Relectura sobre la crisis de la educación de Arendt

Hanna Arendt

En 1959 se publicó La crisis de la educación un ensayo sobre el origen de la problemática educativa de la década de los cincuentas en los Estados Unidos de América. Este texto es considerado por muchos expertos (al menos para los estadounidenses) como un punto de inflexión en la educación del mundo moderno porque representó un desengaño al pensamiento occidental.

Según Arendt el asunto de fondo de la crisis fue la natalidad, es decir la existencia y nacimiento de seres humanos que requerían integrarse a una sociedad a la que sus padres pertenecían o a la que estos últimos desearían que sus hijos se integren. La visión utópica de la educación de EE.UU. basada en la política de construir un «nuevo orden del mundo» (Novus Ordo Saeclorum) inclinó el interés de los educadores a centrarse en aquellos que por naturaleza y nacimiento son «nuevos en el mundo».

Sin embargo, esta visión educativa y política centrada en los recién llegados para implementar un «nuevo orden mundial», se sustentaba en las ideas de Rousseau sobre la separación del mundo en dos: uno real para los adultos y otro artificial para los niños. Una extraña ruptura justificada en ideas políticas, no pedagógicas. Para Arendt este supuesto de disociación relacionado al de abolir la autoridad por parte de los adultos a fin de respetar la falsa idea de autonomía y autogobierno de los niños, generó las condiciones ideales para la aparición del conformismo y el libertinaje, ya que estos últimos naturalmente requieren la seguridad de un espacio de maduración para desarrollarse y formarse.

Aunado a esto, la enseñanza sucumbió ante los supuestos de la psicología moderna y los principios pragmáticos de la educación que sobrestimaban el saber hacer y subestimaban el aprendizaje de contenidos. Así que el afán de la educación en esta línea no era enseñar un saber, sino inculcar una destreza a través del juego y la práctica. Por lo tanto, el profesor ya no requería ser una figura de autoridad (entendamos este concepto no relacionándolo con totalitarismo, sino con la acepción de prestigio y crédito que se le reconoce como persona), se necesitaba de él su presencia pero no con fines de orientación experta sino con la idea de cuidar y promover la liberación.

En vez de preparar a los nuevos con los elementos suficientes para renovar el mundo a partir de cómo lo han dejado sus antepasados, los profesores los instruyen en comportamientos para un mundo artificial diseñado en la mente de los adultos. Socavando toda posibilidad de que los niños se involucren e introduzcan sus novedades cuando crezcan. Hasta ese momento la educación obviaba condiciones de sentido común de crecimiento y desarrollo social de los niños. Ante la idea de liberación del niño se trastocó el valor fundamental de la escuela como medio de transición entre la familia y la sociedad.

Aquí es importante aclarar que en toda cuestión educativa subyacen ideas políticas, pero no a la inversa. Como argumenta Arendt, hay conceptos que en la política (y agregaría: en otros ámbitos, como el laboral…) tienen sentido pero en la educación no. Estos malentendidos ocasionan problemas de comprensión y de puestas en práctica equivocadas que se reflejan en las aulas. La novedad no lo es todo. Este es el caso del concepto de liberación que discute Arendt, cuyo significado político ha sido importante para los trabajadores, las mujeres y la comunidad LGBT pero no para los niños. Ahora es difícil entender la educación de los recién llegados desterrándolos del mundo de todos y creyendo que la figura del profesor como autoridad es irrelevante. Como si fuera suficiente con dejarlos a su suerte y sin recursos en un mundo que desconocen.


Publicado originalmente en PorEsto!