El extraño caso del Día Mundial sin WiFi

Imagen: www.notigape.com

La primera vez que escuché hablar del Día Mundial sin WiFi supuse que se trataba de un motivo para traer de vuelta al planeta a los terrícolas perdidos por las galaxias de la web y recordarles el primitivo placer del contacto cara a cara; aunque algunos no pudiesen resistir la tentación y para no menoscabar la fecha acabaran abrazados a los cables de red.

Pero cuando lo tecleé en la barra de búsqueda de Google encontré la misma información, sin muchos argumentos de la que se hacían eco decenas de plataformas, entre ellas, algunas como las agencias EFE y Europa Press.

Según estos sitios «La Federación Ambientalista Internacional (FAI) declaró al 8 de noviembre como Día Mundial sin WiFi, para hacer visible el riesgo al que están expuestas millones de personas que se conectan a Internet mediante el uso del sistema inalámbrico».

Aquello de los «riesgos» (que incluían el cáncer)­ por las radiaciones de la WiFi me pareció difícil de creer con los millones de personas que se exponen a esas radiaciones todos los días sin grandes consecuencias negativas.

Esperaba encontrar la opinión de varios científicos que demostraran los daños con verdaderos estudios. Pero las afirmaciones solo aparecían en voz del geobiólogo Juan Carles López Sancho, director del FAI en España.

«Los 280 millones de redes WiFi que hay en el mundo son una contaminación silenciosa y un tóxico ambiental avalado por 139 estudios. No queremos ir a vivir a las cuevas, sino ir a opciones inocuas, porque la mayoría desconoce la toxicidad del WiFi y lo percibe como una tecnología más limpia al no tener cables, pero esta radiación recibida de manera directa y constante en las manos y la cabeza representa un riesgo que impacta en el sistema nervioso central. El WiFi emite mucha más radiación que una antena de telefonía móvil o que antenas repetidoras y, por ser pulsada, esta radiación es más virulenta que otras, como se explica en más de 60 estudios.

«Buscamos promover campañas de prevención, ajuste y capacitación, especialmente en Latinoamérica, región en la que el sistema wifi se ha extendido en los dos últimos años y que avanza descontroladamente cuando en otros países más desarrollados ya está considerado como un tóxico ambiental».

Imagen: www.scoop.it

Entre la vorágine de repeticiones sobre la supuesta toxicidad de la WiFi tropecé con el blog Magnonia, del historiador y periodista de El Correo de Bilbao, Luis Alfonso Gámez, quien se dedica a desentrañar argucias que llevan implícitas algún perjudicado.

En su escrito El 8 de noviembre, Día Mundial sin Wifi y del Periodismo Gilipollas esclarece el misterio:

«Los Días mundiales o internacionales son instaurados por la ONU, como sugerencia, en ciertas ocasiones de organizaciones internacionales de prestigio, lo cual no corresponde al perfil de la FAI y en la web de la ONU el 8 de noviembre no figura como día internacional de nada».

Juan Carles López Sancho refiere a la prensa la existencia de cientos de estudios que avalan sus afirmaciones, aunque otros tantos rezan con sólidos basamentos todo lo contrario, como el realizado por Olivia Pedreño Fraile en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Valladolid y otros registrados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y por el Gobierno de Canadá, por mencionar algunos.

«No hay pruebas concluyentes de los daños causados por la exposición [a campos eléctricos y magnéticos] en los niveles encontrados en los hogares canadienses y escuelas, incluidas las situadas en las afueras de los límites de los corredores de línea de energía».
Departamento de Salud de Canadá

Tampoco existen estudios que demuestran otras teorías de López Sancho como la hipersensibilidad electromagnética, que haría a unas personas más vulnerables que otras a dichas radiaciones. Todo parece ser parte de un negocio, centrados según sus propias palabras, en Hispanoamérica, y cuyos beneficiados son aquellos que deciden jugar con los miedos de las personas, tan sensibles en temas de salud.

Por otro lado, el director de la FAI no es una fuente confiable en cuanto a ondas electromagnéticas, pues es un geobiólogo y la Geobiología es un apelativo con el que la Radiestesia -pseudociencia cuyos adeptos afirman poder encontrar agua y minerales con una varilla suspendida- pretende hacerse pasar por ciencia, pero en realidad nada tiene que ver con el tema.

La Federación Ambientalista Internacional (FAI) es una ONG fundada en 2011 en Venezuela. Imagen: www.magonia.com

Los países que consideran dañina la WiFi aún no figuran en ninguna lista, pero López sí aparece como uno de los tecnófobos que, por intereses muy lejanos a la preocupación por la salud de las personas, pretende negar el desarrollo, por lo que impulsa proyectos como el de Escuelas sin WiFi y se hace vocero de teorías absurdas.

Esta suerte de hipnotizador ha conquistado la mente de miles de personas, incluidas las de los periodistas que se hicieron sus portavoces. Como él hay millones; para derribarlos solo nos resta saber pensar.