Correspondencia olvidada a inicios de Pandemia

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Emmanuel Prado
cartas a la cercanía

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Absorbed by Light” (Absorbidos por la Luz en Español). Escultura de Design Bridge y Gali May Lucas en Amsterdan.

Lo siento mucho, esta noticia tan sólo «peinará» los asuntos de política en su sentido estricto de la palabra. Pero no es más que una sencilla reflexión de desposesión, de incoherencia que inclusive, sucedieron recien escrita la carta. Una construída desde la imperfecta cercanía.

Quizás fue la despedida de Pepe Mujica, la que me hizo austero esta semana. Una semana hermitaña, revisando mucho el entorno: la casa. El hogar que permanece intacto, con la incredulidad de la espera de cambio. El paralelismo entre los duelos intermitentes, de finales de semana. Sí, mi tía falleció, pero para mí lo único que cambia es el aspecto uraño de los duelos que no acaban.

En ese vaivén tuve la cabeza. Recuerdo que al inicio de la Pandemia tuve motivos (como la gran mayoría), de mejorar un poquito más. De volverme más humano y soltero de los celulares y la adicción a la sociabilidad altamente digitalizada de mi vida. Imposible, la respuesta fue completamente opuesta. No se puede vivir austero en un mundo donde la única compañía surge através del celular.

¿Cuánto hemos fingido a través de las pantallas? La conexión está en completa interferencia, y en los hogares nos interesa tanto depender de nuestras relaciones externas, que sólo existe el falso signo de la familia. Algunos(as) desean sólo, huir de esos lugares.

Como una serendipia, hallé hurgando entre estas preocupaciones, la necesidad de escribir una carta sincera a la cercanía, sobre lo falso que nos hemos vuelvo con las personas que más queremos. No quiero decir, que todo gesto a través de las pantallas, no tenga la mínima pizca de pureza, humildad y sentimiento; sino que no entendemos los pesos exactos ni precisos, ni cercanos ni tangentes, de cómo vive cada persona esas interacciones. Puede haber un abismo sin vacío, que describe con completa inexactitud, la falsedad de las pantallas. Algunas personas, están más empoderadas desde el teclado de sus teléfonos (o computadoras), ¡no las culpo!; pero no es mi camino.

Yo escojo la cercanía, decido renunciar a estas desposesiones tan dominantes. Mi caso por ejemplo, decidí dejar de usar dos aplicaciones sumamente envolventes (Facebook y Twitter), de forma parcial utilizo Instagram. A las fechas, lo que me sucede es que el uso de otras aplicaciones se concentra. Entonces ¿por cuál camino voy?, la mayoría de ocasiones, perdemos consciencia de nuestro dirigencia y cedemos ante un control deshumanizado de lo digital… que lamentablemente coincide con nuestros interéses actuales.

¿Hacia que tipo de persona humano vamos? Yo he desarrollado un acercamiento a mis ideas humanistas, y he descrito como Obra Humana: «aquellas manifestaciones físicas o inmateriales del bienestar». ¿Cuál Bienestar?

Recientemente he estado cercano a muchas preocupaciones que trascienden estos accesorios de discusiones, tales como el desempleo, el despido, la muerte y la enfermedad. No quiero categorizar que tan real es un problema de otro, pero sí que estoy bebiendo de la idea de que tal Bienestar es una Utopía escondida.

Hay personas que no lo conocen, y otras que tras conocerla la han usurpado a otras. En fin, es el dilema de ocupar o descopar espacios. El espacio gris por su parte, está apoderado de estas discusiones interminables que a veces lo único que quiero es poner fin. Pero regresa como murmullo universal. Así, como suena ahorita.

Quiero hacer una declaración, de magnitudes imposibles, pero sí que busco esta desintoxicación de lo digital. Anhelo la austeridad que me permita acercame con completo control a estas nuevas formas de intravenosas sociales. Usar cuando ocupo, y cuando no, que no se vuelva una necesidad. La dependencia sé que se crea con otras personas, con otros espacios, e inclusive son una huida a la soledad, pero quiero respirar libertad contra estas cadenas. La implicación de esto es, que podría significar un aislamiento total, por lo tanto no se puede simplemente prescindir de estar, pero sí de desconectar.

Esta correspondencia encontrada entre el baúl de cartas sin terminar que están en los lóbulos centrales de mi cerebro, de repento quiso hablar, y simplemente decirlo. No prometo cumplir mi declaración, pero sí quería que quedara escrita. Al menos hay un compromiso vivo, en lo digital, perdido en los buzones de sus correos electrónicos.

Quizás esté derrumbado por un romanticismo sencillo, que quiere desprenderse de cadenas. Inclusive, tal vez esté como un pajarillo herido en caída libre contra el piso, que encontró refugio y quiere quedarse en esa zona segura sin volar más. Pero sé que voy por el cielo, avisando los aguaceros imprevistos. Recuerdo las manos con mucha extrañeza, cuando no tengo mi teléfono. Extraño mis manos con mucha extrañeza, cuando la contemplo.

Todo es un asunto de observar, con detenimiento, los ritmos acelerados en los que respira la «pureza». Quiero lentitud, la consecusión hermosa de cada movimiento, la impermeabilidad de las horas cuando duran de forma seca en el reloj, más de lo esperado. Temo seguir viviendo en Alemania Oriental. No quiero eso, sólo un pedacito de humanidad que se detenga a procesar lo que consumimos en nuestros ojos.

Esta correspondencia por eso estaba oculta, ¡porque no iba para ningún lado! Aquí el argumento central es un mal sabor de boca, luego de una semana que fue brutalmente devorada por la pandemia, y que deconstruyó el poco optimismo tecnológico que me quedaba. A veces involuciono.

Háganse un favor, y celebremos hoy 3 de octubre de 2020, los veinte años del disco de Radiohead, Kid A [link]. Cuidense mucho, que el pico de COVID-19 está en su máximo esplendor.

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Emmanuel Prado
cartas a la cercanía

Late-modern freelance writer living in Costa Rica. Political Scientist. Circumscribed in humanistic ideas. 1st Place Rodrigo Facio Essay Contest 2017 — UCR.