Ciudadanía sobre Liderazgo

By Tobias Mayer. Translation by Veronica Vera.

“Bien pronto se han desviado del camino que Yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto.’” — Éxodo 32:8

El liderazgo es una palabra muy querida en la cultura empresarial de estos días, y quizás también en el mundo sin fines de lucro. Tenemos líderes serviciales, líderes de opinión, líderes valientes, líderes abiertos, y líderes tribales, por nombrar sólo algunos. Tenemos reglas de liderazgo, leyes de liderazgo, principios de liderazgo, y lecciones de liderazgo. Todo el mundo quiere ser un líder, o encontrar uno a quien seguir.

Este es otro ejemplo de la cultura de solución rápida en la que vivimos. Buscamos gente que nos digan qué hacer o cómo pensar. Buscamos fórmulas, procesos, pasos, procedimientos, cualquier cosa que haga más fácil la vida del trabajo, y luego, inevitablemente, el tener también algo, o alguien, a quien culpar cuando las cosas no salen bien. Se desechan algunos procesos para tomar otros, se promociona el próximo libro “Las 5 formas de…” o “Las 8 Leyes de…” y así una nueva tendencia/moda comienza. En todo este afán por La Nueva Forma, pasamos por alto la responsabilidad individual. Nos olvidamos de la buena ciudadanía.

El concepto de ciudadano es elegante y simple. Manteniendo un equilibrio entre los derechos y responsabilidades, el buen ciudadano da y recibe en igual proporción. Ningún ciudadano es más o menos importante que otro, y cada uno ofrece lo que puede, mientras cosecha las recompensas de la ciudadanía en su conjunto. El buen ciudadano está presente en cuerpo y espíritu para sus vecinos, y para su comunidad; y contribuye con tiempo y con impuestos para el mantenimiento y mejora de su ciudad. Una ciudad es construida por sus ciudadanos, y cuanto más se involucran en el proceso, más llegarán a amar su ciudad, y por lo tanto a cuidar de su infraestructura, su cultura y sus habitantes.

Mapeando esto con el mundo del trabajo, sea remunerado o voluntario, podemos ver la organización como la ciudad, el departamento como el barrio, y el equipo como la comunidad personal. Así como tenemos amigos en diferentes partes de una ciudad, podemos tener compañeros de equipo en diferentes departamentos de toda la organización, y encontramos nuestras propias maneras de mantener y nutrir esas relaciones. Las expectativas del trabajador en la empresa deben ser las mismas expectativas que se tiene del ciudadano: será responsable por el bienestar de sí mismo y de los demás, tendrá interés en la comunidad y la política, y levantará su voz ante la injusticia. Esto es liderazgo.

En cuanto a la cita bíblica en el inicio de este post, no estoy fascinado con la idea de un Dios que comanda, así que he leído los mandamientos como un manifiesto (aunque un poco duro) para la buena ciudadanía. Es algo básico: no mentir, no engañar, no robar, no matar; actuar con honor; y no idolatrar. Es esta última parte (en realidad, mandamientos 1 y 2) lo que interesa aquí, y es el tema del pasaje del Éxodo de arriba. Pareciera no haber lugar para mi idea de un manifiesto a favor de la buena ciudadanía, pero creo que tal vez sí lo hay.

Sin tener en cuenta el concepto de una deidad invisible y todopoderosa, podemos interpretar los dos primeros mandamientos como consejos para no mirar afuera de uno mismo, en busca de algo que nos arregle o algo que idolatrar. Así como los antiguos adoptarían, y luego dejarían de lado, un dios tras otro, ya que cada uno resultó ser inadecuada para sus necesidades, así también nosotros, por las mismas razones, vamos saltando de un líder a otro o de un proceso a otro. Después de varios miles de años de este comportamiento, quizás llegó el momento de una retrospectiva.

Cada uno de nosotros tiene la capacidad de presentarse en la vida de una manera holística, de estar presente, de escuchar y de aprender. Mucho de esto es eliminado por el sistema escolar, pero ese es un tema demasiado vasto para abordarlo aquí. El punto es que nos hemos vuelto perezosos. Nuestra búsqueda del líder perfecto es una señal de esa pereza. Es un alejamiento de la búsqueda de nuestra propia verdad, y de vivir cada uno su vida hacia su propio potencial.

En vez de estar mirando hacia afuera en busca de respuestas, tal vez podríamos pasar más tiempo mirando hacia nuestro interior. Si buscamos ser buenos ciudadanos, en lugar de tener buenos líderes, quizás entonces el ambiente en el que trabajamos comience a cambiar.

__

Original post, Citizenship over Leadership