Como dejar de ser presa de los bajones psicológicos y lograr más con menos esfuerzo

“A man holds his hands over his face in front of trees at sunset” by Francisco Moreno on Unsplash

Ya estás tan cerca que casi puedes palparlo.

Tu objetivo más preciado está aquí mismo, a un pelín de distancia.

Te imaginas como cambiaría tu existencia ni bien consigas ese GRAN logro.

Tu calidad de vida será totalmente diferente. Te sentirás más pleno.

Tendrás reconocimiento.

Tu pecho se inflará de orgullo por el esfuerzo, el resultado y por haber creído en ti mismo.

Pasarás frente a otras personas sin pronunciar palabra, pero diciéndote por dentro: “¿Lo vieron? Lo he logrado a pesar de todo”.

En otras palabras, serás completamente feliz.

Te emocionas con tan solo imaginarte ese sentimiento. Pero, de repente, un duro golpe de realidad cae sobre tu cabeza como si fuera un baldazo de agua helada en pleno invierno.

Resulta que:

· Estás demasiado lejos de ganar esa suma de dinero que salvaría te pellejo

· Tu Curriculum queda rechazado y te quedas sin ese puesto soñado

· La aguja de la balanza muestra que no has perdido ni un gramo de peso

· Tu relación soñada se desploma a pesar de tus esfuerzos

Te quedas paralizado. No sabes qué hacer.

Bienvenido a la realidad y a un profundo, oscuro y pegajoso pozo depresivo.

De aquí en adelante existen dos escenarios:

Escenario #1: El problema es el resto

En mi opinión, estar deprimido es básicamente sentirte lástima por ti mismo.

Otras definiciones como la de Wikipedia pueden incluir el sentimiento de abatimiento, infelicidad y culpabilidad.

En definitiva, no logras disfrutar de nada que te rodee. Además, experimentas una avalancha de sentimientos negativos.

En este primer escenario, tratas de llevar la responsabilidad de tu fracaso hacia razones externas que nunca pudiste haber prevenido.

Por ejemplo:

Un día estaba viajando en taxi y me quedé hablando con el chofer.

Me contó que era taxista hace ya más de 10 años, y que anteriormente era dueño de una tienda de ropa.

En sus propias palabras, le iba extremadamente bien.

Hace tan solo unos años ganaba mucho dinero, tenía una familia unida y andaba bien de salud.

Era un tipo exitoso en todos los sentidos.

Sin embargo, de un día para el otro la economía cambió y los pequeños negocios comenzaron a andar cada vez peor.

Su tienda no era la excepción.

Las ventas comenzaron a caer, las empresas chinas con sus marcas baratas invadieron el mercado y pronto tuvo que cerrar el negocio.

A partir de ese momento todo comenzó a andar de mal en peor: se convirtió en taxista, se separó de su exmujer, y su salud comenzó a empeorar.

¿Quién tenía la culpa de lo que le había pasado? — El presidente del momento, por supuesto.

El resto del viaje se convirtió en una auténtica réplica sobre lo mal que están las cosas para la gente de trabajo, y lo bien que iba todo antes de que asumiera ese idiota descerebrado que no entiende las necesidades de su pueblo ni cómo funciona la economía.

O sea: la culpa era del otro. Nunca fue de mi taxista.

Claramente mi chofer estaba en un pozo depresivo. Eligió el medio de escape más simple: culpar al resto de sus fracasos.

Escenario #2: El problema eres tú

No todas las personas asumen el rol de víctima cuando caen en un pozo depresivo.

De hecho, existe otro escenario aun peor que el anterior: el de pensar que eres un fracasado.

Personalmente esto me ha pasado varias veces en mi vida.

Arrancaba un proyecto con todas las ganas. Me levantaba temprano y trabajaba duro. Soñaba constantemente con resultados que nunca llegaban.

Cada vez que algo no me salía, me inspiraba en otras personas que ya lo habían logrado y volvía a la carga.

De repente, después de muchos intentos y una actitud de ganador irreprochable, comenzaba a notar que las cosas habían salido para el carajo.

Los resultados no se daban y los héroes en los que me había inspirado parecían cada vez más inalcanzables.

En definitiva, caía en un pozo depresivo diciéndome que era un inútil bueno para nada.

¿Cómo osaba yo, el miserable, compararme con personas que habían logrado cosas tan grandes?

