Parte II: El poder de los lugares

Una conversación con Ximena Ocampo Aguilar, Arquitecta y cofundadora de dérive LAB en Querétaro, México. (En caso de que te hayas perdido la primera parte, la puedes leer aquí.)

“Cebras por la Vida”, infraestructura que dignifica la vida cotidiana.

Deambular por la ciudad guiados únicamente por los sentimientos. Utilizar un mapa de Londres para navegar Berlín. Remezclar una imagen publicitaria para retransmitir un mensaje político. Estas muestras lúdicas de resistencia fueron algunas de las herramientas inventadas por la Internacional Situacionista, un colectivo político y artístico formado en 1957 y disuelto a principios de los años 70’s. (Piensa: El surrealismo se encuentra con la ciudad).

En aquél momento, proyectos de renovación urbana a gran escala habían transformado ciudades como París, Nueva York y Londres en modelos con rascacielos genéricos, autopistas y otros elementos de diseño hiperracionales destinados a eliminar el aparente desorden provocado por los usos mixtos de suelo y la vida a nivel de calle. Los Situacionistas observaron cómo la reconfiguración de las ciudades en torres blasé había aplanado también nuestra vida al interior -aislando psicológicamente a la gente de sus entornos, sus emociones y la convivencia entre sí.

Sus experimentos exaltaron los actos cotidianos (por ejemplo, caminar al trabajo) como una oportunidad para generar momentos improvisados de curiosidad, intervención y juego que desafiaran el espíritu reinante de la cultura posguerra basada en optimizar la vida en la ciudad para la producción y el consumo económico.

Aunque los Situacionistas se burlaban del teatro político con sus edictos entrometidos y sus telegramas amenazantes a gobiernos nacionales, su rechazo hacia la lógica capitalista no es ninguna broma hoy en día. De hecho, sus ejercicios reflexivos son útiles para evaluar el valor de los productos de Smart City y Big Data. Las formas alternativas de ver y valorar la vida en la ciudad desde la creación de un Protocolo de Datos de Vida Pública por Gehl Institute, hasta la crítica de Bianca Wylie sobre la mercantilización de los datos de comportamiento humano son muy necesarias. A medida que lidiamos con cómo la tecnología y los datos que ésta genera están moldeando nuestras ciudades y nuestras identidades — desde artículos tecnológicos personales hasta decisiones algorítmicas — ¿puede el marco Situacionista ayudarnos a evaluar más críticamente nuestro paradigma urbano impulsado por el mercado actual?

En la segunda parte de la serie El Poder de los Lugares, conversamos con la arquitecta Ximena Ocampo, cofundadora de dérive LAB. Su estudio retoma las ideas Situacionistas para diseñar espacios públicos como experiencias abiertas y sin guiones y para volver a familiarizar a las personas con el caminar como una tecnología de transformación.

Caminar para descubrir la arquitectura local en Querétaro, México.

¿Cómo definirías una ciudad?
La ciudad es un organismo vivo. Es algo que no está definido y se moldea a través de nuestras acciones diarias; ya sean conscientes o inconscientes, colectivas o individuales.

Cuéntanos sobre dérive LAB. ¿Qué te inspiró a comenzar una oficina basada en la tradición Situacionista de la exploración urbana sin límites?
El laboratorio fue fundado por Francisco — mi compañero y esposo — y yo. Francisco es psicólogo social y yo soy arquitecta y diseñadora urbana. Al formar el laboratorio, consideramos que el legado Situacionista de “psicogeografía,” definido como la relación entre las emociones humanas y el entorno, representaba el punto de encuentro perfecto entre nuestras disciplinas. Elegimos la “dérive,” una técnica situacionista de movimiento no planificado a través del espacio urbano, como una guía tanto para el nombre y metodologías, como para nuestro propio entendimiento de la ciudad.

Actualmente, dérive LAB tiene un tercer socio, Chucho (mi hermano), que es también arquitecto y artista. Estos tres perfiles nos han permitido expandir nuestro alcance hacia el entorno urbano. Hoy en día, llevamos a cabo proyectos de investigación, diseño y acción en tres escalas distintas: la vida pública, el entorno construido y los objetos cotidianos.

Más de 300 personas, de las cuales 41 eran niños y niñas y 18 adultos mayores, escribiendo y dibujando sobre sus lugares y temas favoritos de la ciudad de Querétaro, en México.

¿Cuál es su aproximación a los datos urbanos? ¿Cómo los integran a su oficina?
¡Nos encantan los datos! Sin embargo, basarse únicamente en el big data puede ser riesgoso, ya que nos mantiene alejados del tema en cuestión — especialmente si se están analizando datos sin haberlos recolectado personalmente. Los datos sostienen una brecha entre las personas que los consumen y las personas a quienes representan, creo que rara vez producen empatía y generalmente pasan por alto las historias detrás de lo que hace que una ciudad sea una experiencia personal y vivida: un sentido de pertenencia con las personas que nos rodean y la habilidad para imaginar y planificar nuestro futuro, lo cual me recuerda a una frase de Sisonke Msimang: “las historias son el antídoto contra el prejuicio”.

