De cobardías y simulaciones

Por Ángel Romero

El Papa, Ayotzinapa y Carlos Marín

“Imposible medir el sufrimiento” se titula el artículo de hoy de Carlos Marín en Milenio.

El encabezado hace referencia a las palabras del vocero oficial del Papa Francisco, Federico Lombardi, quién ante el cuestionamiento de si el pontífice recibiría o no de manera privada a los padres de los normalistas de Ayotzinapa en la misa que oficiará mañana en Ciudad Juárez, respondió:

Yo pienso que hay la disponibilidad del papa porque en su misa estén presentes y sin hacer diferencias de algunos, si sufren más, o de otros que sufren menos…

Agregando Lombardi:

Es un poco extraño que se tenga que presionar en particular al papa lo que tiene que hacer.

Carlos Marín editorializa su articulo (en clara alusión al enorme número de desaparecidos en nuestro país) con un enunciado final que enfatiza las palabras del vocero papal:

Nada hay que distinga la magnitud del dolor de unas y otras familias.

Cobardía intelectual de Carlos Marín

La insinuación de una sobredimensión moral y mediática de la matanza en Ayotzinapa es lo que se lee entre líneas en el ambiguo y temeroso editorial de Marín.

Es indiscutible que el lenguaje esgrimido por del Papa Francisco en su visita a México se ha caracterizado por ser cuidadoso y diplomático: las alusiones y las generalidades abundan para abordar las problemáticas político-sociales de nuestro país. Basta recordar sus discursos ante el Presidente Peña en Palacio Nacional o su alocución indigenista ayer lunes en Chiapas.

El Papa activista y global, directo y punzante de los Foros mundiales se ha diluido en el papa del sermón litúrgico en México.

Pero que la narrativa y las conductas del Papa Francisco tengan este cariz mesurado y políticamente correcto (entendible en su visita como Jefe de Estado) no debería servir como coartada para disimular las posiciones reaccionarias e inmorales de los “opinadores” profesionales de este país, repleto de servidores del poder, hipócritas y simuladores.

Una audiencia privada del Papa con los familiares de los normalistas no constituye en absoluto el privilegio de un dolor sobre otro, sino la negación práctica y moral a la estrategia de descomposición y olvido echada a andar por el Estado mexicano.

Foto de: hugosadh