Deshacer el mundo

No fue hace mucho cuando por primera vez salí de mi país natal, Colombia. Era 2008, mi familia se recuperaba de una crisis económica y sentimos el deseo de celebrar que la vida nos volvía a dar una oportunidad. Viajamos a Buenos Aires, la capital de Argentina: ciudad enorme, bohemia, con excelente gastronomía,parques, monumentos y miles de boludos que nos hicieron sentir como en casa.

En ese entonces había crisis en Argentina. Recuerdo que salíamos a caminar por las calles y no era raro encontrarse con avisos de negocios cerrados y en quiebra. Mi amigo Nicolás me explicó que los jóvenes tenían que escoger entre guardar el dinero para los buses o irse de copas. De mi lado, una crisis familiar se estaba superando y yo recién terminaba mi primer trabajo, que conseguí por saber hablar inglés.

Como la tasa de cambio nos favorecía, mi salario me permitió darme gustos y hacer buenas compras en Buenos Aires. Pero lo que más me gustó de todo el paseo fue el hecho de abandonar por un tiempo las montañas que me rodean en Medellín y expandir mis horizontes mentales. Viajar tiene ese efecto: te da contexto, te despeja, te hace humilde. En mi caso, desarrolló una pasión por conocer otras culturas y otras personas y desde entonces no he parado.

Este año, 2017, tuve la oportunidad de ser escogido para participar en el Foro Económico Mundial en Latinoamérica, el cual se realiza en Buenos Aires. Me llenó de alegría la noticia, obviamente, pero también de curiosidad: era la oportunidad de volver a un lugar muy significativo para mí y de evidenciar sus cambios en estos casi 10 años desde mi primera visita.

Y efectivamente, Buenos Aires me sorprendió: la crisis ya no está, en las calles se ve una sociedad diferente. La economía se nota dinámica en la capital Argentina, los negocios se han renovado de la mano de la globalización y la influencia del Internet, mis pesos Colombianos ya valen menos y compran mucho menos, no se ve opulencia en los carros y autos que llenan esas calles anchas tan características de Buenos Aires, se ve cordura, se ve cultura, se respira un deseo de vivir, se entiende que aquí la vida va a un ritmo completamente diferente al Colombiano. Te rodea la cultura en forma de música, teatro, baile, libros y parques. ¡Cómo hacen de falta parques y más verde en Medellín!

Buenos Aires sigue siendo la misma en su esencia, pero al igual que una familia que festeja la recuperación después de una quiebra, recuerda esas lecciones de vida y las aplica a diario. A menudo comparo Buenos Aires con Madrid: se parecen mucho, pero incluso se siente más cosmopolita Buenos Aires.

En conclusión, ver una ciudad que renace de sus cenizas me inspira. Y así como deshago mis pasos y vuelvo al lugar que expandió mi universo, hoy desde Buenos Aires me sumo a otros 37 jóvenes que representan a una generación de Latinos dispuesta a deshacer el mundo y recrearlo desde nuestras pasiones y las lecciones aprendidas de los fracasos del pasado.