La nueva televisión necesita saber qué hablar, a quién hablar y dónde hablar
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El hecho es que el Canal 13 ya no es el mismo. Con 57 años de actuación en la televisión abierta de Chile, las crisis de los últimos años han llevado al canal a repensar su modo de hacer televisión. Lo que antes funcionaba, con el advenimiento de las nuevas tecnologías y de una competencia acertada ya no es capaz de atraer audiencia y conseguir generar ingresos para la empresa. Hace poco más de un mes, asumió la presidencia del Canal 13 Alejandra Pérez. Graduada por la Universidad Católica, con formación también por otras importantes universidades nacionales, la periodista antes asumía el cargo de directora ejecutiva. Llegó al Canal 13 en 2010, cuando fue gerente de contenido de la emisora. El nuevo desafío? Tratar con las pérdidas de presupuesto de los últimos meses, hacer una revisión interna y acelerar la reducción de costos.

La crisis que está viviendo Canal 13 no tiene relación sólo con la competencia de los demás canales abiertos, tiene que ver también con la convergencia de los medios de comunicación. Para pensar más efectivamente en eso, basta con tener en cuenta el crecimiento de los servicios de streams por Internet. Año tras año, Netflix. Chrome Cast, PopCorn Time, Apple TV y YouTube ganan más usuarios. Con más de 50 millones de logins en el mundo, Netflix impacta en la forma en que la gente consume la televisión hoy. Influencia hasta en cómo el cine ofrece sus estrenos y está rompiendo el monopolio de los cines.
La nueva forma de relacionarse con los medios de comunicación y las nuevas costumbres de la sociedad viene acelerando los cambios. Antes, la televisión era la “dama”, pero hoy ya no es así. Con el ordenador, con el celular, con la tableta y otros gadgets que ocupan nuestro tiempo y nos bombardean de informaciones. Además, las redes sociales han tenido un papel importante en esta producción y reproducción de contenido. La conexión entre el espectador y el medio se da principalmente por una biblioteca con contenido relevante. Así, la pelea entre la televisión y la internet no está en el hecho de una ser o no más interesante que la otra, sino en cómo cada una de ellas ofrece algo que conquista el interés del individuo. Estamos insertos en un mundo de muchas pantallas.
La forma moderna de relacionarse cambió totalmente la manera que recibimos información. Llegó incluso a convertirse en creadores de noticias. Estoy seguro de que el lector ya ha recibido alguna noticia por whatsapp, Facebook o Instagram. Sólo después, usted puede ser visto la misma noticia siendo destacado en el telediario. Esto sucede todo el tiempo y es cada vez más constante.
La nueva dinámica social y la nueva relación con la información traza nuevos objetivos y nuevas formas de actuación de los medios tradicionales. Es importante que las empresas de comunicación logren lidiar con ello y se inserte para añadir en ese nuevo universo. Las empresas que ya reconocieron ese potencial ya cambiaron y salieron al frente. Hoy, más que interactiva, la programación de un canal de televisión debe ser participativa. Es necesario representar al espectador. Él necesita estar insertado y sentirse parte de esa realidad. De lo contrario, obtendrá esa empatía en otras pantallas.

El consumo de contenido bajo demanda creó un nuevo orden de las cosas. Más que la forma en que consumimos información, pero también lo que consumimos cambió nuestra relación con el contenido. Antes, era el telediario de la noche que nos actualizaba de los principales hechos del día. Hoy, Internet lo hace segundo a segundo. Tenemos en nuestra mano un instrumento poderoso ya creado por el hombre: el smartphone. Por él, podemos hacer todo, hasta conexiones. Nuestra dinámica de vida ha cambiado. La rutina es carrera y estamos siempre conectados. Los días pasan más rápido, somos testigos en los cambios y los acontecimientos. Y, más que eso, muchas veces somos productores y diseminadores de ese contenido.
La televisión abierta está pasando por un período de transición. Así como el periódico impreso y la radio, la TV está preocupada por ocupar otras pantallas. Ya no es necesario que estemos en busca de contenido para informarnos. Hoy, llega a nuestra mano, por el smartphone. Lo que vivimos es un período de reinvención.
Lo que sucedió con la emisora La Red es un ejemplo de la reinvención de la televisión tradicional. Además de la señal en directo transmitida vía Internet, la emisora se atrevió en temáticas, rostros e interacción con el público. Bajo la dirección de Javier Urrutia, el canal trajo de vuelta a su menú los noticieros enfocando en temáticas de identificación del público, hablando lo que la gente quiere oír, mostrando lo que la audiencia quiere ver. En una entrevista a la revista Qué Pasa, Urrutia declaró que el principal punto de cambio fue establecer un nicho a ser alcanzado. Al igual que las marcas de bienes de consumo, la emisora entendió que debería centrarse en su contenido para alcanzar un público específico y obtener resultados más concretos. La Red habla hoy con mujeres y con el segmento C3 y D. Esta delimitación de público fue observada por investigaciones, por estudios de audiencia.
El saber lo que se habla ya quién se habla es una de las premisas de cualquier tipo de comunicación. Para los medios de comunicación no es diferente. Saber exactamente a qué público se debe dirigir cierto discurso y, más que eso, entender las necesidades de información de ese público es esencial para la supervivencia de esas grandes empresas. Convergir contenido y cambiar según el mundo evoluciona es igualmente importante. La programación extendida es una de las nuevas posibilidades de intentar alcanzar más pantallas. El uso y la relación de las emisoras con las personas que están en las redes sociales también puede cambiar mucho la dinámica de la producción de contenido como vemos hoy. El incentivo al envío de imágenes y vídeos por parte de los usuarios comunes genera relación y empatía. Si el contenido es el Rey, la interactividad asume el papel de Reina del baile. El público ahora es colaborador y participa activamente opinando y enviando material audiovisual para ser distribuido. La retroalimentación en tiempo real es un termómetro constante del lenguaje estético y moral del contenido y su sobreexposición. Hoy, ya existen canales de televisión que ofrecen aplicaciones para ser descargados en el móvil para convertir al espectador común en una especie de periodista. Se baja la aplicación, proporciona contenido y luego ve aquel material replicado en los medios tradicionales. Hay una revolución también en la noticia: Profesionales dejan la bancada y van a la calle con sus smartphones y aplicaciones que permiten entrar en vivo y en color desde cualquier lugar. Está naciendo una TV más personal y despojada, menos preocupada por el estándar de calidad inflexible y repetitivo.
Los canales de televisión, ya sean abiertos o cerrados, sobrevivirán, en principio, a imitar la flexibilidad de los servicios de streaming. Es necesario ofrecer los programas en diversas “oportunidades de audiencia”, de una manera que huya a aquellos horarios enyesados (“no vio, perdió”) del modelo antiguo de televisión. Esta flexibilidad se extiende también a acuerdos entre los canales tradicionales y los servicios de streaming ya existentes, para que ellos ayuden a dar la supervivencia a su programación. Hay todavía los canales que están lanzando sus propios servicios independientes de streaming por ahí y así manteniendo relevantes y actualizados.
Entonces, esa es la receta? ¡Sí! Saber qué hablar, para quién hablar y dónde hablar. La televisión tiene espacio para crecer, sólo necesita entender ese espacio y entrar en otras pantallas de forma efectiva, enfocada y eficiente.
