
No cabe duda que por siempre seremos alumnos, cada vez nos estamos alimentando de información proveniente de nuestro entorno y nuestra cabeza vive para bombardearnos de pensamientos e imágenes acerca de lo que en ella se ha almacenado; la información es adquirida, asimilada, comparada, asociada, combinada, modificada, entre otras operaciones mentales, dando lugar a una idea creada que nos ayude para la solución de algún problema o reconocer una situación y así podamos aprender de la experiencia.
El aprendizaje empieza, sorpresivamente, desde antes de nacer, al salir del vientre materno ya el bebe ha aprendido a reconocer el tono de voz y olor de su madre. Al desarrollarnos, nos valemos de nuestras propias experiencias para obtener los conocimientos necesarios que nos ayuden con la vida, y como somos seres sociales, las experiencias de otras personas también nos atraen en el proceso, buscamos imitar al igual como queremos que otros nos imiten; la forma en la que aprendemos es fascinante, y nunca parecer ser suficiente.
Echándole un vistazo a la narrativa cosmogónica que se aprecia en el libro del Génesis, nos encontramos con que el conocimiento del bien y del mal fue adquirido por el hombre al consumir el fruto del árbol prohibido, Eva — que significa aquella que da vida — representa entonces a una madre cuya desobediencia al consumir el fruto prohibido y hacer que Adán — que significa hombre — también lo consumiera, dio origen a que fueran expulsados del jardín de Edén. Según lo narrado, tener el conocimiento del bien y del mal nos hace ser como Dios, el gravísimo problema que deriva de ello es creer que lo somos, por mucho poder, conocimiento y presencia que alguien pueda poseer, siempre habrá alguna otra persona con más poder, conocimiento y presencia, siempre habrá la posibilidad de que alguien sea mejor que nosotros y nosotros mismos debemos buscar ser lo mejor que podemos conseguir, Él siempre nos exigirá eso.
Tenemos claro que saber discernir entre lo bueno y lo malo no resulta fácil, es por esa razón que es favorable aprender mediante las experiencias ya conocidas y probadas que son correctas, el típico refrán de «quien no oye consejos, no llega a viejo», obedeciendo a lo que tenemos el conocimiento de que es bueno, es lo mejor, y si no se tiene tal conocimiento, el ensayo y error nos aportaría la solución que estaríamos buscando, los errores nos ayudan a adquirir más conocimiento pero son de los aciertos con los que logramos aprender.
«Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos». — Martin Luther King Jr.
Volviendo a la cosmogonía judeocristiana, al interpretar el asunto de los hermanos Caín y Abel — que vendrían a representar pueblos — nos damos cuenta que dicha frase del activista americano tiene buena relevancia, como seres humanos, entonces es nuestra responsabilidad el buscar saber y aprender a vivir como hermanos (de bien por supuesto).

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