Inés Moisset: construir la diversidad

Nació en una casa en la que se respiraba arquitectura. Creció entre claustros universitarios, viajando junto a su padre y su madre a conferencias, participando de conversaciones sobre quiénes, en qué momento, en qué contexto y circunstancias diseñaron el espacio que habitamos. Durante su propia carrera como investigadora descubrió una historia que había sido deliberadamente ocultada, que estaba ahí pero que no se contaba y con su trabajo académico y de divulgación colabora día a día para revelarla, para que tengamos un panorama completo acerca de quienes construyeron y construyen nuestro mundo.

Investigar en Arquitectura

Inés estudió en su provincia natal, en la Universidad Nacional de Córdoba. Tuvo profesoras que destaca como excelentes y que potenciaban el interés de sus estudiantes por la historia de la arquitectura, entre ellas Marina Waisman, con quien años más tarde compartiría el dictado de la materia Problemática de la Modernidad en América Latina.

En 1994, dos años después de recibirse, ingresó al Centro de Formación de Investigadores en Historia y Crítica de la Arquitectura, un organismo íntimamente ligado a su historia y la de su familia. Noemí Goytía, su mamá, también arquitecta especializada en historia, patrimonio y procesos proyectuales había sido una de las piezas fundamentales de su creación, junto a Marina Waisman. Allí, historiadores de la arquitectura autodidactas pasaron a ser investigadores profesionales y a formar a otras personas, hecho que le resulta de sumo interés a Inés. “Y cuando digo autodidactas quiero expresar que se trata de personas que no habían realizado una formación específica en investigación sin desmerecer la altísima calidad de sus producciones”, aclara.

La carrera de investigación de Inés continuó con una beca en Venecia para realizar su doctorado. “Estuve en primaria, secundaria y en la Universidad Nacional, incluso pude hacer un doctorado con una beca del Ministerio de Educación, es decir, el Estado siempre me apoyó en mi formación y a eso hay que reconocerlo”.

Esa misma beca tenía como condición que volviera a la Argentina luego de realizar su formación. Así lo hizo y en 2002 ingresó como investigadora al CONICET. En ese momento, cuenta, prácticamente no existía su campo de estudio en el organismo. De hecho, ese año ingresaron solamente dos arquitectos. “Años más tarde se consiguió que a quienes estábamos dentro de esas disciplinas nos nuclearan en un área de Hábitat, con sociólogos y geógrafos, por ejemplo, y tuvimos un campo disciplinar propio”.

En 2003, Inés obtuvo el Premio Bernardo Houssay en la categoría Investigador Joven en la disciplina Arquitectura. Fue la primera y única arquitecta en recibir este reconocimiento hasta el día de hoy.

Mientras investigaba, y entre los años 2005 y 2018, también se desempeñó como directora de la Maestría en Diseño de Procesos Innovativos de la Universidad Católica de Córdoba .

Visibilizando a las arquitectas

Inés tropezó con su campo actual de estudio alrededor del año 2012 mientras estaba haciendo un trabajo de investigación sobre las escuelas de arquitectura y su historia.

“Empecé a encontrar datos en los archivos de la Bauhaus, de mujeres que habían tenido un rol muy importante y que posteriormente la historia las había borrado”. Leyendo y profundizando sobre la temática, entendió que esta era una situación que se había dado en todas las áreas y que “había una producción académica muy importante que estudiaba estos procesos como producto de una sociedad patriarcal que pone mayor valor a toda acción emprendida por los varones”.

Efectivamente, como Inés explica en sus charlas, las mujeres siempre construyeron, aún cuando se las excluyó de las Universidades.

Desde las mujeres que pintaron las cavernas en la prehistoria, las que hicieron hábitats, sobre todo de los pueblos originarios, la ruca mapuche, las tiendas de los hopi en América del Norte hasta las masai en África, son todos tipos de viviendas construidas por mujeres y que no se estudian en una facultad de arquitectura”, explica.

A partir de sus investigaciones, sostiene que hubo una operación para desaparecer a las mujeres de los libros de arquitectura”. Es notable (pero no sorprendente) que, incluso, las obras firmadas por equipos mixtos aparecen atribuidas en la literatura a los varones, aún en los equipos liderados por mujeres.

Inés señala que la arquitectura tal como la conocemos, al igual que prácticamente todos los procesos de construcción del conocimiento, la producción artística y la política, se ha erigido sobre múltiples procesos excluyentes en los que la representación universal del ser humano, sobre la cual se toman decisiones, corresponde a un varón blanco, heterosexual, rico, sin discapacidades, algo que, como ya sabemos, deja fuera a una amplia mayoría de habitantes de nuestro planeta.

