El Poder de la Inacción

By Radu Davidescu. Translation by Veronica Vera.

Nuestro primer hijo, Sasha nació el 20 de diciembre de 2006, fue el gran regalo de Navidad. Como todos los padres, tocábamos el cielo con las manos. Sasha era un bebé muy saludable, con una gran sonrisa.

Al quinto día, el labio superior cambió a un tono rosado pálido. En pocos días, la mancha se extendió y se hizo más fuerte el color, convirtiéndose en un rojo púrpura. Del cielo pasamos directo al infierno. Empezamos a visitar pediatras y en pocos días ya éramos expertos en hemangioma.

Además de la eterna pregunta de “¿por qué?”, Mi esposa y yo comenzamos a preguntarnos, “¿qué podemos hacer?”. Era la típica situación que requería una acción rápida y audaz.

Visitamos los mejores médicos en Bucarest. Todos ellos explicaban sus tratamientos que iban desde hielo carbónico a láser, tratamiento nuevo y experimental con láser de luz amarilla. Todos los tratamientos venían con un precio, prometiendo resultados y riesgos. A veces, los riesgos eran simplemente frases como esta “no tenemos suficientes datos, pero hasta ahora, las cosas han ido muy bien con los pacientes previos”.

Estábamos a punto de hacer un llamado y decidir el tratamiento, pero hicimos una última visita a un médico dermatólogo muy experimentado. El señor Dan Forsea no nos ofreció una cura, en vez de eso nos dio una importante lección de vida.

Muy cuidadosamente examinó a nuestro hijo, y luego se volvió a nosotros y nos preguntó:

“¿Por qué quieren hacer una intervención?”

Estábamos impactados. ¡Qué! ¿Estas loco? Mira su cara. Nos hervía la sangre por dentro del enfado, y mi primera reacción fue pensar que este doctor quería burlarse de nosotros. Pero, al darse cuenta de esto, él nos miró directamente a los ojos y continuó:

“Relájense, entiendo cómo se sienten”

Y luego, con calma nos explicó que la hemangioma de Sasha era te tipo estética. No ponía en peligro su salud, entonces ¿por qué la prisa de tomar acciones? Él nos habló de una manera muy impactante: “Tengo el láser aquí, puedo hacerlo ahora mismo, no hay problema, pero hay un riesgo. ¿Cómo le van a explicar a él a los 18 años, que nunca le va a crecer la mitad del bigote? Porque ese podría ser el caso”.

Luego de un minuto de completo silencio, él continúo:

“¿Entonces?…”

¡Nuestro paradigma cambió por completo! Pasó el resto de la consulta describiendo cómo podríamos hacer frente a la presión social y lidiar con nuestros propios miedos. Explicó cómo la tecnología va evolucionando y, si la situación no mejoraba, Sasha podría tener una intervención más adelante. El cuerpo humano es algo complejo. Estas son sólo células malas que tomaron el control de una parte. Las buenas, las células normales van a contraatacar y, con el tiempo, sustituirán al hemangioma.

Y esto es exactamente lo que pasó. La hemangioma se convirtió en la marca de Sasha. Cuando empezó a hablar, nos preguntó por qué el labio era rojo y se lo explicamos. En el parque, eligió relacionarse solo con los niños que no se burlaban de su labio. En el jardín fue tomando más consciencia de su situación y con calma explicó a sus amigos, y también a algunos médicos lo que es la hemangioma.

Mientras tanto, como padres nos enfrentamos a una enorme presión social, a veces incluso de nuestros parientes. Nos juzgaban por no tomar acción con Sasha. Necesitamos de ocho a nueve años para que esa presión social se calmara.

En un mes, Sasha va a cumplir 9 años. Con cero tratamientos, cero dinero gastado y cero riesgos para su futuro, la hemangioma es historia. Todo lo que Sasha necesitaba de nosotros era paciencia, fe y buena voluntad.

Entonces, ¿cuál es la lección?
No, no es que no debas tomar acciones médicas, especialmente cuando la salud de tu hijo está en juego. Sino que se trata de ser escéptico, abrir la mente y tratar de ver las cosas desde múltiples perspectivas.

El cuerpo humano es (de hecho) un mecanismo muy complejo. Aquellas acciones brutales, tomadas bajo presión, inducen a resultados futuros impredecibles.

Incluso el juramento Hipocrático lo dice claramente:

Primum non nocere (Primero, no hacer daño)

Raramente estamos satisfechos por nuestras inacciones y la acción es vista como la única vía para crear resultados diferentes. Incluso no actuar puede también ser juzgado como postergación. Pero en el caso de los sistemas complejos que están influenciados por una gran variedad de fuentes y generan múltiples reacciones, un enfoque reduccionista básico de causa/efecto puede inducir a problemas inesperados.

Esta es una historia real, escrita como un servicio a los padres que pueden llegar a enfrentar este problema.

También fue escrita para crear conciencia y aprecio por el poder de la inacción, un poder real con demasiada frecuencia olvidado, ignorado o tal vez ni siquiera comprendido.

Gracias por leer.