Las medallas no cambian al mundo

Por: Adriana Barrón.

La medalla olímpica representa uno de los mayores logros para un deportista de alto rendimiento, en 2008 Rafael Nadal lo confirmó después de conseguir la presea dorada: «El oro olímpico es el título más complicado que puede conseguir un tenista, sólo tienes una o dos oportunidades para lograrlo».

Los Juegos Olímpicos tienen relevancia porque es el circuito de élite por excelencia. El atleta que gana una presea tiene el reconocimiento de la prensa, de las federaciones y de instituciones gubernamentales. «Los deportistas sí compiten por el honor sin necesidad de un estímulo económico», afirma el sociólogo mexicano Sergio Varela.

Sin embargo, las medallas tienen diferentes significados: en los primeros eventos olímpicos de la era moderna se hablaba del carácter amateur de los juegos, en los cuales el motivo principal de practicar y de competir no era ganar dinero sino «enaltecer el orgullo nacional y personal». Durante 120 años ese significado ha ido evolucionado y en la justa deportiva de Río 2016 «la medalla puede representar ingresos económicos» por la exposición que tienen los atletas ante el público y las empresas comerciales, así lo interpreta Varela.

El valor de una nación

El significado de una presea se ha conceptualizado a partir de diferentes variables, la primera son las circunstancias del atleta y de país que representa. «No es lo mismo la satisfacción de un salvadoreño cuando gana una medalla durante una justa olímpica que para un chino, para él ganarla es prácticamente una obligación».

Hace 20 años, Claudia Poll demostró cuánto valía ganar una medalla en un país que no es una potencia olímpica. En Atlanta 1996, Claudia entró a la alberca y no se le separó a Franziska van Alkmsick, la favorita para ganar, después de los primeros 100 metros Poll metió fuerza y dejó a la alemana una brazada atrás de ella. La costarricense acababa de conseguir el primer oro en la historia de su país y además se convirtió en la primera mujer latinoamericana en conseguir la presea dorada en natación.

El periodista Olman Mora en La Nación después del triunfo de Poll, escribió:

Cientos de aficionados salieron de sus casas para celebrar sin límite su hazaña. Las banderas tricolor ondeaban por doquier. Los gritos de euforia eran tan repetidos como los abrazos de gente que sin conocerse se fundían en una sola consigna, con el grito: ¡Viva, Costa Rica!, ¡Viva, Claudia Poll!

El valor femenino

Una segunda variable es el género de un atleta, para un hombre y una mujer el significado de una medalla no es el mismo. Esto se debe a que las mujeres tienen menos apoyo institucional y una mayor cantidad de obstáculos, «eso no quiere decir que los hombres no los tengan, pero para ellas sí es más significativo el hecho de subirse al podio», explica Varela.

Antes de los juegos de Sidney, México había conseguido nueve oros en equitación, clavados, natación y atletismo, todos habían sido conquistadas por hombres. En 2000, Soraya Jiménez le dio un giro al medallero mexicano: la mexicana se paró con determinación frente a la pesa, la tomó con ambas manos y antes de levantarla jaló la última bocanada de aire. Soraya se mantuvo en cuclillas con la pesa encima de ella, durante tres segundo intentó mantener el equilibrio aunque su cuerpo se tambaleaba hacia la derecha, Jiménez hizo un último esfuerzo y extendió sus rodillas mientras gritaba de felicidad, soltó la pesa y levantó los puños, había conseguido la primera medalla de oro para una mexicana después de cargar 222.5 kilogramos.

Entre los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y Londres 2012, México ha ganado 20 medallas (cuatro oros, ocho platas y ocho bronces), de las cuales 11 han sido conquistadas por mujeres (dos oros, cuatro platas, cinco bronces).

Cuenta Sergio Varela:

El logro de Soraya se ensalzó mucho porque su oro mostró que la diferencia de género no era lo que debía regir las políticas públicas de México porque las mujeres, en términos de resultados, estaban demostrando que podían sacar el medallero adelante.

El valor de cada deporte

Habían pasado 40 años desde que se le permitió a las mujeres participar en los 400 metros planos. En Atenas 2004, el cronómetro se detuvo en 49.41 segundos, la mexicana Ana Gabriela Guevara estuvo a 15 centésimas de segundo de llevarse el oro, había controlado la mayor parte de la carrera hasta que Tonique Williams-Darling se la arrebató. Guevara se quedó con la plata, un logro que para México valió mucho más que un segundo lugar.

En la historia de los Juegos Olímpicos, la delegación tricolor sólo había destacado en atletismo en las pruebas de marcha. Antes de Ana, los aztecas habían logrado seis podios en los 20 kilómetros (dos oros, tres platas y un bronce) y tres más en los 50 kilómetros (un oro, una plata y un bronce).

Guevara fue la primera mexicana en ganar una prueba corta de atletismo, hecho que permite explicar la tercera variable del significado de una medalla, la cual hace referencia al escalafón entre los tipos de deportes. «Las diferencias entre los casos de Ana Gabriela y Soraya fueron las jerarquías, la halterofilia no es un deporte hegemónica y el atletismo tiene un mayor peso pues hasta cierto punto mueve masas», explica el sociólogo mexicano.

Otra de las diferencias entre las dos atletas aztecas son las cualidades en su carácter y personalidad: «la halterofilia se entiende como deporte de varones y en ese sentido posiblemente hubo cierta reticencia social hacia Jiménez», con Ana Gabriela «su perfil personal le permitió capacitarse después de ganar una medalla» para seguir en los reflectores y llegar a ocupar puestos públicos.

Un metal que significa poco en la sociedad

La sociología no encuentra grandes beneficios en que los atletas ganen medallas durante los Juegos Olímpicos, debido a que este evento sólo puede ser aprovechado por una élite. En las competencias de Río 2016 participará menos del 1% de la población mundial (7 mil millones de personas de acuerdo a los datos del Banco Mundial), por esta razón las pruebas deportivas son consideradas como actividades «que no corresponden en absoluto con las prácticas generalizadas y masivas».

En palabras de Varela: «Estados Unidos van a terminar entre los primeros del medallero pero ser una potencia deportiva no tiene relación con otros sectores sociales, por ejemplo, los estadounidenses no son las personas más sanas, son una sociedad que tiene un gran gusto por el refresco y la comida chatarra». Según un estudio de la EAE Business School, E.U.A. ocupa el segundo lugar (detrás de los japoneses) como uno de los países que más gasta en comida rápida: 60 mil millones de dólares al año.

Más allá del aspecto económico, del prestigio y del nacionalismo, los Juegos Olímpicos no tienen muchas repercusiones benéficas en su comunidad, los atletas le dan una satisfacción emocional a su país, pero es algo “efímero” que será reconocido por un lapso de tiempo dependiendo de las circunstancias en cómo haya conseguido.

Ganar una medalla es un logro personal, y el esfuerzo de los deportistas no se reduce a un hecho anecdótico, pues son pocos los que lo consiguen el éxito olímpico, «quienes lo hacen tiene detrás horas de entrenamiento y de trabajo duro, pero los atletas que han triunfado en Juegos Olímpicos no se vuelven referentes sociales sólo por tener una presea. Hay algunos que logran adentrarse en el imaginario colectivo como lo hizo Ana Gabriela Guevara, pero la mayoría no consiguen entrar a la categoría de líderes y no mantiene el reconocimiento social», comparte Sergio Varela.