EL EFECTO TRANS DE RÍO 2016

Por Axel Salas

En 2013, el mundo del deporte y las Artes Marciales Mixtas (MMA) recibieron una noticia que parecía increíble: Fallon Fox, peleadora estadounidense, declaró a Sports Illustrated que era transexual. El caso llegó a los titulares de todo el mundo y abrió una de las discusiones más sensibles: ¿pueden las personas trans competir en competencias deportivas profesionales?

A nivel social, la lucha transgénero ha ganado cada vez más relevancia y aceptación. La sociedad demuestra más su apertura a desintegrar los roles de género y las reglamentaciones en países como México ya permiten el cambio de sexo legal sin que sea necesario un procedimiento quirúrgico.

Sin embargo, la cuestión deportiva siempre ha sido más polémica, pues muchos aún consideran que existe una ventaja de hombres que realizaron su transición a mujeres frente a mujeres cis (término que se usa para identificar a personas que no son trans).

Tras las revelaciones de Fox, Ronda Rousey, campeona peso gallo de la UFC, declaró al respecto: “Si pasas por la pubertad como un hombre, no es algo que puedas revertir. La estructura ósea es diferente, las manos son más grandes, la quijada es más grande, todo es más grande. No creo en ello. No pienso que alguien que solía ser un hombre y se convirtió en mujer deba pelear contra una mujer”.

Los prejuicios respecto a la participación trans en los deportes creció aún más tras el cambio de reglamentación en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

¿Habrá verdad entre los comentarios de los detractores o el Comité Olímpico Internacional habrá tomado una decisión que está a punto de cambiar la perspectiva del mundo entero?

Río 2016, una tierra sin discriminación

Entrando en el entendido de que todos los atletas gozan de los mismos derechos, las medidas que tomó el Comité Olímpico Internacional en materia de atletas trans no sorprendió a muchos, pero sí levantó una difícil interrogante: ¿El COI fundamentó su decisión o sólo se trató de una movida política?

A partir de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se estableció que ya no era necesaria la operación de reasignación de sexo para que un atleta trans pudiera competir en la rama que su género (no su sexo) le dictamina. La única restricción es que los hombres que haya realizado su transición a mujer deben pasar por una prueba que certifique que sus niveles de testosterona se encuentren debajo de los 10 nanomoles por litro, durante al menos 12 meses previos a la justa olímpica. En las transiciones de femenino a masculino, no existe ninguna limitación para participar.

Esta decisión fue sugerida por los médicos de Río, quienes consideraron que si bien se debe proteger la competencia justa, el obligar a los atletas a someter a un proceso quirúrgico es una clara violación a sus derechos humanos. Además, existen pruebas que apoyan sus conclusiones.

En 2015, dentro del Journal of Sporting Cultures And Identities, se publicó el primer estudio sobre el efecto de las hormonas en atletas trans. El análisis demostró que, además de la disminución de testosterona, los sujetos en cuestión también perdieron masa muscular y densidad ósea.

“Juntos, estos cambios llevan a una pérdida de velocidad, fuerza y resistencia; todos factores gran importancia en el atletismo”, declaró Joanna Harper, autora del informe. Harper, quien es jefa del Departamento de Medicina Física en el Centro Médico de Providence Portland, afirmó que lo que importa no es la anatomía sino las hormonas.

Sin embargo, a pesar de que estos resultados son accesibles al público, la opinión pública aún no toma una postura definitiva al respecto.

Matt Mitrione, durante una aparición en The MMA Hour, comentó sobre el estatus de Fallon fox, afirmando que aún era un hombre y la llamó “mentiroso, enfermo, sociópata y fenómeno asqueroso”.

Comentarios como este han provocado que en Río 2016 no existan atletas abiertamente trans. No obstante, el COI confirmó la participación de un par de deportistas trans, quienes, para evitar actos de discriminación y polémica, decidieron mantener su situación oculta. ¿Podemos llamar a victoria al triunfo que sucede en las sombras?

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