Mis amigos los diseñadores

De “La liebre” de Durero a la tapa de “El sexo no es bueno”, pasando por Fat Cat Art. Tapa Alejandro Levacov. Behance.net/LEVACOV

En mi época del secundario, el centro de estudiantes de mi colegio hacía una revista. La producción era básica. Se tomaban los textos, se los componían de una manera más o menos prolija y se los fotocopiaba. La publicación se llama Anormal, porque el mío era un colegio normal, el Colegio Normal N 4 Estanislao Severo Zeballos. Los que hacían la revista querían marcar una diferencia. Anormal publicaba poemas, dibujos y panfletos de todo tipo. Antes de que saliera un nuevo número, el centro de estudiantes abría la convocatoria a participar. Un viernes de 1991 fui al lugar donde se juntaba la redacción y me encontré con dos chicas jipis, a las que conocía de la política escolar, y un pibe más grande. “Él es el diseñador” me dijo una de las chicas. El diseñador, me di cuenta muy rápido, opinaba sobre todo, hacía todo y decidía todo. Mientras hablaba de rock, de cine, de televisión, de teatro y del colegio Mariano Acosta, cuyas revistas El pupo y La bola yo conocía, el diseñador seleccionaba ilustraciones y las pegaba con plasticola sobre hojas blancas. Yo había llevado una nota sobre música y discriminación que entusiasmó a las jipis, pero el diseñador dijo, sin leerla y con un gesto arbitrario: “es muy larga, cortala por la mitad.” Fue la primera vez que vi un diseñador en acción. La escena me quedó grabada.

Pruebas de Alejandro Levacov para “Apuntes sobre Philip K. Dick.” Milena Caserola. Behance.net/LEVACOV

Después de ese debut, mi vida, primero de estudiante y luego de activista, redactor, editor, blogger y docente, y más tarde de académico y periodista remunerado o vocacional, se vio cruzada infinidad de veces por diseñadores gráficos con los que tuve que interactuar. Las cosas iban bien o mal, o más o menos, según la situación , pero después de casi ya treinta años de experiencia puedo ordenar algunas ideas sobre ese trato.

Tapa final de “Apuntes sobre Philip K. Dick.” Diseño de Alejandro Levacov. Behance.net/LEVACOV

Lo primero que hay que saber es muy simple: el diseñador gráfico lo único que quiere es amor. Todo lo demás se puede negociar. Por eso, sea lo que sea que estés haciendo con un diseñador, él debe comprender que su trabajo es importante, y de hecho lo es. Jamás hay que ningunear o desacreditar su pericia. Si lo hacés, el diseñador se va a vengar.

Mi experiencia me dice que no hay necesidad de que el diseñador lea el libro para diseñarle una tapa, ni que lea las notas para organizarlas en una página web. Pero si se interesa, y eso no afecta los tiempos establecidos, hay que dejarlo que lea. Pero siempre a titulo de inspiración, jamás de opinión.

Dicho esto, sirve mucho recordarle al diseñador que él no es ni redactor ni editor. Para hacerlo hay que hablarle con dulzura, como a un animal feroz, y recordarle, insisto, que lo que hace es muy importante, pidiéndole que no desvíe su atención y sus responsabilidad a otros sectores de la publicación.

Si el diseñador tiene complejo de inferioridad, hay que alentarlo a superarse. Si tiene complejo de superioridad -y tiende a pensar que él podría escribir, corregir, editar, fotografiar, ilustrar y componer lo que está haciendo- simplemente hay que buscar otro.

Y no hay que dudar. Si el diseñador te ve dudar, es muy probable que utilice tus dudas para trabajar menos y resolver más rápido lo que tiene que hacer. Entonces, frente al diseñador, no hay que dudar.

Tapa de Leandro Escobar. Lepopurri.com.ar

Otra máxima: el diseñador siempre debe ser supervisado. Nunca hay que dejarlo que decida solo. Jamás. ¿Por qué? Porque puede acertar o puede equivocarse, pero si se envalentona y decide algo, luego es muy difícil hacerlo retroceder. Por eso, el editor, autor o responsable editorial, siempre, pero siempre, debe acompañar, contener y promover un dialogo fluido y constante con el diseñador.

La lucha eterna entre forma y contenido se libra, en este plano, desde hace cientos, miles de años. Los soportes afectan la lectura. Los directores de medios saben que una foto o un diseño impactan antes que la letra. Por eso Moises le pidió a Dios que escribiera Los Mandamientos en piedra. Los diseñadores sospechan de esta verdad, pero si piensan que eso los pone en un lugar de superioridad laboral, estás en problemas.

Los mejores diseñadores con los que trabajé fueron siempre gente despierta, atenta a escuchar y proponer, pragmáticos y detallistas al mismo tiempo, pero sobre todo siempre dispuesta a trabajar en grupo. Voy a mencionar a dos. El primero es Leandro Escobar que hizo varias de las tapas de mis libros. Pueden ver algo de su trabajo en Lepopurri.com.ar. El otro es el talentoso Alejandro Levacov. Su trabajo se puede consultar en behance.net/LEVACOV. Ambos hicieron tapas de Ediciones Paco. A Dios doy gracias de habermelos cruzado.////