SaSa Testa: Poner el cuerpo

En el día de la marcha virtual del orgullo LGBTIQ+, te invitamos a conocer la historia de SaSa Testa, una persona de género fluido –no se identifica con ninguno de los géneros binarios– que elige nombrarse con pronombres neutros o masculinos. Dudamos y discutimos mucho acerca de si incluir o no su historia como parte de Científicas de Acá. Sin embargo, SaSa decidió generosamente sumarse al proyecto y compartir con nosotras su recorrido personal y académico. Porque a la visibilización del trabajo de las mujeres y personas del colectivo trans, travesti y no binario en la ciencia argentina, o la hacemos entre todes, o no la hace nadie.

Ilustración: Andrea Cingolani

Fluir (verbo intransitivo)

  1. Correr [un fluido] por un lugar o brotar de él.
  2. Brotar con facilidad y abundancia [las ideas] de la mente o [las palabras] de la boca.

Los seres humanos, al menos los criados en la cultura occidental judeocristiana moderna, tendemos a pensar el mundo en términos binarios. Podemos culpar a nuestro primitivo cerebro de simios: evolucionamos gracias a la capacidad para discernir entre presas y depredadores, y la habilidad para diferenciar las plantas que alimentan de las que envenenan. Bueno-malo, lindo-feo, peligroso-inofensivo. Etiquetamos, definimos, ponemos las cosas que conocemos en cajitas separadas y luchamos denodadamente para que no se mezclen, simplemente porque esa es la manera en la que aprendimos a entender y abarcar la inmensa e indefinible realidad que nos rodea. Categorizamos para comprender, para organizar respuestas rápidas, para saber cómo reaccionar y garantizarnos la supervivencia.

En este mundo binario, solo dos opciones posibles nos son dadas en lo que se refiere al género: o sos nena, o sos nene. Nuestro género, y por ende nuestra identidad, se define y se anota en la partida de nacimiento en función de los genitales con los que nacemos. El cuerpo impone el sexo. La sociedad impone el género. El género impone el destino. Si sos nene, pelota de fútbol. Si sos nena, muñeca, cocinita y escoba. Pero a veces la biología y la fisiología poseen zonas grises: no todas las subjetividades responden a un género unívoco. La autopercepción puede escapar del esquema binario. Podemos no querer encasillarnos en un género. Podemos sentir que no somos ni mujeres ni varones. Podemos circular, cambiar, no estancarnos. Podemos elegir otra cosa para nuestra vida. Podemos ser algo diferente. Podemos fluir.

Cuando SaSa Testa nació, le fueron asignados un nombre y un género que nunca pudieron acoger ni expresar todo lo que implicaba vivir en un cuerpo que no se sentía bien siendo mujer, pero tampoco siendo varón. Con el tiempo, y gracias a algunos cambios sociales que habilitaron opciones por fuera del esquema binario, SaSa pudo autopercibirse como una persona de género fluido. Elegir quién quería ser le permitió nombrarse. Y es que, hasta hace muy poco tiempo, la tinta con la que anotaban nuestro género era indeleble: una vez escrito, no podía cambiarse. Nena o nene. En caso de ambigüedades, el personal médico se ocupaba de definir. Pero en el año 2012 se sancionó en la Argentina la Ley de Identidad de Género, que establece que la identidad es “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”. El problema, dice SaSa, es que la ley muchas veces no se conoce, o no se quiere conocer. “Somos las mismas personas a quienes supuestamente protege las que tenemos que transmitir su contenido, y no siempre logramos ser respetadas”.

Nombrarse para existir

SaSa tiene un compromiso militante con la palabra. Acaso porque conoce de primerísima mano el poder de lo que se dice y lo que se calla, nunca empieza a hablar antes de tener muy claro qué quiere transmitir y cuál es la mejor manera de expresarlo. Todavía tiene fresco el registro del daño que puede provocar una palabra incorrecta. SaSa sabe que todo lenguaje es político, que solo se conoce lo que puede nombrarse y que no hay realidad sin palabras que la enuncien.

Cuando, después de muchos años de incomodidad y malestar, decidió visibilizarse como una persona trans no binaria y pidió que usaran solo pronombres masculinos o neutros para hablarle, empezaron los problemas en la escuela donde hasta entonces trabajaba como docente de literatura. No lograba que colegas y directivos dejaran de utilizar su nombre anterior y los apelativos femeninos. No estaba pidiendo más que un trato digno, el respeto por su identidad de género: que usaran el nombre que había elegido para sí en lugar de aquel que le había sido impuesto. La academia está mayormente habitada por varones heterocis .Me ha pasado que intelectuales de trayectoria se rieran de mi identidad, que me llamaran con pronombres femeninos o que hablaran de mí como ‘la profesora Testa’. Por situaciones como esta, el tránsito académico sigue siendo un acto de resistencia para el colectivo trans.

Finalmente, después de un año y medio de espera, inició acciones legales para reclamar el cumplimiento de la Ley de Identidad de Género con la ayuda y el asesoramiento profesional de Yamila Cirigliano y de la Red de abogadas feministas. Pero el trato violatorio de su identidad no terminó ahí.

