Cómo enfrentarse a la página en blanco

. Mastúrbate. Igual no sirve de mucho pero eso que te llevas.

. Ven a mi casa, limpia los baños, saca brillo a la plata y cocina un menú de tres platos para cinco personas que vienen mis amigas del Club del Dildo a cenar. No te engañes, si no sabes de qué escribir le sacarás más provecho al mocho.

. Empieza a escribir chorradas que se te vayan viniendo a la cabeza. Así empezó Ray Loriga y mira dónde ha llegado. Yo no sé dónde exactamente, pero en algún sitio andará.

. Coge el folio y amenaza con tirarle por el balcón. Si eres lo suficientemente convincente como para que el folio olvide que puede planear, tu historia se escribirá sola. La página 67 de La Regenta se escribió de esta manera y vaya si se nota.

. Volviendo al punto uno, amenaza con correrte sobre ella. Si con el grillo funcionó, no veo por qué en este caso no iba a hacerlo.

. Comienza escribiendo cosas sencillas. Por ejemplo: Si un plato es un plato, ¿siguen siendo los platos hondos sudamericanos?

. Colócate en el extremo opuesto de la habitación, coge aire, corre hacia el escritorio, salta sobre la silla, agarra un boli y grita mientras tu mano recorre la página de forma automática.

. Aguanta la respiración hasta que se te ocurra algo o mueras en el intento.

. No seas tan directo. Invítala a cenar, llévala a un restaurante caro, acompáñala después a pasear bajo la luz de la luna, cuando esté descuidada pasa tu brazo sobre su hombro y continúa hablando sobre el plan urbanístico de Marbella como si no hubiera pasado nada. Cuando os encontréis en un tramo en el que no haya gente, arrodíllate ante ella, saca el mejor anillo que tu sueldo te haya permitido comprar y pídele que se case contigo… A mí Martina me dijo que no. No le pillaba bien porque tenía que lavarse el pelo. ¡A la 1 de la mañana! Después de haber cenado ñoquis de foie con lo que llena eso, que no terminas la digestión hasta la mañana siguiente. Yo de verdad que no entiendo a las mujeres. Primero se tiran dos meses suspirando cuando pasan delante de la sección de novias del Primark, luego no paran de darte codazos cuando un amigo os comenta que se ha prometido con la chica del peaje de la A-30, la tuerta; en casa mientras cenáis, de repente os suelta: quiero más. Y no se refiere al puré de patata. Porque se lo preguntaba siempre. ¿Quieres más puré? Y ella me respondía lacónica: No. ¿Quieres más refresco de cola? No, ¿pan? No. ¿Guisantes? (y eso que no había pero por probar) No. ¿Entonces qué quieres? No sé… más. ¿Pero más qué¿ Y claro, todo el capítulo de CSI pensando, ¿qué querrá más? Al Horatio ese me hubiera gustado verlo, llorando hubiera terminado. Y a eso de las 5 de la mañana, se me encendió una luz: claro, más compromiso. Es lo que quieren todas las mujeres. Y voy, y me dice que no. Mira, me hago gayer.

. Usa la hoja para enjuagar tus lágrimas porque a ti también te darán calabazas. ¿O acaso te crees mejor que yo? ¿eh? ¿EH? ¿EEEHHHH?