ZEÑÓ MANUÉ

Inspirada en la vida y obra de Manuel Solari Swayne, periodista peruano que obstinadamente trató de rescatar lo entrañable, lo bello y auténtico de las tradiciones populares peruanas.

Disco A CHABUCA:
Voz — Pasión Vega
Guitarras y arreglos — Lucho González
Piano — José Luis Madueño
Contrabajo — Álvaro Sovero
Teclado — Manuel Garrido-Lecca
Percusión, platillos, palmas, escobillas — Alex Neciosup Acuña
Pasión Vega aparece por cortesía de Concert Music Entertainment.

Letra:
Oiga usté, Zeñó Manué, 
y nos estamos quedando
sin esa Lima de otrora, 
tan querida y tan señora.

Sus calles como en la copla, 
son unas calles cualquiera
son unas calles cualquiera, 
camino de cualquier parte.

Ya no nos llevan al parque
ni tampoco a La Alameda
ya las plazuelas se mueren
alumbrando su tristeza,
no perfuma la diamela,
ni cae el jacarandá,
ni florecen los aromos
al llegar la navidad.

Oiga usté, Zeñó Manué,
enamorado de Lima
que tejes para tu amada
con tus hermosas palabras
un encaje de ternura
y una guirnalda dorada,
vamos a cerrar los ojos,
e imaginarla soñada.

Vamos junto a un surtidor
que nos cante su recuerdo,
y que la luz de un farol
preste amor a nuestro ensueño,
y la flor de chirimoya
y el perfume a reseda,
adormezcan las mentiras
y nos traigan la verdad.

Dicen que hubo alguna vez
una Lima sandunguera,
alfombra jacarandá,
que tenía su quimera
soleada cerca a los cerros
y mojada junto al mar,
dicen que hubo alguna vez
una Lima de bandera.

Tienen sus casonas bellas
las puertas de par en par,
ventana de reja y laja,
suave para caminar.

Mampara de alegre ruido,
salones de medallón,
al fondo los ventanales
de encaje para mirar,
un jardín, una ramada
y un huerto por madurar
tienen sus casonas bellas
las puertas de par en par.

Desde un brasero encendido,
humitos de la alhucema
te piden de no hacer ruido,
porque hay un niño dormido
y siente, Zeñó Manué,
que en el aire está prendido
el aroma de mistura
y en azafate servido.

Y mira, Zeñó Manué,
cómo un trocito del cielo
se inclina para “agüeitar”
por si se asoma la niña,
mas allá de la cocina en
el patio en que se secan
al sol las tiras bordadas
y se pelan las gallinas.

Anda pues, Zeñó Manué,
vamos… al borde de un surtidor.

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