Por su puesto que nunca podría alcanzar esas alturas.

No tenía lo que se necesitaba. Nunca podría haber logrado lo que otros, porque no tengo las cualidades que se necesitan.

Me encerraba en mí mismo y me decía cosas como:

“Soy un perdedor. Mi esfuerzo nunca valió la pena porque estaba destinado al fracaso.

¿Para que perder tiempo e inspirarme si no soy suficientemente bueno? Mejor me hubiera quedado allí donde estaba.

Soñar en grande no es para ti, Denis.”

En este escenario no culpas a otros, sino que asumes todo el peso de tus propios reproches.

Te conviertes en tu propio verdugo.

Las circunstancias no importan y te sientes una porquería. Te olvidas de tus logros y te concentras en tu dolor.

Todo deja de tener sentido y terminas alejándote de tus amigos y familiares. Te encierras en ti mismo y quieres abandonarlo todo.

Este estado es extremadamente peligroso, porque pierdes el control sobre ti mismo, pensando que nunca podrás lograr nada.

La pregunta que te debes hacer ahora seguramente es, ¿cómo salir de esto?

Volviendo a asumir el control

Las cosas claras: el resto no tiene toda la culpa de tus fracasos.

Tampoco eres un inútil.

Puede que ambas cosas te suenen como lógicas, pero cuesta trabajo asumirlas. La única razón por que sucede eso, es porque tienes miedo de volver a estar en control.

Verás, no está mal soñar en grande, pero lo que sí está mal, es depositar tu felicidad en el éxito del proyecto.

La razón es simple:

Al decir que cuando se cumplan tus objetivos serás feliz, estás condicionándote, justamente, a NO ser feliz hoy.

Y si no eres feliz hoy, tendrás miedo de volver a intentarlo porque los fracasos duelen.

Según la Wikipedia, “el miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.”

Fíjate en este detalle: se trata de la percepción del peligro, no del peligro en sí.

En otras palabras, el miedo quita la seguridad independientemente de si el problema es real o no. En consecuencia, un pozo depresivo es una manera de auto protegerte contra la pérdida de control.

Es como si te encerraras en una cueva durante una tormenta. Asumes que no puedes controlarla y te refugias en lo más lejano y oscuro.

El problema es que, una vez dentro de esa cueva, la tormenta parece ser cada vez más grande, y el miedo a salir fuera es aún más latente.

Además, resulta que no había lugar para tus amigos, familiares ni conocidos dentro de tu pequeño y oscuro refugio.

No hay nadie con quien puedas hablar, a menos de que decidas salir fuera, perdiendo en parte el control y siendo más vulnerable al contar tus problemas a otros.

¿Ya te das cuenta del patrón de las cosas?

Ejemplo real: mi propio pozo depresivo.

Hace algunos años me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era exactamente el lugar donde quería estar.

Me encontraba sumergido en el éxito de Márketing Online, pero a pesar de ser apasionado por el tema, sabía que quería comenzar mi propia empresa en otro nicho.

Así fue que terminé fundando Revolución Salud- un portal destinado a enseñar cómo cambiar tus hábitos, perder peso, mejorar tu estado físico y actualizar tus modelos mentales.

Para serte honesto, desde el principio no me concentraba al 100% en el sitio ni en los productos.

Pero cuando con el correr del tiempo me di cuenta de que realmente era mi pasión, comencé a ver las cosas de otra forma.

De repente, todos mis esfuerzos se concentraron en el nuevo proyecto, y con ellos, absolutamente todos mis planes y sueños.

Mis objetivos si que eran GRANDES. Había proyectado cientos de ventas, bullicio en las redes sociales, un éxito imparable, etc.

En otras palabras, la máquina estaba encendida al 100%, y depositaba mis sueños en el éxito del sitio.

Sin embargo, había olvidado lo que significa arrancar desde cero: en un momento el camino se me hizo muy cuesta arriba, así que tuve reevaluar mi posición.

Mientras hacía eso, me di cuenta de que estaba deprimido: no quería hablar del tema con amigos, me sentía mal respecto al lento ascenso de mis sueños, y la cumbre del éxito parecía cada vez más lejana.

Cómo salir del refugio psicológico

La razón por la que te cuento esto, es porque el fracaso es inevitable, independientemente de cuánto te esfuerces.

No me mal interpretes:

El hecho de que el fracaso sea inevitable, no quiere decir que no puedas alcanzar el éxito.

