¿Buen Gasto o Malgasto?

Evaluando el gasto público — Del 22 al 28 de mayo


Autor: Eduardo Sierra (@lalosierra_)

Editor: José Luis Chicoma (@JoseLuisChicoma)


2.7%: El comienzo del fin

Las cuentas alegres que manejaba la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se han enfrentado a la cruda realidad.

Ajustar el crecimiento a 2.7% es similar a cuando blofeas en una mano de póquer y te descubren: es el comienzo del fin de tus cartuchos para mantenerte en el juego.

Después de haber crecido un punto porcentual en el 2013, la tasa promedio para los dos primeros años de esta administración será menor a 2 por ciento. Inferior al promedio de los últimos 32 años. Es imposible que el mentado Mexican Moment se lleve a cabo cuando las políticas fiscales del gobierno atentan contra los contribuyentes que más generan productividad, riqueza y empleo en el país, es decir, los contribuyentes formales al gravar con mayores porcentajes impositivos el ingreso sobre la renta, y cuando el resto de la población tiene bajas expectativas y deja de confiar en alguien que promete un mejor futuro y sólo demuestra fracasos cuando los plazos acordados lo alcanzan.

Al parecer la estrategia del gobierno es: no sabemos a ciencia cierta los efectos de nuestras políticas, pero hay que decir que nos irá de maravilla, la gente lo crea y sea una profecía que se auto-cumpla. Podrá sonar lo anterior exagerado, pero ¿hay evidencia que lo contradiga?


Más impuestos y menos gasto público para la inversión

Uno de los principales objetivos de los encargados de administrar las arcas del Estado es mantener un sistema fiscal simple.

SAT. Fuente: David Romero Vara

Sin embargo, fallan doblemente en su propósito: a la hora de cobrar, gravan el ingreso de las personas físicas y morales, cosa mucho más complicada que gravar el consumo de toda la población en general, y a la hora de gastar, sólo buscan hacerlo de manera directa, dejándole a la burocracia toda la responsabilidad para administrar, asignar y revisar lo miles de millones de pesos que el gobierno regresa a la sociedad gracias a los impuestos y otras fuentes de ingresos. Lo anterior trae dos complicaciones principales:

1-. El hecho de gravar el ingreso y no el gasto, no sólo trae costos operativos, sino también incide de manera negativa en la competitividad y la productividad del país, ya que reduce directamente el poder adquisitivo de los contribuyentes formales.

2-. Dado que tenemos un Estado débil y cooptado por la corrupción, el desfase intrínseco que implica traducir el gasto gubernamental en una mejor condición de vida para los individuos y sus hogares, se ve potenciado por la falta de transparencia y la desviación de recursos dirigidos a los sectores estratégicos.

Con la eliminación de más del 70% de los gastos fiscales, entre ellos la Deducción Inmediata de Activos Fijos como se puede ver en nuestra más reciente publicación, las diversas alternativas que tenían los empresarios y otros actores económicos relevantes para deducir sus impuestos y así tener mayor capacidad para invertir, también han sido erradicadas. El sistema fiscal actual pone a merced del gobierno el futuro de los empresarios, ya que éstos ya no tendrán la libertad ni la capacidad para hacer más competitivo su estructura de costos y con ello el empleo y la productividad se verán afectados negativamente.


No lo toquen, anda chido

Para el Gobierno Federal, el precario desempeño económico por el que atraviesa nuestro país, no es una condición suficiente ni necesaria para modificar las cosas.

El titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray Caso, aseguró que su dependencia no realizará un ajuste al gasto público, ni a la meta de déficit público porque la recaudación se encuentra por arriba de lo estimado para este 2014, ya que es de esperarse que haya una relación entre los ingresos del gobierno y el crecimiento económico.

Lo que parece no entender el secretario es que correlación no implica causalidad. Esto quiere decir que si bien los ingresos del gobierno han aumentado, se debe a que la actual reforma fiscal está extrayendo significativamente la riqueza de los individuos, pero no porque sean más ricos o estén creciendo económicamente, sino porque a los contribuyentes cautivos se les está cargando aún más la mano. Es una completa contradicción reducir el pronóstico de crecimiento económico y a la vez hacer este tipo de declaraciones. Si siguen igual las cosas, Videgaray se dará cuenta que cada vez irá recaudando menos en términos relativos, ya que estar en el mercado formal nunca fue más costoso en la historia de nuestro país.


Mejor ya dejen a Paz en paz

Si Octavio Paz, en su vida de joven, hubiera vivido en el México democrático y plural en el que hoy vivimos, hubiera agregado otra categoría cuando escribía sobre esto, aquello y lo otro.

Fuente: Azteca

Si bien el escritor fue de alguna manera parte del régimen priísta en sus tiempos en el gobierno como embajador, su espíritu crítico fue agudo e inalcanzable. Si supiera que los doce senadores que acudieron a la conmemoración del centenario de su natalicio, en Madrid, España, recibieron por lo menos 385 mil 560 pesos en viáticos, para cubrir su alimentación, así como su estancia en hoteles; sin considerar el vuelo redondo, sin duda les recomendaría que leyeran algo más que el Laberinto de la Soledad (si es que alguno de los asistentes remotamente lo hojeó), les recomendaría que leyeran su ensayo Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, para que se dieran cuenta que al final de cuentas los humanos somos símbolos, señales y representaciones.

Que se dieran cuenta que con las acciones que emprenden, dan señales de opacidad, abuso de poder y opulencia, señales que sus electores valoran de manera negativa y más bajo la situación de estancamiento económico por la que atraviesa nuestro país. Les diría, déjenme en paz.


Eduardo es Investigador Junior y José Luis es Director de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

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