Aquarius: la línea entre Clara y el Brasil

Dirigido por el brasileño Kleber Mendonça Filho, la película Aquarius (2016) relata un momento conturbado en la vida de Clara (Sônia Braga) desde que la Constructora Bonfim regida por Diego (Humberto Carrão) llega a su edificio, el Aquarius, e le proporciona una serie de disgustos. La salida de Clara sería una oportunidad de derribar el edificio para hacer una construcción aún mayor. La película tuvo exhibición pública en el Festival de Cannes y concurrió a la Palma de Oro.

Antes del éxito de la película de Som ao Redor (2012), su primer largometraje aclamado por la crítica, y de Aquarius, Mendonça Filho ya tenía destaque por sus cortas producidos desde 1997. Sus creaciones ya han recibido más de 120 premios a lo largo de Brasil y indicaciones a festivales como Nueva York, Copenhague y Cannes. Sus largometrajes fueron incluidos por el periódico The New York Times en la lista de los diez mejores del año. La actriz Sônia Braga, también ya ha pasado por varias polémicas producciones brasileñas como las telenovelas Saramandaia (1976) y Tieta do Agreste (1996). Es reconocida en el país por interpretar la protagonista en el romance de Jorge Amado, Gabriela (1975), líder en audiencia en el año que pasó en la Red Globo, canal de televisión más popular en Brasil.

La polémica del director y elenco fueron traídos para la producción y presentación de la película. La sesión de Aquarius en Cannes fue marcada por una protesta contra el proceso de Impeachment de la hasta entonces presidente Dilma Rousseff. Mientras la pasaje por la alfombra roja, el elenco sacó carteles de bolsos y sacos que vociferaban un golpe en el país e votos desperdiciados. Algunos periódicos y personas calificaron la actitud del elenco como un límite que no podría ser superado.

La película se divide en tres partes: “El pelo de Clara”, “El amor de Clara” y “El cáncer de Clara”. Su comienzo, medio y fin son bien marcados en una narrativa sencilla y al mismo tiempo repleta de puntos metafóricos. Su producción fue financiada por la Ley del Audiovisual, que oportuna que la iniciativa privada financie proyectos e descuente el valor usado en el impuesto de renta. El presupuesto total del trabajo fue de 3,4 millones de reales, lo que corresponde a 11 millones de euros.

Más allá de las polémicas, la línea tenue entre el meditativo y el diario es un lenguaje característico en el trabajo del director y se quedó muy clara en Aquarius. La propia acción de la inmobiliaria en el edificio de Clara, además de llamar la atención para la modernización, se vuelve para el momento político en el país. La estética de la casa, los planos de cámara bien minuciosos y la actuación de Sônia Braga como Clara expone una persona segura, así como la película en marcos bien trabajados y palabras marcadas por la terquedad de los personajes.

Al revés de Clara, Diego es un personaje presumido y al mismo tiempo infantil, basado en sus artimañas para sacar-la de su casa. La elección del director de poner Humberto Carrão como protagonista, sin embargo, tal vez no ha sido la mejor. Al mirar la postura de Diego, es casi imposible no acordarse del chico Diogo que ha pasado por el elenco de Malhação, la famosa y joven telenovela brasileña.

Su banda sonora y los vinis son un tanto añorantes y eso contribuyó para crear un ambiente de choque en relación a las actitudes de Diego con Clara. Ella tiene tanta historia en aquel piso y ya no lo ve solamente como una casa. De este modo, la escena de orgía en el piso de arriba también se ha convertido en un momento crucial para reforzar ese sentimiento de disgusto e injusticia, aunque esta tenga restringido el público de la película.

Es un largometraje que, aunque siga la línea del director, hace un camino distinto de la fórmula de éxito en audiencia de la Globo Filmes y reanuda la sensación que queja la situación política brasileña. La greta de su desenlace encaja redondamente con este escenario. No es posible prever y evitar la conducta de la inmobiliaria, pero es posible protestar, es posible provocar un pequeño disgusto. Tener una película auto-afirmativa e asertiva en una democracia de voz restringida es un buen incentivo para actitudes así como la de Clara, de insubordinación.

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