La historia natural de Selborne

Gilbert White

Libros del Jata

Bilbao, 2015

400 páginas

24 euros

EPIFANÍA DEL BIRDWATCHING

Es una verdadera fortuna que una pequeña editorial bilbaína, Libros del Jata, haya traducido al castellano una obra clásica que llevaba más de dos siglos inédita en nuestro idioma y que debería ocupar un lugar escogido en la librería de cualquier aficionado a la naturaleza. La historia natural de Selborne (The Natural History and Antiquities of Selborne), publicada originalmente en 1789, es un relato de la vida del campo, escrito por un apasionado de los clásicos, la poesía y los pájaros y es tenido como uno de los mejores libros de historia natural que se han escrito nunca. Desde luego, es sin duda una de las obras pioneras de este género y, especialmente de la ornitología y de la moderna forma de entender la afición por los pájaros, la llamada observación de aves, el birding o birdwatching.

Escrita por el reverendo británico Gilbert White ((1720–1793) y publicada por primera vez cuatro años antes de su muerte, La historia natural de Selborne recoge décadas de observaciones de la naturaleza llevadas a cabo por este párroco local. White nació y murió en Selborne, y casi nunca se alejó más allá de 120 kilómetros de esa pequeña localidad rural de Hampshire. Cursó sus estudios superiores en el Oriel College de Oxford, del cual fue miembro activo durante toda su vida. Se ordenó sacerdote en 1749 y, aunque ejerció algunos cargos académicos en Oxford entre 1752 y 1753, prefirió desempeñar labores eclesiásticas auxiliares como coadjutor en diversas parroquias, en general cercanas a Selborne. Mantenerse cercano a su mundo rural, y disponer de tiempo para el estudio de las cosas del campo, fueron los factores de más peso a la hora de tomar una opción profesional. White no quería separarse de los paisajes de su infancia, los animales y sobre todos los pájaros, los sonidos del campo y la vida rural.

Sus amores fueron la poesía, las aves y los paisajes rurales de su tierra natal. Se mantuvo soltero, y dedicó su vida a registrar los hechos de la naturaleza tal y como él los veía e interpretaba. Gracias a su agudo sentido de la observación y buen oído, fue capaz de descubrir algunas especies nuevas y aclarar las diferencias entre otras hasta entonces confusas. Sus cartas a los zoólogos británicos Thomas Pennant y Daines Barrington forman el núcleo de La historia natural de Selborne, una obra que ha sido celebrada desde su primera publicación en 1789, por su capacidad evocadora del mundo natural.


Lo que hace extraordinario el libro de White no son sólo sus escritos, sino la ocupación de su vida en sí misma. En la época en la que vivió, no era habitual el tipo de acercamiento a la naturaleza que practicó. La gente de entonces no tenía ocasión de contemplar el campo como fuente de belleza o inspiración. Las clases campesinas no podían permitirse esta forma en relación con la tierra, que no era más que fuente de esfuerzos y necesidad. Las clases acomodadas, por su parte, no tenían fácil acudir a la campiña, mal comunicada, carente de comodidades y, llena de inseguridades y temores. White se adelanta en algunas décadas a los movimientos del Romanticismo que encuentran en la naturaleza una fuente de inspiración, de belleza o misterio. A partir del siglo XIX, y a medida que la población fue haciéndose cada vez más urbana, fue surgiendo la percepción del campo como un lugar sano y armónico del que el ser humano se estaba alejando. Y, con ello, nacieron también diversas formas de retornar a él.

White, que nunca abandonó la campiña, se mantuvo en ella con un espíritu adelantando a su época. Y tuvo una oportunidad estupenda de vagabundear y observar gracias a su privilegiada posición como párroco local. Como escribe Stephen Moss en su monumental historia del birdwatching (A bird in the bush Aurum, 2004), pasear por el campo sin ocupación alguna podía ser visto en el siglo XVIII como algo cuando menos excéntrico, que podía ocasionar más de un problema de rechazo e incomprensión a quien se dedicara a ello. Si había una persona que podía permitirse estas caminatas era un párroco como White, que por su ocupación tenía necesidad de ir de una parroquia a otra. Además, la Iglesia anglicana era partidaria de impulsar el estudio de la Historia Natural, como una forma de alabar y ensalzar la creación de Dios. Con estos elementos en sus manos, White se dedicó a llevar a cabo minuciosas anotaciones de todo lo que observaba, de forma continuada, apreciando los efectos de los cambios de estación y las variaciones o tendencias mantenidas durante años. Al centrar sus esfuerzos siempre en el mismo área, llegó a acumular experiencia y datos, elementos esenciales para hacer interpretaciones ecológicas sobre lo que veía, también en buena medida adelantadas a su época.


Sus descripciones sobre la morfología y el comportamiento de diversas aves siguen siendo, hoy en día, canónicas. Y su fina intuición le hizo distinguir especies, variedades y comportamientos reproductivos y migratorios antes que otros estudiosos. White apenas se movió en toda su vida del mismo territorio y, quizá haciendo de la necesidad virtud, defendió siempre que para entender los fenómenos de la naturaleza era mejor centrarse durante largo tiempo en el mismo terreno en lugar de hacer largos traslados y cambios de ambiente. El párroco de Selborne no estaba aislado, de todas formas. Combinaba las observaciones locales con el intercambio de opiniones con otros expertos por medio de la correspondencia, a los que solicitaba informaciones sobre lo visto en otros lugares y les planteaba nuevos retos.

Sin embargo, no fue solo un pionero de la ornitología como disciplina científica, sino como filosofía de vida. Lo que resulta verdaderamente moderno en el párroco de Selborne es que declaraba sentir un enorme placer con el mero hecho de estar en el campo observando las aves. No necesitaba cazarlas para comer, como se había hecho hasta entonces, o atraparlas para estudiarlas, como durante el siglo posterior harían generaciones de ornitólogos obsesionados con la descripción y la taxonomía. White, muchas veces, se conformaba con mirar, y esta es la esencia del birdwatching actual, que mueve a decenas de millones de personas por el mundo que tienen a las aves como hobby.

Para el lector actual, el secreto que mantiene viva la obra de White es que mira la naturaleza de la misma forma que muchas personas lo hacen ahora: como fuente de disfrute y recreo, como impulsora de una actividad intelectual y espiritual más que como lugar del que extraer beneficios materiales.

La reseña publicada en la revista Leer

Otro elemento en favor de la obra, como destaca en la introducción a esta edición el traductor de la misma, Ismael Revilla, es el estilo literario.

White escribió sus cartas de forma tan poco afectada, con un lenguaje tan directo y en un tono tan tranquilo y bien humorado que su lectura, al cabo de más de doscientos años, continúa manteniendo todo su encanto original.

Reseña del libro La historia natural de Selborne (Ed. Libros del Jata) publicada por Pedro Cáceres en el número 265 de la revista Leer (septiembre 2015)