la escena en cada rincón del país.
La Universidad, Marta Abreu y este mes que comienza son los pilares de un nuevo curso escolar donde los estudiantes universitarios volveremos a rescribir la realidad de toda una isla.
Esperemos que nunca se apaguen las noches sin sueño en el Parque de las Mentiras, las batallas contra molinos de viento y las tantas e interminables discusiones donde siempre el mundo termina siendo arreglado. Y si tiene razón Buena Fe, roguemos a nuestra Alma Mater que nos proteja con sus brazos de diosa criolla a los que estamos, a los que ya se fueron y a los que algún día llegarán.
Originally published at brujulasur.cubava.cu on September 4, 2018.