Si queremos una arquitectura del 99% tendremos que revisar muchas posiciones: el machismo, el colonialismo, la transfobia, etcétera.

Haciendo hincapié en la perspectiva feminista como herramienta de análisis que nos permite revisar conceptos que habíamos naturalizado, indica que en los estudios que hemos realizado sobre los libros de arquitectura canónicos, los que se utilizan para estudiar arquitectura, hemos relevado que, con suerte, solo el 1% de las biografias, o nombres mencionados, pertenecen a mujeres (o mejor dicho a personas a quienes la sociedad asignó ese rol).” Esta simple observación, que pareciera no estar necesariamente vinculada con cuestiones económicas y políticas, nos permite encontrarle sentido a otros datos que son constitutivos de la sociedad patriarcal. Por ejemplo, que el 1% de la propiedad de la tierra está en manos de mujeres.Si entendemos que la arquitectura es una disciplina que opera sobre el territorio, claramente estamos en una total desventaja para poder tomar decisiones sobre el mismo”.

Inés sabe también que las tareas de cuidado no se distribuyen equitativamente y que, en general, somos las mujeres quienes cargamos con la mayor parte. Para intentar paliar esto, en el Workshop Nuestras Arquitectas, que dictó junto con Carolina Quiroga, organizaron en paralelo talleres para niñes.

Ilustración de Ines Moissset, realizada por Andrea Cingolini para Cientificas de Aca. El dibujo está realizado de forma esquemática como si fuera un plano de arquitectura

Comunicación colectiva

En el año 2015, junto con un grupo de arquitectas, Inés decidió crear el sitio Un día | una arquitecta para visibilizar las historias de las mujeres en arquitectura. Fue pensado inicialmente como un proyecto anual para visibilizar 365 historias. Inés se ríe diciendo que había quienes les decían que no iban a poder conseguir tantas. Llevan más de mil biografías y contando.

“El actuar colectivamente ha hecho que algunas de estas reflexiones vayan llegando a las instituciones: universidades, colegios de arquitectos, bienales, exposiciones, publicaciones, sitios de representación donde se excluye a las mujeres”.

Por este proyecto y por su trabajo Inés es hoy una referente internacional en espacios académicos, feministas y de comunicación. Escucharla es permitirnos reflexionar sobre las historias que elegimos contar y contarnos.

La Biblioteca Nacional

Un ejemplo paradigmático de arquitecta invisibilizada es Alicia Dora Cazzaniga. Escuchamos a Inés contar su historia en un encuentro organizado por Ciudad Del Deseo, una colectiva de personas que trabajan alrededor de la ciudad desde su dimensión física, política y simbólica en clave feminista.​

Alicia no fue de las primeras arquitectas racionalistas pero sí fue muy prolífica: trabajó muchísimo, desde que estaba en la facultad hasta que falleció a sus 39 años. Fue una de las iniciadoras de la oam, la Organización para la arquitectura Moderna, un grupo que estaba vinculado al racionalismo alemán y a la Bauhaus. Participó (y ganó) en distintos concursos de Arquitectura y en 1962 obtuvo, junto a Francisco Bullrich y Clorindo Testa el primer premio por el proyecto para realizar el actual edificio de la Biblioteca Nacional, una de las más paradigmáticas obras del brutalismo argentino.

El equipo venía trabajando juntos en diferentes obras y siguieron construyendo en Argentina y el mundo, los tres eran citados por igual en la bibliografía de la época. Incluso Inés explica que a operación de levantar el cuerpo del edificios era una estrategia que Alicia había utilizado con anterioridad. Sin embargo, en la enorme mayoría de referencias arquitectónicas, en los libros y en los folletos aparece Clorindo como único autor de la Biblioteca.

En las notas publicadas en los medios de comunicación cuando Alicia fallece, se leía sobre su influencia como autora e incluso menciona “cuando la biblioteca termine de alzarse en los terrenos de Avenida Libertador y Agüero la obra demostrará que la muerte no pudo con su talento”.

No fue la muerte sino la sociedad la que se encargó de invisibilizar su trabajo.

Este relato forma parte del libro Científicas de Acá que puede comprarse aquí:

Fuentes

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Somos Caro Hadad, Juli Elffman, Vale Edelsztein y Juli Alcain. Buscamos visibilizar a mujeres y personas del colectivo trans, travesti y no binario que se dedican a la ciencia y la tecnología en Argentina.

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Carolina Hadad

Carolina Hadad

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