Eterna guerra ancestral
La siguiente batalla quizá conozcas,
a diario nos sumergimos en ella
que resulta molesta como las moscas,
pero vencerla, hace ver la vida bella.
No es seguro cuando este caos inició,
tal vez desde la domesticación del fuego,
el hombre con ese poder, su alma corrompió
al descontrolar las emociones de apego.
Las llamas presentes de cálido consuelo
protegiendo ante el frio abrasador,
alzadas mucho más para crear duelo;
desde entonces se reinventa al aguador.
Todos los campos son validos,
el límite es impuesto por el autor,
importan los momentos álgidos
para que luego, la memoria sea tutor.
Desde donde sea que se ejecute,
en dos se divide el árbitro y su voz,
la dualidad por siempre repercute,
si condecorar con espada, o usar la hoz.
Se trata de una guerra espiritual,
no es de fantasmas, magia o fantasía,
es algo muchísimo más habitual,
de ventaja retroalimentada con filantropía.
Batalla de lo bueno contra lo malo,
todo desde el inicio hasta el final,
para saber si luego te vestirás de halo
o te hundirás hasta quedar marginal.
Al estar en el momento en que no se será,
ellos se debatirán lo bueno que dejaste,
de lo cual, todo aquel por imitación aprenderá,
olvidándose, tal vez, del mal que te llevaste.
Podrá parecer un vacío existencial,
eso es solo no más que una sensación,
nunca faltará el gran amor inicial,
reencontrarlo brinda la mejor sanación.
Hacia el Empíreo todo lo digno subirá,
descuida, lo eterno nunca permite caída,
el espíritu con el infinito se unirá,
pues amando el único camino es en subida.
El amor nos salva de la mortalidad,
la batalla así es como queda ganada,
aprendiendo a ser humilde con calidad;
solo una batalla, pero de guerra no finalizada.
La humildad crea al ser trascendental;
somos necesarios en esta guerra eterna,
crecer espiritualmente es fundamental,
encontrando a la mejor persona interna.
El amor es el principio de todo bien,
siendo mejores en eso, mejorará el mundo,
todo este conocimiento no es de recién
pero hay que recordarlo cada segundo.
Conquistemos cada una de las batallas;
a pesar de que nadie nos enseña como vivir,
muchos nos señalaran si somos canallas
indicándonos con cual arma es mejor ir.
De ese modo veo a la gran guerra sempiterna,
deprimirse por ello, para nada la mejorará;
la felicidad es lo único que hace la vida tierna
y así nuestra palabra, será lo último que sonará.

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