Reflexiones sobre el 4YFN18

Ha pasado la quinta edición del que es, junto al South Summit, el mayor evento innovación en España. Mientras que este último nació, tan scrappy como las startups que ahora alberga, en una de las mesas del Área 31 de Instituto de Empresa, el 4 Years From Now (4FYN) ha tenido el privilegio de crecer al pie del evento más emblemático del sector de las telecomunicaciones, el Mobile World Congress (MWC) una auténtica bendición para la Ciudad Condal que se ha visto transformada por su presencia de una forma similar al efecto que tuvieron los Juegos Olímpicos del 1992, catapultando a Barcelona con uno de los ecosistemas de innovación más maduros de toda Europa.

Los ecosistemas no se pueden comprar a golpe de talonario, como han descubierto tantos gobiernos que se prometían nuevos Silicon Valleys despilfarrando el dinero de los contribuyentes, sino que son una evolución orgánica en la que contribuyen infinidad de factores humanos, así que contar con uno de ellos a la puerta de casa es una ventaja competitiva increíblemente potente y muy sostenible.

El 4YFN se ha Comido al MWC

De hecho, al menos para la gente que nos dedicamos al sector, con esta edición el 4YFN ha eclipsado al MWC en términos de innovación.

Uno de los conceptos más extendidos en el mundo de la tecnología — postulado por Everett Rogers en 1962 — es el de las “Curvas en S”, también conocido como “Ciclo de Vida Tecnológico”: toda tecnología pasa por cuatro fases: una de incubación en la que crece lentamente hasta que, cuando está lista para alcanzar al mercado masivo, se produce un crecimiento exponencial, seguido por una fase de madurez al mostrar signos de agotamiento, hasta finalmente ser reemplazada por otra nueva tecnología en el apogeo de su propia Curva-S, dando lugar a una superposición de curvas logísticas.

En el caso del MWC, nos encontramos ya en una fase de madurez bastante avanzada, acercándose al geriátrico a lento golpe de bastón. Pasadas están ya las épocas gloriosas del 2008 al 2014 en las que una versión actualizada del sistema operativo o el lanzamiento de un teléfono por parte de un fabricante hicieran temblar a la industria, abriendo o cerrando oportunidades de mercado para una legión de empresas. Ahora la innovación móvil ha pasado de disruptiva a incremental, y se sale en las noticias por tener una pantalla un poco más nítida, un perfil ligeramente más fino, o desbloquear el móvil con tu cara porque, claro, usar la huella digital es demasiado esfuerzo.

Tal vez no haya mejor signo de los tiempos que el retorno de Nokia con una línea de teléfonos retro, cual controlador de Super Nintendo con puerto USB, que alternan entre el dudoso intento de emular las glorias pasadas del peliculón Matrix y el acierto de ornamentar una plataforma Android genérico con el estilizado diseño propio de la marca para deleite de nostálgicos como un servidor.

Más allá de eso, los únicos motivos que quedan para visitar el MWC es hacerse un selfie con el experimental taxi-drone de Ehang, o admirar a las preciosas modelos nórdicas y asiáticas que las grandes marcas se pueden costear en sus stands (espero que no me tachen de machista, a nadie le amarga un dulce y las señoras pueden hacer lo mismo por su lado). Esos presupuestos están fuera del alcance de la mayoría de startups.

La Simplicidad Vende

En el mundo móvil todo el pescado está vendido, y la innovación se ha pasado al lado del 4YFN, donde incluso se puede percibir una “Fatiga de las Apps”, un cansancio por las propuestas de valor de esa era. Ya no es suficiente con tener una App cuyo tráfico se pretenda monetizar de forma más o menos precisa; todo el mundo tiene una, es un espacio muy concurrido en el que es difícil diferenciarse y donde los costes de adquisición de clientes han subido al punto en el que ciertas propuestas marginales son inviables.

Y aunque había algunas compañías que continuaban machacando el mensaje de que los millennials demandan hiper-personalización, quieren todo hecho a su medida, lo cierto es que frente a esa saturación informativa de apps, webs y servicios, la tendencia dominante está evolucionando hacia soluciones que nos hagan la vida fácil, que nos ayuden a manejarnos. La simplicidad vende, más que la diversidad de oferta, e incluso más que el tradicional abaratamiento de costes.

