Exuberancia Desencadenada

Twitter ha anunciado recientemente que va a prohibir todos los anuncios relacionados con las criptomonedas, incluyendo aquellos que ofrecen asesoramiento al trading. Twitter sigue el ejemplo de Google quien a su vez siguió el de Facebook, que prohibió en su plataforma la publicidad promocional de criptomonedas (incluyendo bitcoin, ethereum y las ICOs) a principios de año. El espacio de las divisas virtuales se percibe cada vez como difícil de limpiar de fraudes y otros timos.

Era de esperar, pero resulta bastante cachondo que bitcoin, un intento de crear un almacén seguro de valor similar al oro (debido a su masa monetaria controlada, fuera del alcance de los intereses particulares de los bancos centrales) se haya convertido en el activo más especulativo, con los bandazos más bestias que cualquier otro forex. Después de todo, el mercado pone precio a las expectativas y en el caso de bitcoin el rango de estas es extremadamente amplio.

Sin embargo vamos a focalizarnos aquí en otra aplicación controvertida de la tecnología de blockchain conocida como Initial Coin Offerings, o ICOs en breve. Una ICO es un mecanismo de financiación mediante el cual una compañía crea y vende sus propias “cripto fichas” a cambio de dinero. De alguna forma es similar a las Initial Public Offerings (IPOs) o “salidas a bolsa” en las que los inversores compran acciones de una firma, ya que se supone que el dinero se destinará a financiar los proyectos de la compañía.

Las ICOs son un fenómeno relativamente nuevo pero rápidamente se han convertido en un tema dominante frente al modelo tradicional de financiación de proyectos. Indicativo de su crecimiento, al final del 2017 la cantidad de dinero obtenido por compañías tecnológicas mediante ICOs ya había superado al del capital riesgo (venture capital o VC).

Ahora bien, consideremos también que hubo menos compañías financiadas mediante ICOs, pero que la cantidad media de fondos conseguidos mediante las ICOs fue 3 veces superior a la cantidad media de capital riesgo para la fase temprana (6.4 vs 19.2) y un alucinante 13 veces superior para la fase semilla (1.4 vs 18.5). Añadamos a esto también el hecho de que la mayoría de ICOs exitosas, incluyendo las más gordas, no tenían ni ventas, ni leads, ni siquiera un prototipo de su producto en el momento de financiarse, y podemos vislumbrar como se está formando aquí una burbuja muy peligrosa.

Por descontado, blockchain es un sistema realmente innovador, una aplicación muy inteligente de principios criptográficos, pero no caigamos aquí presa del juego circense de humos y espejos. En el fondo no importa que seamos expertos en la metodología de llave asimétrica que sustenta a blockchain. Lo que realmente importa en cualquier inversión consiste en entender qué tipo de apuesta se está haciendo, y la tecnología es sólo una de las formas en que se puede llegar ahí. ¿Cuál es la hipótesis sobre la que estamos apostando?

Blockchain en esencia es un sistema distribuido de fichas. Los podemos llamar monedas, cupones, acciones u otros nombres dependiendo del contexto, pero lo que importa es que las fichas en un sistema de blockchain no precisan que una entidad central actúe como garante de su integridad, la fiabilidad queda garantizada de forma irrefutable por las matemáticas. Por supuesto eso tiene un coste adicional en términos de capacidad de proceso y almacenaje, y puede que bitcoin en particular (debido a que usa la metodología POW) puede que sea una de las tecnología menos “verdes” de la historia. Pero ciertamente permite un nivel de descentralización sin precedentes.

¿Eso tiene sentido? Sin duda lo tiene, aunque en mi opinión la descentralización sólo es relevante en muchos menos casos de los que se suelen asumir si uno se cree las exageraciones que se van contando por ahí. Considere por ejemplo bitcoin, que se vende como el futuro del dinero digital, la mejor solución para realizar transacciones en internet debido a su naturaleza distribuida. La realidad es que, aunque tan imperfectas como cualquier otra tecnología, las tarjetas de crédito son más rápidas y más fiables para esos escenarios precisamente debido a su naturaleza centralizada.

Vale la pena recordar que el propio Internet nació a finales de los sesenta en el DARPA, el brazo de investigación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, como un sistema de comunicaciones descentralizado que pudiese sobrevivir a la amenaza de guerra nuclear que presentaba en aquel momento la Unión Soviética, de forma que la red pudiese continuar siendo operativa incluso si perdiese un número considerable de nodos. Sin embargo las necesidades cambiantes de la globalización han sido una fuerza motriz de eficiencia a través de la centralización, y hoy en día la pérdida de un sólo cluster puede provocar un apagón a escala nacional. Lo mismo sucede con el minado de criptomonedas, que teóricamente podría estar muy fragmentado pero que en realidad se haya concentrado en una pocas granjas de minado de tamaño masivo porque, bueno, es más eficiente así.

