Hasta hace poco creíamos que la literatura, el teatro escenificado, la pintura, en fin, eran privilegio de pocos, y que si, por casualidad, se reunían los expertos, otra clase de personas debían quedarse fuera: con esto de alguna forma se le categoriza a ese espectador novato como de segunda clase. Cuando pienso que estoy en Cali y eso me hace sentir bien, me pregunto por qué tengo esa certeza, me pregunto de dónde me llega. Creo saber por qué. Se me ocurre que estamos construyendo una ciudad que culturalmente nos representa, desanclada de otras décadas definitivas que nos conviene dejar ahí, y el teatro que venimos jalonando de los pelos venimos construyéndolo con actos colaborativos que nos emparentan comunitariamente. Esto, para ser puntuales, me hace pensar que el arte, el público y los artistas estamos escupiendo a la piojosa civilidad que se nos impone cuando nos enseñan a ser pasivos y tristes. En su lugar, leo para mi ciudad que los actos artísticos están fundando unas nociones culturales vigentes y vitales. Tal ocurre con el espacio de Territorio y Dramaturgia, creado por Dulce Compañía, que se convertirá en una plataforma editorial caleña para promover la producción textual de la ciudad.

Gustosamente el teatro se me presenta como un espacio donde las escenificaciones son el último estadio de su actividad. En buena medida el conversatorio entre dramaturgos (Eddy Janeth M.H., Martha Márquez, Jenny Cuervo, Eugenio Gómez y John Lotero) y críticos dramatúrgicos (Maar Montoya, Roberto Garcés y Diego Burgos) fue la representación de una obrita sólo que entramos por una puerta donde no parece haber teatro escenificado y, vayamos a saber por qué, el público se hizo presente removiendo su yo activo.

Me resulta emocionante que el público haya querido ir a conversar con autores (escasamente premiados) un sábado (todos sabemos para qué son los sábados) durante tres horas y media, lo que me deja claro algo: estamos valorando los signos creativos de una ciudad que mentalmente se dispone hacia unas ideas que se producen en la región pero que tienen un pulso original que salta la barrera de lo regional. No hay que ser vidente para detectarlo: en las discusiones del II Encuentro con Dramaturgos, celebrado en Casa Fractal, representamos una obra junto a un público insatisfecho con el mundo. Y ese público participó: es, para empezar, la desmonopolización el pensamiento. Ocurrió el 25 de marzo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.