Bogotá Enero de 2015: El Chorro de Quevedo, Maloka y el Planetario

No vamos a echar carreta, no empecé descubriendo los lugares que he visitado del país por responder una filosofía de vida de conocer primero el lugar donde nací, fue todo lo contrario, puse mis ojos, mis ganas y mis esfuerzos económicos en ir tan lejos como el dinero disponible para el viaje lo permitiera, y como no era tanto, termine con la fortuna de empezar conociendo muchos lugares de esta hermosa Colombia y luego con ese ojo de explorador ya desarrollado, me di a la tarea de recorrer mi ciudad y mi departamento, dando los mismos pasos, pero con el alma renovada.

Las historias de viajes que empezare a contar datan de principios del año 2015 y se mantienen vigentes hasta el día de hoy, con cambios sustanciales en su forma, aunque esto que acabo de decir quizás sólo tendrá sentido a medida que las historias se desarrollen; así que no coman ansias, reciban cada crónica de viaje cómo llegué, que seguro en un tiempo podrán conectar los puntos en retrospectiva, de la misma manera que ahora yo lo hago, mirando los recuerdos de cada viaje y comprendiendo el porqué de mi pasión por la fotografía y estas incontrolables ganas de mantener viajando.

Empezaré como toda buena historia debe empezar: érase una vez… que mis amigos, mi entorno y el tiempo, empezaron a compartir el mismo entusiasmo que yo, por viajar; así que la pregunta cada mes era: ¿Para donde nos vamos que sea cerquita y barato? y que podamos irnos el viernes y regresar el domingo en la noche, pero que valga la pena el viaje… y si, así empezamos; durante cualquier espacio libre de la semana plasmábamos en una hoja de cálculo el presupuesto del viaje, montábamos cuatro personas por carro y arrancamos hacia el destino señalado. Definir el destino no era problema, por alguna extraña razón todos tenían en su mente al menos 5 lugares que querían visitar, así que lo único que teníamos que verificar era que fuera alcanzable para nosotros, en términos de tiempo y dinero.

Este viaje a Bogotá en Enero de 2015 lo promovió un cupón de descuento que encontramos en la página de groupon, el cual ponía en nuestro radar la entrada a Maloka y al Planetario, complementado perfectamente nuestro interés de conocer el emblemático Chorro de Quevedo; así que sin mayor incentivo que este y gracias a que mi socio Julián Lamprea nos podía ofrecer hospedaje, la travesía comenzó.

Llegamos a nuestro destino alrededor del mediodía y emprendimos camino hacia la Candelaria (la zona donde queda el chorro), una vez allí, las calles empedradas y los antros donde servían Chicha en Totuma, matizaban con elegancia de la naturaleza improvisada de la atracción principal; la cuentería. Una vez en el centro de la plaza, justo al lado del chorro, iniciaron 4 fabulosas horas de cuentos y teatro callejero, en donde cada presentación era precedida por la respectiva recolecta de billetes que debían empezar con la denominación de dos mil pesos, porque si lo que pensaba -querido espectador- era donar a la causa monedas, era mejor que las dejara en su bolsillo, porque seguro usted las necesitaba más que ellos.
 Al día siguiente nos madrugamos a recorrer en Transmilenio la ciudad, gracias a que Lamprea es un experto moviéndose en este “sistema de movilidad” atiborrado de almas; recuerdo que lo primero que hicimos fue ir a Wayra (si la aceleradora de Startups) porque queríamos conocer las instalaciones y como buenos citadinos, no caímos en cuenta de confirmar que el lugar estuviera abierto antes de ir; entre risas después de esta novatada y subirnos a un taxi para recorrer cuatro cuadras, llegamos a Maloka, para hacer justicia al lugar, diré que recibimos lo justo a cambio del dinero que pagamos en la entrada (el 50% del costo normal, gracias al cupón); porque la mayoría de las atracciones no lograron despertar entusiasmo en nosotros… eso sí la experiencia en la jaula de Faraday al igual que jugar con electricidad, quedará guardado en mi memoria, por un buen tiempo.

A esta maratónica aventura que apenas empezaba, se le sumó la siguiente escala en el planetario, de donde puedo decir que recibimos más de lo que esperábamos y allí nació un romance con la luna, las estrellas y nuestras cámaras, que llegaría a su éxtasis en una aventura que ocurrirá unos meses más adelante en el desierto de la Tatacoa, pero esa historia se las contare en otro momento.

Al día siguiente, nos fuimos para el cerro de Monserrate y aunque hace algunos años atrás, ya había visitado esta parada casi obligatoria en la capital, recordé lo que es hacer fila por dos horas para subirse al funicular y lo majestuosa que se ve la ciudad desde lo alto.

Cerro Monserrate
Maping - Bogotá
El Planetario - Bogotá
Maloka - Efectos electricidad

Si, es cierto, nuestros viajes parecen más una jornada maratónica que en una pausa en el camino, pero no es del todo así, cada historia está tatuada en nuestra memoria, porque está cubierta de buenos amigos, buenos destinos, buenos momentos y amor.

Si estás interesado en realizar un viaje como este, puedes ver a continuación nuestro presupuesto (en pesos Colombianos y para el año 2015, vale la pena que hagas un ajuste teniendo en cuenta la inflación):

Presupuesto - Bogotá Ene 2015

¿Conoces el Chorro de Quevedo, Maloka, Monserrate o el Planetario? ¿Cuál ha sido tu experiencia? Planeas visitarlos pero tienes dudas… escríbeme y encontramos juntos la respuesta.

Porqué viajeros somos… y en el camino nos encontramos!

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