Volvamos a nuestra pregunta original en el contexto de las ICOs, que permiten conseguir fondos para un proyecto vendiendo fichas (“acciones”, si lo prefiere) sin la necesidad de una autoridad centralizada (como sería la Comisión Nacional del Mercado de Valores o CNMV). ¿Había realmente un problema logístico antes? Para nada. Lo que sucede en la práctica es que la tecnología de blockchain se está usando para pasarse por el forro los requisitos tradicionales que estos organismos oficiales exigen para la venta de nuevos instrumentos financieros. ¿Así que cuál es la hipótesis a la que se está apostando? Que los países se olvidarán de pronto de sus entidades reguladoras, que lanzarán su soberanía por la ventana y que permitirán tanto los flujos transnacionales de dinero sin restricciones como la emisión ilimitada de nuevos instrumentos financieros.

Incluso para un creyente devoto de la globalización y el progreso tecnológico como yo, esa es una historia difícil de tragar. Estoy convencido de que blockchain será transformativo en una serie de situaciones en las que la distribución es un problema clave, pero no será en este caso. Tanto si usted cree que las protecciones existentes favorecen al consumidor o a la industria, lo más probable es que los gobiernos reprimirán estos experimentos y los pondrán de vuelta bajo el control de las autoridades regulatorias.

El anuncio hace unos días de que el SEC estadounidense ha abierto docenas de investigaciones en relación a las criptomonedas y las ICOs ha lanzado los precios en caída libre, y prepárense porque hay más por venir, ya que la ausencia de supervisión ha alimentado una exuberancia desencadenada de proporciones épicas. Cualquier cosa que tenga la pegatina de “blockchain” encima vende millones. El canto de sirena bien puede ser la compañía de bebidas neoyorkina Long Island Iced Tea, cuyas acciones subieron un 200% cuando cambió su nombre a “Long Blockchain Corp”. Muchos otros ejemplos de compra irracional abundan, como es el caso de Dogecoin, una criptomoneda sin otra característica relevante que tener el perro Shiba Inu dog del meme de Internet “Doge” como logo… pero de todas formas llegó a alcanzar un valor de mercado de 2 billones de dólares.

El espacio también esta plagado de estafas sutiles y no tan sutiles. Tomemos por ejemplo la reciente ICO de Eligma. Presentada como “una plataforma de comercio cognitivo dirigida por inteligencia artificial” (vete a saber qué significa eso) detrás de esa parrafada no han nada más que un documento de texto que le añade una cubierta caramelizada de criptodivisas a ideas de e-commerce bastante denostadas. Parece que la poción mágica de blockchain puede rejuvenecer hasta las propuestas tan carrozas como el publicar anuncios digitales (“whether uLike it or you don’t”) sin realmente cambiar para nada el modelo de negocio subyacente. Y algunos que hace unos años no tuvieron éxito transformando un fallido mercado de talento en una “red social profesional” que nunca despegó, ahora tienen otra oportunidad de seguir viviendo del cuento a costa de crédulos inversores etiquetándose como un “ecosistema profesional descentralizado”, gracias al poder de blockchain.

La ausencia de supervisión en las ICOs de blockchain ha alimentado una exuberancia desencadenada de proporciones épicas.

Una vez se hayan formulado y regulado de forma oportuna, las ICOs jugarán un rol importante en la combinación de opciones disponibles de financiación y, de forma similar al crowdfunding, contribuirán a reducir el coste de capital para una startup. Sin embargo, no representan una amenaza real al mecanismo tradicional de financiación por VC. Con el capital riesgo inteligente el dinero es sólo una fracción de la propuesta de valor completa, porque una inversión viene acompañada también de experiencia, contactos, y un compromiso de trabajar mano a mano para logra el éxito. Por ejemplo, en Conexo Ventures nuestra estrategia está dedicada exclusivamente a seleccionar compañías que pueden competir a nivel global y trabajar junto con los emprendedores para establecer su presencia en USA y acelerar su crecimiento. Como nos gusta formularlo, te pagamos para internacionalizar tu compañía. Una perfecta alineación de intereses para asegurarnos de que todos remamos en la misma dirección, hacia el oeste.

El problema real no es que las ICOs muestren una total ausencia de servicios adicionales o compromiso de los inversores con el proyecto, sino que también parecen carecer de la habilidad para filtrar los proyectos prometedores y hacen gala de un preocupante comportamiento irracional que tira cantidades absurdas de dinero en ideas a medio cocer y de dudoso mérito. En ese sentido recuerdan un poco a los tiempos locos de la Tulipomania del siglo XVII, momento en el cual te podías comprar una casa entera en Holanda con sólo un bulbo de tulipán. Unos pocos meses después, cuando el mercado se desplomó, el precio de un tulipán era el mismo que el de una cebolla común.

Esto va a doler.