EMERGENCIA

por Alejandro Ponce de León Calero

Una catástrofe natural tal como la explosión de un volcán, un teléfono rojo sonando intermitentemente o un grito femenino que rompe la tranquilidad de la noche. Usualmente conjugado desde el neologismo ‘de emergencia’, el dialecto cotidiano nos invita a asociar este sustantivo a una situación de ruptura, peligro inminente, desastre; la eventualidad adversa que, al sobrevenir de repente y de forma incontrolada, demanda una solución inmediata. Más al ser empleado como un adjetivo, la emergencia sugiere un uso más cercano al contexto contemporáneo: el surgimiento de formas nuevas y coherentes durante el proceso de auto-organización propio a los sistemas complejos. Espacios emergentes, culturas emergentes, tendencias emergentes, narrativas emergentes, ciudades emergentes, economías emergentes; no se requiere más que escribir la palabra en un buscador web para descubrir que somos una sociedad que constantemente emerge.

Si bien en la actualidad tendemos hacia la disgregación y la unicidad, debemos recordar que ambos usos provienen del latín emergens, compartiendo así un sólido núcleo conceptual que necesariamente ata el sentido trágico al acto mismo de surgir. Al ser re-articulada, la emergencia plantea un proceso que, popularizado por el economista austriaco Joseph Schumpeter, nos lleva a pensar que todo acto de creatividad estará siempre ligado a un proceso de destrucción; o en palabras de Mijaíl Bakunin: “la pasión por la destrucción es una pasión creadora”.

Bajo este doble entendido, la muestra colectiva Emergencia nos extiende una invitación a imaginar las interconexiones entre las prácticas artísticas contemporáneas y narrativas propias a una humanidad en estado de emergencia. Partiendo de una fuerte apuesta por la construcción de discursos propios, este grupo de jóvenes esboza un acercamiento crítico a múltiples ansiedades sociales que, desde una exploración a ese ser-en-el-mundo Heideggeriano, (re)configuran el siempre inacabado sujeto contemporáneo. Abordando temas tales como la memoria, el paisaje, los sueños, la fiesta o la distancia entre los cuerpos, Emergencia encauza la mirada de los espectadores hacia las fibras y texturas sutiles que sostienen nuestros mundos, y alejándose de los marcos previamente establecidos para éste tipo de propuestas, plantea la cotidianidad como principal escenario para la reflexión.

Emergencia es, sin duda alguna, un interesante encuentro desde el cual nutrir la conversación y así mismo formular preguntas que desatiendan parámetros tradicionales de las esferas formales-académicas, para que de esta manera, desde la destrucción creativa, sean trazadas nuevas sensibilidades. Nada más oportuno, creería yo, dentro de los procesos artísticos contemporáneos.