Cómo el método GTD me ha dado una segunda vida: mi incubadora de ideas

Recientemente tuve la oportunidad de acudir al curso presencial de José Miguel Bolívar y me metí de lleno en la “secta” GTD. La particularidad de esta noticia es que durante seis años renegué del método y de todos aquellos que veneraban a David Allen.

¿Listas? ¿Contextos? ¿Capturar? ¿Aclarar? Para qué iba a necesitar alguien tan ordenado, organizado y planificado como yo subirse a la tabla del GTD.

Ni siquiera la pasión de mi marido por el GTD era suficiente, más bien motivo de escarnio, de ahí la proeza de haber sucumbido a sus encantos. En especial, al encanto de una lista que llamo “incubadora de ideas” por no copiar a alguien que le llama “jardín de las ideas”.

Mi incubadora está conformada a su vez por seis listas, cada una de ellas tiene su propia temática. Y ha sido mi última cita con GTD la que me confirma que lo nuestro es amor verdadero.

Empecemos por el principio. Me dedico al Coaching, pero también estoy en pleno desarrollo de mi estrategia de negocio on-line. Pasados los 40 no quiero desentenderme de las nuevas tecnologías y poner todos los huevos en la misma cesta. Mi punto fuerte es la redacción de contenidos, y me gusta escribir de todo: desde artículos de opinión a coaching motivacional pasando por mi propia vida personal como expat desde hace 5 años y ese miedo al cambio que todo el que rompe con sus raíces siente alguna vez.

Mi problema durante el último año ha sido que he aumentado la frecuencia y los canales de publicación de contenidos para mejorar mi visibilidad a la par que sigo con mis estudios, mi trabajo y el engorro de ponerme al día con el e-mail marketing y demás historias.

Al borde del síndrome de la página en blanco -algo que jamás pensé que me pudiera suceder- llegó J.M. Bolívar y empezó a hablar de las famosas listas, de capturar, de aclarar, organizar y ejecutar.

Unas semanas de práctica más tarde, he visto el cielo. Capturo todas esas ideas que me vienen a la mente en los lugares más inoportunos. Así que me he acostumbrado a tener siempre a mano papel y lápiz o, en su defecto, las notas de voz del teléfono. Lo peor es cuando me viene la inspiración en ese duermevela donde la mente no consciente campa a sus anchas.

Aún así, cada mañana me dedico a aclarar todas esas palabras sin sentido escritas de cualquier manera y acaban tomando forma en su lugar, en la incubadora de ideas: ideas para los posts de coaching, ideas para los temas del cambio, ideas para escribir sobre PNL, ideas para mi grupo de Facebook, ideas para mi canal de PodCast ¡no se me escapa nada!

De pronto me encuentro no sólo con la mente liberada y sin tener que preocuparme sobre qué voy a escribir mañana. Mi incubadora contiene, con diferencia, las listas más largas de todo mi sistema. Pero lejos de agobiarme me motiva para sentarme a escribir hasta que me salen llagas en los dedos.

Pero lo mejor no es esto. Lo mejor llega con la sensación de haber convertido mi mente en una bobina de hilo que, a medida que tiras de él van saliendo nuevas ideas.

Jamás había pasado por un momento tan creativo. Creo que vaciar mi mente en mi disco duro externo que es el sistema GTD me ha dado una segunda vida. Y por supuesto, sentía la obligación de compartirlo contigo ¿te has sentido así alguna vez? “Be water my friend”