En mi caso, habitar la academia sigue siendo un acto de resistencia y una oportunidad para hacer pedagogía: el sistema no está preparado para las personas trans. Yo resistí, pero tal vez otra persona no aguanta el maltrato y por ese motivo no completa sus estudios. ¿Con qué derecho alguien puede cercenar la educación de otra persona por su identidad de género?

Desgenerar los formatos

SaSa es especialista superior en conducción de las instituciones educativas de nivel medio y equivalentes: especialista superior en profesore tutore (Instituto Superior Dr. Joaquín V. González) y flamante magister: en mayo de 2020, en plena pandemia, defendió de manera virtual su tesis de maestría y se convirtió en la primera persona egresada de la maestría en Estudios y Políticas de Género (UNTREF).

En su tesis, se pregunta por qué las performances drag king parecieran tener menos visibilidad que las performances drag queen, al menos en la escena cultural de la ciudad de Buenos Aires entre 2006 y 2019, recorte específico de su investigación. ¿Qué tabúes se tocan cuando se cuestionan y exacerban los rasgos y las expresiones de género que el patriarcado construyó para habitar la masculinidad cis hegemónica?

No quería limitarme a hacer una tesis académica con la estructura clásica, necesitaba decir algo más. Hablar de la performance drag king fue un vehículo que me permitió abrazar mi identidad de género y pensar en la posibilidad de otros modos de habitar el universo de lo masculino y lo femenino. Y es que, como dice Dora Barrancos, no hay una categoría óntica para definir qué es ser mujer ni qué es ser varón. Tenemos que empezar a desarmar los modos de gestión del heterocispatriarcado, que han sido muy nocivos.

La última parte de la tesis es también la más personal: en ella, SaSa relata sus experiencias performáticas y sus experimentos con la testosterona en gel, y de esta manera se vuelve protagonista de su investigación. Siguiendo los pasos de Paul Preciado, des-generando el formato académico para acercarlo al género narrativo e incluso a la autobiografía y jugando con el cambio entre la primera y la tercera persona, SaSa pone el cuerpo –metafórica y literalmente–, y se convierte en un objeto de estudio que reflexiona sobre su propia transición. La ruptura del esquema binario y la fluidez alcanzan entonces su grado más alto: son el contenido, pero también la forma de una tesis que no solo enuncia, sino que también propone.

Ilustración: Andrea Cingolani

En primera persona

A veces, en lugar de narrar una vida, simplemente hay que dejar que se escuche la voz de la persona que la protagoniza. Por lo intransferible de la experiencia, por lo único de la vivencia y por lo especial del camino recorrido, la de SaSa es una de esas historias que solo pueden contarse en primera persona.

Somos pocas las personas trans que hemos tenido el privilegio de ingresar, permanecer y egresar de una carrera universitaria. Somos menos todavía las que hemos llegado al posgrado. Y somos muy pocas las que estamos adentro del sistema científico. Históricamente, el sistema educativo ha sido muy expulsivo con las identidades que escapamos de la heterocisnorma. Por eso es importante que existan proyectos que permitan visibilizarnos y demostrar que las personas no cis también estamos haciendo ciencia.

Una situación como la mía, dentro del colectivo al que pertenezco, no deja de representar un privilegio: la mayor parte de la población trans, travesti y no binaria no accede a una beca doctoral. Una de mis luchas personales, y uno de los motivos por los que decido hablar y visibilizarme, es porque anhelo que toda persona trans, travesti o no binaria que lo desee pueda habitar el sistema académico en condiciones amables, y que nuestra permanencia no represente un acto de resistencia, sino un tránsito de aprendizaje, producción y divulgación de conocimiento más allá del propio saber encarnado, que también es fundamental.

Hacer ciencia es un ejercicio político, es una herramienta de transformación social y puede operar cambios que afecten a una gran cantidad de personas. No creo que pueda salvar al mundo, pero tal vez con mi trabajo ayude a pensar que otras masculinidades son posibles y de esa manera pueda acompañar la transición de otras personas.

Yo tuve el privilegio de acceder a un capital cultural con un valor simbólico, saberlo me obliga a ser humilde y pensar qué hago con todo eso en mi práctica profesional. No es lo mismo usarlo para el propio interés y el crecimiento personal que ponerlo a disposición de la comunidad. La academia que quiero transitar, con la que sueño y la que deseo profundamente, es más sensible y humana, y está atravesada por el transfeminismo.

Agradecemos a SaSa Testa por las entrevistas personales brindadas en 2019 y 2020 para escribir esta historia, por su lectura atenta y crítica, sus comentarios y sugerencias y muy especialmente por aceptar la invitación para formar parte de Científicas de Acá.

Este relato forma parte del libro Científicas de Acá que puede comprarse aquí:

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Somos Caro Hadad, Juli Elffman, Vale Edelsztein y Juli Alcain. Buscamos visibilizar a mujeres y personas del colectivo trans, travesti y no binario que se dedican a la ciencia y la tecnología en Argentina.

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Julieta Elffman

Julieta Elffman

Periodista. Editora. Parte de @cientificasaca . Directora en @tantaaguaeditorial. Docente en @tecenedicion. Estudiante crónica. 💚 www.tantaagua.com.ar

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