Todo lo contrario: mientras más frecuente y doloroso sea el fracaso, más ineludible es el éxito.

Si lo anterior te suena contradictorio, piénsalo de esta forma:

Supongamos que acabas de encerrarte en tu cueva llena de angustia y disolución.

Afuera- el peligro, la lluvia y discomfort emocional. Adentro- tu dolor por no haber logrado lo que querías.

No importa si habías emprendido un proyecto de negocios y las cosas te salieron mal, buscabas mejorar tu relación, o si querías perder peso, pero caíste víctima de la falsa promesa de una pastilla mágica.

Siempre tienes dos opciones:

Enciérrate en tu cueva, abraza el dolor y piensa en lo jodido que estás, o vuelve a salir a buscar nuevas oportunidades.

Deja de hablarle a tus amigos y concéntrate en tu bronca, o canaliza tu dolor y disolución para buscar nuevas oportunidades en planicies inexploradas.

En mi caso, el dolor de no estar logrando lo que quería, hizo que dude de mí mismo por un gran rato. Pero después, analicé lo que había logrado y no podía creer que había alcanzado alturas con las que ni siquiera hubiera soñado.

Por ejemplo, resulta que desde que había fundado mi proyecto, varias personas habían perdido peso gracias a mis consejos. Hasta grabé casos de éxito de mis seguidores.

En otras palabras, había logrado resultados y mi tribu digital estaba creciendo.

Con el tiempo creé varios recursos de referencia como mi Guía Definitiva de Pérdida de Peso, los cuales estaban por encima de todo lo que existía hasta el momento.

Lentamente me estaba convirtiendo en una persona de referencia en el nicho.

Sin embargo, no veía esos logros como tales, porque estaba cegado por la idea inicial de “todo o nada”.

Recuerda:

No está mal que sientas dolor. Lo que sí está mal, es que dejes de ver las cosas en perspectiva.

La perspectiva lo cambia todo

En mi vida he visto una infinidad de trucos de productividad.

Existen decenas de supuestas técnicas para salir de la depresión y alcanzar las metas. Pero lo que me doy cuenta cada vez más últimamente, es que no puedes evitar el fracaso.

Así como tampoco puedes cambiar un presidente, frenar la importación de productos chinos que invadirían el mercado y podrían arruinar tu tienda de ropa, o erradicar las falsas promesas de pérdida de peso instantánea.

Es decir, siempre habrá alguna circunstancia que te jugará en contra.

Justamente eso es genial, porque cada fracaso te hace más fuerte, siempre y cuando sepas identificarlo y ver las cosas en perspectiva.

Si estás pasando por un pozo depresivo, el verdadero inconveniente no son las dificultades que te han llevado hacia él.

El verdadero problema es tu perspectiva acerca del estado de las cosas.

Está muy mal que te hagas el héroe y te olvides de las circunstancias en las que naciste, tus conocimientos previos, la economía etc.

Si bien es cierto que a la larga tú eres el capitán de tu propio barco, te pueden tocar imprevistos y tormentas inesperadas.

Por ejemplo, que un vendedor te haya engañado con la promesa mágica de la pastillita milagrosa para quemar grasa, o al final tú no seas compatible con tu pareja.

Por otro lado, no puedes permitirte caer en la tentación de sentir lástima por ti mismo porque todos y cada uno parecen confabular en tu contra.

Ya sabes que ambos escenarios son mortíferos.

Todo depende de tu perspectiva, de cómo te tomes tus dificultades. Por ejemplo, mira lo que dice Rolf Dobelli, el escritor de “El arte de pensar claramente”:

“De entre las 10.000 noticias que haya leído o escuchado en los últimos doce meses, cite una que le haya ayudado a tomar una decisión más acertada con relación a su vida privada o profesional”

Todo parece jugar en tu contra, ¿cierto? Abre un diario y verás tantas malas noticias que nunca más querrás seguir comprándolo.

Esta es la razón por la que todo termina dependiendo de cómo mires las cosas:

Tu pozo depresivo es una consecuencia de tus inseguridades, nada más que eso. Tu perspectiva puede cambiarlo todo.

El mundo no está tan mal como crees.

Esto es un poco obvio, pero así todo, la gente se olvida constantemente de este hecho: hay dos maneras de ver un vaso con agua hasta la mitad: medio lleno o medio vacío.

¿Cuál es la tuya?