Antepresentes

Cúmulos de pasados cercanos perdidos

El desierto de Atacama en Chile es una máquina del tiempo. Su aridez extrema, única en el mundo, lo ha convertido en el sitio propicio para reencontrar todo eso que ya no está.

Su cielo despejado es una puerta a los rumores que codifican el nacimiento del cosmos. ALMA, una batería internacional de sesenta y seis radiotelescopios, entró en funcionamiento a finales del año pasado. Sus sensores prometen llevarnos hasta la infancia del universo y desentrañar el origen del calcio en nuestros huesos.

Los lechos de sus ríos resecos, por su parte, fueron una ruta de paso para los hombres que habitaron este continente antes del reinicio de la historia. Sus rastros perduran intactos en las piedras y las tumbas. Mensajes de quienes fuimos. Tal vez advertencias de lo que seremos.

En Nostalgia de la luz, el documentalista Patricio Guzmán emprende un viaje íntimo por el desierto para entender nuestra relación conflictiva con el pasado. Encuentra astrónomos y arqueólogos entregados a su trabajo, pero también los restos de un campamento minero que hace tres décadas largas sirvió de campo de concentración para prisioneros políticos de la dictadura. Las ruinas guardan en sus paredes el recuerdo de una veintena de hombres que, para escapar de la tortura, dibujaban las estrellas. Cúmulos de pasados cercanos perdidos.

Y no los únicos: en el presente, un escuadrón de mujeres armadas con palas, cada día son menos, recorre el desierto buscando huesos de sus parientes desaparecidos. A veces un pie reseco atrapado en un zapato es consuelo. A veces nada es suficiente y la memoria sólo duele así a nadie le importe.

“Somos la lepra de Chile”, dice Violeta, que lleva veinte años buscando por el desierto el cuerpo de su marido. No se rinde.

Las mujeres y los astrónomos de Atacama se parecen: ambos exploran espacios inmensos en busca de restos de lo que fueron. Pero como diceGaspar, uno de los astrónomos entrevistados, la sociedad parece entender mejor las búsquedas de los astrónomos y sus telescopios que las de las mujeres y sus palas. Es una paradoja dura y triste.

(Publicado originalmente en el diario El Espectador en septiembre de 2012.)