Lo políticamente correcto.

René Zubiri
Feb 23, 2017 · 4 min read

Un factor que se ha popularizado en los recientes procesos electorales es el hartazgo de la ciudadanía ante lo políticamente correcto. A mi parecer, es un término ampliamente confundido — en ocasiones por la falta de conocimiento de quienes lo emplean y otras por el mal uso que a propósito le dan algunas figuras públicas, con la esperanza de beneficiarse de la impopularidad del término.

¿Qué es políticamente correcto? Podríamos caer en el origen y demás del término, pero palabras más, palabras menos, es lo opuesto a la libertad de expresión. En cada comunidad a lo largo de la historia, hay ideas o propuestas que han tomado este rol — que las pone por encima de cualquier debate — lo que significa que cualquiera que se atreviera a cuestionarlo, estaría cometiendo una injuria. El término es moderno, pero el concepto es tan añejo como la política en sí.

Cuestionar lo políticamente correcto es cuestionar dogmas políticos; tal como lo hizo Sócrates cuando puso en duda a los dioses Atenienses, lo que le costó su vida.

Lo políticamente correcto puede relacionarse con ideas liberales o conservadoras, dependiendo el tiempo y lugar en que se invoquen. En muchas escuelas y universidades hoy en día, los liberales han determinado lo que es políticamente correcto. Profesores y líderes de opinión conservadores quienes ponen en duda temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo o la despenalización del aborto, sienten que deben reservarse su opinión o correr el riesgo de ser linchados socialmente por sus alumnos y colegas.

Otro ejemplo de lo políticamente correcto es el tema de la adopción para parejas del mismo sexo. Aquellos que sostienen objeciones tradicionales y religiosas sienten que la corrección política les exige que apoyen el tema o sino serán etiquetados como intolerantes. Todo esto empieza a dejar un cierto rencor o coraje en las personas. Nadie quiere ser callado por lo que sostienen creer, sin embargo una parte de la sociedad siente que hay una ola en crecimiento que busca silenciar sus opiniones. Entre más se les llama intolerantes, más rencor guardan, y más probable será que sean presas fáciles de políticos oportunistas dispuestos a aprovecharse de ese rencor. El ejemplo ya lo vimos en Estados Unidos.

En los últimos años, y sobre todo en las jornadas electorales, ha habido un intento de redefinir lo que significa oponerse a lo políticamente correcto. Algunos sostienen que en realidad lo correcto debería ser que cualquiera pueda decir lo que guste y no se limite únicamente por que pudiera ofender a otros — al final de cuentas todos tenemos el derecho a expresar nuestras ideas. Lo importante siempre será, respetar esas diferencias y saber ponernos de acuerdo para convivir en armonía.

Sin embargo, según esta nueva perspectiva, la sociedad se ha vuelto tan sensible que se queja de casi todo. El Diccionario de Localismos en internet se sumó en promover este punto de vista al definir lo políticamente correcto como “una forma en la que hablamos para no ofender a los quejumbrosos”

Para ilustrar un ejemplo personal, a raíz del famoso gasolinazo vi manifestaciones, inclusive recibí invitación a participar en muchas, a lo que respetuosamente decline. ¿Por qué? Para mí, las manifestaciones no son más que un instrumento más de participación ciudadana, y de hecho tenemos que regularlas más para que tengan el apoyo de las autoridades en cuestión de logística y seguridad, como sucede en otros países. Aquellos que nos dedicamos a la política, no dejamos de ser ciudadanos, pero tenemos una obligación adicional (por nuestra vocación) de escuchar y trabajar en base a lo que la sociedad exija. Lo demás es, a mi punto de vista, oportunismo político.

De esa forma, busque al Diputado Federal de mi distrito y no obtuve respuesta; me acerque a amigos en el Congreso de la Unión y vi la forma de apoyar, y también apoye una iniciativa ciudadana para reducir en un 50% el IEPS. A mis alrededores, vi muchos políticos haciendo videos, comunicados y marchando con mucho voluntarismo. Yo, por otra parte, no fui políticamente correcto — pero tuve la voluntad política de hacer lo que tocaba.

El autor es Director General de Grupo Zubiri Marrufo y Delegado del PVEM en el Distrito III Local de Sonora.

@ReneZubiri rene@renezubiri.com

Disponible en la Revista Viva Voz.

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    René Zubiri

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    Sonoytense, mercadólogo, defensor de la participación ciudadana y juventud, intento de escritor, fan del béisbol.

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