A pesar de su déficit crónico de atención, la sociedad digital está despertando al hecho de que el bien más escaso y preciado sigue siendo el tiempo. Aquí es donde la inteligencia artificial puede mostrar su lado más humano, no sólo en el modo conversacional de Alexa o de unos chatbots, sino de manera genérica proporcionándonos formas de gestionar nuestro entorno diario que nos ayuden a liberar tiempo en nuestros calendarios y nos dejen tiempo para lo realmente importante: pensar, en lugar de organizar.

La Ecuación Producto-Mercado

Un panorama maduro de innovación tiene muchos efectos positivos, pero también algunos perniciosos. La proliferación de aceleradoras, incubadoras y venture builders de estos años ha permitido que los proyectos prometedores acorten su travesía por el desierto y lleguen a la fase de escalabilidad de una forma más certera, aunque también ha provocado que subsistan muchos otros proyectos medio cocidos, sin una dirección clara y de futuro incierto.

En varias ocasiones me vi obligado a decir: “si realmente has desarrollado una tecnología que puede hacer esas virguerías… no tiene más sentido que pruebes primero este otro mercado, mucho más accesible?”. O la ciencia aplicada realmente no es tan buena o — como pude constatar en sus expresiones faciales — no lo habían pensado antes. A veces olvidamos que el tan ansiado product-market fit es un binomio que puede acercarse por ambos lados de la ecuación: frecuentemente conviene pivotar la oferta de la compañía, pero a veces lo que hace falta es simplemente cambiar de mercado.

Startup Wars: Las Guerras de los Clones

Cuando yo me inicié en esto la proporción de propuestas en fase seed que había que ver para encontrar algo que valía la pena era aproximadamente de 100 a 1. Ahora la cifra me parece más hacia 150 a 1, fruto del florecimiento startupero de nuestro tiempos. Tal panorama requiere no sólo mucha experiencia sino tiempo, recursos y dedicación para el análisis en profundidad. Sin dichos elementos esto se puede convertir en un pasatiempo tan caro como ir al casino los fines de semana. Hay que cribar muchas propuestas para encontrar una que realmente sea invertible.

Y digo invertible, no ya original. Por desgracia gran parte del mercado nacional se dedica a lo que se conoce como tropicalización: copiar modelos de negocio establecidos en otros países, principalmente USA e intentar adaptarlos al mercado español a lo Tuenti. “¡Que innoven los Americanos!”, como dirían los personajes de Berlanga.

Esa puede ser una gran propuesta cuando existen enormes diferencias culturales que son una barrera natural de entrada, como es el caso de China, o cuando la propia naturaleza del sector hace que la compañía originaria se concentre en la demanda interna, pero en Europa cada vez las startups internacionalizan más temprano y más rápido, así que te puedes encontrar con que esa competencia ya haya desembarcado en la península mientras tú aún te estabas poniendo los pantalones, como les había sucedido a varias de las compañías con las que tuve ocasión de hablar en el evento, por mucho que intentaran dorar la píldora aduciendo dudosas ventajas locales y pregonando diferencias del grosor de un cabello.

En ese sentido me ha sido muy grato constatar que el mensaje de Conexo Ventures ha sido recibida como agua de Mayo en el erial del venture capital patrio, ya que nuestra propuesta de valor es radicalmente distinta. Nosotros no buscamos copycats, pues poco valor podemos añadir más allá del Dumb Money, sino que queremos trabajar con propuestas genuinamente innovadoras a las que podamos sumar nuestra experiencia internacionalizadora, nuestras redes de contactos y nuestra estructura operativa en USA para convertirlas en éxitos globales.

Igual tendremos que cribar 150, o 300, o más proyectos, pero bien vale la pena el esfuerzo por encontrar el oro que no sólo reluce. Así nos sumamos al notable club de Inveready, Adara y Nauta Capital en apostar por la innovación española auténtica; sin matices, ni complejos ni excusas.