La vida de una ciudad realmente no se trata de los hechos, pues no hay una verdad absoluta, sino muchas verdades, muchas versiones tanto del presente, como del pasado y futuro de cada uno de sus habitantes. Los datos son, por lo tanto, una sola representación de la vida sin matices. Pueden representar hechos y situaciones, pero no son el fenómeno en sí mismo; los datos pueden sugerir un camino, pero lo que realmente importa es todo aquello que encontramos detrás de ellos. Los espacios físicos pueden comunicar a través de la generación de datos, pero actúan mucho más como un símbolo o un nodo de lo que realmente representan, permiten y significan. El espacio es mucho más enfático que la información — es aquél lugar donde nuestras historias acontecen.

Cuando llevas grupos a la deriva, ¿qué es lo que más les sorprende? ¿Qué descubren sobre ellos mismos a través de los espacios físicos?
Uno de los hallazgos más comunes, especialmente cuando caminamos con locales, es la noción de distancia, la cual es tergiversada constantemente por el uso del vehículo y el transporte público. Al caminar, las personas se percatan de la cercanía entre distintos lugares y barrios y los fragmentos y espacios de los que se pierden entre su origen y destino. Por ejemplo, en una de nuestras caminatas recientes por Hong Kong, exploramos el olor de la calle, ya que es algo que no se percibe normalmente desde un carro o un autobús, sin embargo tienen el poder de conectarnos con recuerdos de personas, lugares o situaciones.

Una mesa de 21 metros, alrededor de la cual distintas personas se reunieron para interactuar, expresar ideas, frases y dibujos de Querétaro.

Adam Greenfield, un académico urbanista y escritor comentó en una entrevista sobre su libro “Tecnologías Radicales” que “la eficiencia es una virtud neoliberal”. ¿Consideras que su trabajo intenta desafiar nuestros valores culturales en torno a la eficiencia?
Definitivamente. Creemos que la eficiencia es un valor económico que no se debe transponer necesariamente a las áreas sociales o al entorno urbano. En ocasiones, ganar eficiencia en la ciudad es sinónimo de perder relaciones interpersonales, romper de tejido social y, citando nuevamente a los Situacionistas, sacrificar la creación de “situaciones”. Una de nuestras frases favoritas del arquitecto italiano y experto del caminar, Francesco Careri, es “chi perde tempo, guadagna spazio” (quien pierde tiempo, gana espacio).

Creemos algo muy similar en lo que al orden se refiere, probablemente influenciada por nuestros países de origen, México y Colombia. Los lugares que parecen carecer de orden pueden, en realidad, generar alternativas nuevas de organización y beneficios para la población. Un gran ejemplo de esto es un tianguis, un mercado tradicional que surge de manera espontánea en la calle un día a la semana. Quizás ésta no sea una alternativa eficiente o fácilmente escalable, pero genera trabajos, atrae bienes accesibles a diferentes barrios y responde a condiciones hiper-locales, además de generar oportunidades para que las personas socialicen en la esfera pública.

¿De qué maneras figura la tecnología en tu práctica?
Francisco siempre dice que la tecnología es una promesa no cumplida (al menos en nuestros países), así que somos muy escépticos y críticos de las nuevas tecnologías, pues creemos que los costos son muy altos (los costos sociales por encima de los económicos), sobretodo en nuestros países, donde más de un tercio de la población vive en condiciones de pobreza. Por ejemplo, tenemos gran interés en los sistemas de bicicletas compartidas, sin embargo, estamos conscientes que no serán útiles para la mayoría de la población, mientras la única manera de acceder a ellos sea a través de una tarjeta bancaria.

Entonces, ¿está brindando la tecnología oportunidades o es solamente simplemente otra forma de segregación? Si no podemos encontrar un camino real para mantener las promesas de la tecnología a la gran mayoría de la población en el corto plazo, entonces la smart city, como se entiende actualmente, será solo otro enfoque neoliberal para mercantilizar y estratificar la ciudad por clases.

Un paseo nos lleva a los mundos aparentemente conocidos de las ciudades, mundos que han sido ignorados, o pasados por alto en la ciudad. Querétaro, México.

¿Puedes imaginar un sistema de tecnología que expanda la perspectiva y apreciación por la diversidad de la vida en la ciudad?
No quiero sonar cliché o romántica, pero creo que jamás habrá una mejor tecnología que nuestro propio cuerpo atravesando un espacio para entender y apreciar la ciudad. ¿De qué otra manera podríamos percibir los distintos olores, tener conversaciones o toparnos con una vecina?

No estoy negando la importancia y necesidad de algunas tecnologías en nuestra vida cotidiana; sin embargo, no creo que debamos empeñarnos en reemplazar los métodos actuales de desplazamiento y manejo de las ciudades por el bien de la tecnología. El concepto de calles compartidas, por ejemplo, es uno de nuestros: propone eliminar los elementos que consideramos necesarios para el orden de la ciudad como semáforos, cruces peatonales, señalización, entre otros, y depurar la calle de manera que su funcionamiento dependa de nuestro comportamiento social. ¡Eso es tecnología!

Quizás necesitamos volver a aprender las acciones más básicas de la humanidad: caminar; caminar más, caminar mejor, caminar conscientemente.

Lecturas Sugeridas:
Francesco Careri (2016). Walkscapes: walking as an aesthetic practice.

dérive LAB (2014–2015) Inclusive city design tools

dérive LAB (2015). The First Manual for Shared Streets in Spanish

Editorial El Caminante: Selected Publications

If you’d like to see more stories about human-centered design, smart cities, and ways of seeing we love, follow the City-as-a-Service blog :)