La lucha gay en los deportes

Por: Axel Salas.

África es el continente con más leyes en contra de los derechos LGBTTIQA. Para una joven lesbiana, como Thelma Honnor, esta situación puede hacer de lo cotidiano un quehacer complicado. Fundadora de Gays y Lesbianas de Zimbabue, Honnor ha luchado por años contra los prejuicios de su país para tratar de asegurarse una vida mínimamente digna. Fanática del fútbol, Thelma ha sido acosada tanto por su activismo como por su afición al balompié. En 2013 fue atacada en las oficinas centrales de su asociación y pasó la mayor parte del año escondida de las autoridades hasta que llegó a Suecia, donde le fue otorgado el estatus de refugiada.

Justo cinco días antes iniciar la Eurocopa, en París se celebró Foot For Freedom, una competencia de fútbol amistoso creada para refugiados LGBTTTIQA. Durante el torneo, Honnor pudo al fin jugar como jamás lo hizo mientras vivía en Zimbabue: sin ataduras. «Me da la sensación de no tener límites impuestos por mi orientación sexual», comentó Thelma momentos antes de saltar a la cancha.

El significado de una declaración como esta resulta mucho más importante de lo que parece, pues estadísticamente la población LGBTTTIQA es más dada a practicar deportes en solitario, donde han logrado una gran visibilidad en competencias internacionales y olímpicas.

Sin embargo, los deportes de conjunto son un caso aparte, pues en casi ninguna disciplina de equipo podemos reconocer nombres de personas gays o lesbianas entre las alineaciones de mayor renombre. La psicóloga deportiva Zoraida Rodríguez tiene una teoría: «Cuando practicas deporte individual compites contra ti mismo y no tienes compañeros de equipo a los que te tengas que amoldar ni influyen en tu juego. Los deportes individuales no están tan asociados a ese componente de batalla campal que a veces encontramos en disciplinas como el fútbol».

Ciertamente, el balompié profesional siempre ha tenido una batalla declarada contra el colectivo LGBTTTIQA. Hasta el momento no existe ningún jugador abiertamente gay en alguna de las ligas más importantes del mundo (Europa). La Segunda División de la Liga Española ni siquiera pudo lidiar con un árbitro gay, quien decidió renunciar ante el constante acoso de futbolistas y directivos. En los estadios mexicanos, más del 80% de los asistentes continúan gritando puto para insultar al conjunto rival.

Como resultado, para la mayoría de la comunidad, la lucha de los deportes sencillamente está perdida. Al respecto, el periodista Wenceslao Bruciaga comenta: «Si los heterosexuales se encargaron de imponer estereotipos machos al deporte, los gays tampoco han hecho mucho para derribarlos, y al contrario sí los han utilizado para victimizarse».

Bruciaga continúa con su exposición y agrega: «A muchos nos tocaron experiencias muy fuertes en la infancia, pero creo que también está en uno romperlas. Mi lógica es, si de niño te batearon del equipo de fútbol, pues a la primera que puedas le entras, pero siempre es más fácil tirarte al piso. No entiendo esta idea de que todo debe ser un cuento de hadas. De pronto no veo a los gays muy dispuestos a luchar. Todos los demás tienen que resolver nuestros pedos menos nosotros mismos, si no nos los resuelven son homofóbicos».

Históricamente, la homosexualidad y la transexualidad se han interpretado como sinónimos de diferencia, simbolizando muchas veces ideas contraculturales. No obstante, esta diferencia no parece ayudar mucho cuando uno debe relacionarse con otros para encontrar la victoria. La fobia del colectivo LGBTTTIQA frente a los deportes puede parecer comprensible al principio, sobretodo porque el paradigma actual señala a lo diferente como malo, y no como una circunstancia más.

El ex jugador de fútbol, Quique Wolff, opina que la clave para triunfar en un partido es siempre el trabajo en equipo. Además de la estrategia, Wolff pone como elemento más importante a las particularidades de cada futbolista: «De esta manera, la única manera de triunfar y crecer será teniendo conciencia de la grandeza del equipo, sabiendo que nuestro potencial individual se multiplicará por el de todos nuestros compañeros», defiende el también comentarista. Por ende, lo diferente ayuda antes que perjudicar.

Hoy las circunstancias del mundo nos consumen cada vez más a prisa. Con sucesos dolorosos como los recientes ataques en Orlando y Veracruz, resulta cada vez más urgente que la comunidad LGBTTTIQA esté unida, pero también parece aún más necesario generar puentes para que el colectivo se comunique con toda la comunidad. Aquí el deporte también es una analogía; la mentalidad del equipo funciona para todo, sólo hace falta dejar de tener miedo y atreverse a jugar. Hay que aprender a vivir en un mundo donde el discurso de todos somos iguales se transforme en un todos somos diferentes, donde se celebren las particularidades de cada ser humano y se entienda que sin la diversidad es imposible hacerse con la victoria.