Mindfulness y mística de Sta. Teresa

Una reflexión acerca del viaje en silencio hacia el conocimiento propio

Éxtasis de Santa Teresa obra de Gian Lorenzo Bernini

Durante la I Jornada Tradición Cristiana y Mindfulness celebrada en la Universidad de Zaragoza en octubre de 2015, el sacerdote y profesor de la Universidad de la Mística, Ávila, Antonio Mas Arrondo, realizó una ponencia en la cual relaciona la mística de Santa Teresa de Jesús y lo que actualmente se conoce como ‘mindfulness’; con base en su experiencia por años de investigación respecto a dicha mística, Antonio Mas nos cuenta al mismo tiempo las similitudes y diferencias entre ambos temas en cuestión, además, reconociendo que el cristianismo en la sociedad actual se encuentra en medio de una nueva búsqueda religiosa.

El estado de atención y conciencia plena, es lo que significa mindfulness, que se puede definir como un estado de la mente que consiste simplemente en estar aquí y ahora, con atención y con aceptación. Se está en el presente de forma atenta, sin pensar en muchas cosas al mismo tiempo, simplemente, se acepta eso sin juzgar, solo se está. Este estado resulta ser, entonces, una psicoterapia que promete una mejora para la salud del individuo al presentar mayores niveles de afecto positivo, satisfacción personal, y hasta mayor calidad de vida, debido a que es eficaz en la prevención y tratamiento de enfermedades tanto psiquiátricas como médicas.

Interviniendo acerca de la religión, el sacerdote comenta que ontológicamente el ser humano se constituye por una necesidad de religar su historia con un más allá. Es desde este religar, donde la palabra ‘religión’ se define, comprendiendo a su vez, creencias, normas morales y ritos. La fuente de la mística de Santa Teresa de Jesús (monja del siglo XVI proclamada doctora de la Iglesia católica, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos) está fundada a partir de una espiritualidad de religión cristiana.

Se tiene que comprender que el cristianismo se centra en un relato histórico (teniendo en cuenta que el relato de un acontecimiento, no es el acontecimiento como tal, sino su interpretación, pero el relato cuenta lo esencial), donde una pequeña parte de la historia de la humanidad y del cosmos, con sus aciertos y equivocaciones, es lo que se puede encontrar en la Biblia.

Se dice que las escrituras están vivas, pues toman sentido a través de la historia personal de cada quien; dentro de las palabras y los silencios en ese texto, se puede leer sobre aconteceres de amor, desamor, violencia, guerras, además de poesía y prosa de alta calidad que van desgranando una relación con un ser supremo al que primeramente se le llama Jahvé, luego Dios, y con Jesús de Nazaret se le trata de una forma mucho más personal llamándole ‘Padre’.

En un dialogo abierto con un ser supremo al que se le llama Dios es como se va descubriendo la dignidad de la persona. La esencia de la tradición cristiana es buscar una relación personal en un proceso de descubrimiento de la persona mediante el evento Cristo, es una persona con dos naturalezas, siendo Él la plenitud de lo humano y la plenitud de lo divino. Se entiende así, que el cristianismo, para la tradición católica, y por supuesto, cristiana, es una relación personal con Cristo que nos revela a un Dios, Uno y Trino, y que es amoroso, su palabra viene a ser como un beso en la boca entre amantes, debido a que Él vino para enseñarnos el amor.

Se está hablando de un Dios que es una presencia personal, que tiene una relación personal y experiencial con alguien, donde el rostro y los ojos del otro son la presencia ignorada de ese Dios que se va descubriendo. Estamos hechos a su imagen y semejanza, como nos es revelado, y el mundo teresiano parte desde esa persona, desde la humanidad de Cristo.

Sta. Teresa se centra en la persona, su espiritualidad promete un camino espiritual personal que es intransferible y dura toda la vida, no obstante, al ser individual no quiere decir que se trate de un carácter individualista, se hace con otros, en una comunidad, especialmente con los creyentes dentro de la Iglesia. Ese itinerario espiritual se describe como una historia de amor, muy similar a la que vive un hombre y una mujer, y cuando esa historia de amor llega a ser profunda, es cuando se entra en el campo de la mística.

Es primordial tener presente que el punto de partida es la persona, la cual debe descubrir su dignidad y junto con ella, a la presencia de Dios en su centro interior mediante el dialogo de la palabra en silencio, orando y meditando; lo que nos dice el cristianismo y el teresianismo, es que el dialogo que se mantiene en la mente, ese dialogo del yo consigo mismo, no se debe parar (como expresa Antonio Mas en su presentación «mi mente esta siempre bailando en mitad de mil imágenes y de mil pensamientos»), sino que, dicho dialogo solipsista se debe, más bien, reeducar, ¿pero cómo? Con la introducción de un interlocutor, un invitado divino, siendo éste Cristo, un arquetipo, el modelo perfecto de ser humano.

Tal huésped que invito al mundo de mis pensamientos y de mis deseos, va a transformar ese mundo confuso dentro de mi cabeza a medida de que le vaya conociendo cada vez más, a través de la meditación de su palabra, las escrituras, el evangelio y la vida junto con otros buscadores de Dios; haciéndose de ese modo un amigo y compañero dialogante conmigo mismo.

El interlocutor a quien he aceptado, va realizando cambios dentro de mi persona, los cuales se les califica de virtudes. Se introduce una necesidad fuerte de reconocimiento personal, de guardar silencio dejando que los ruidos se apaguen, la necesidad de perseverar, de no endiosar mis deseos, vivir sin mascaras, practicar un mayor amor a los demás, entre otras, siendo esto una ardua tarea, ya que al ser humano, en su debilidad, pareciera faltarle fuerzas y ánimos, sin embargo, ese amigo quiere que me identifique con su persona para seguirle — con palabras de la Santa — con determinada determinación.

Sta. Teresa ilustra todo ese espacio interior como un castillo con 7 moradas que se recorren desde el momento que se inicia el dialogo con el huésped, La decisión de seguir a tal huésped divino y no abandonar el castillo da origen al amor, que es por tanto, la consecuencia de una decisión por parte de la voluntad de la persona al aceptar esa compañía. Dentro de su explicación, ella compara al ser humano con un palmito el cual va quitando capas hasta llegar hacia el centro, el corazón del palmito, es ahí donde se encuentra el terreno sagrado de mi conciencia, un lugar donde nadie puede entrar sin mi autorización, ni siquiera la Iglesia, y al lado de mi conciencia se encuentra Dios.

Personalmente me gusta pensar en mi conciencia como si fuera entonces un jardín, en el cual, siendo Él el dueño, ha sembrado, cultivado, cuidado y condicionado desde el principio, pero mi persona, siendo igual socia del jardín, está también encargada de cuidarlo al permitir los factores externos idóneos para ello.

Volviendo al centro del palmito, es estando ahí dentro cuando podré aceptar con sosiego mí historia, mis debilidades, podré perdonarme y también perdonar a los demás para así aumentar mi capacidad de amar. Es llegar a ser humilde, la humildad es caminar en la verdad, tanto del mundo como de sí mismo, no engañarse, el humilde se conoce lo suficiente como para saber de su grandeza y de su miseria, y no huye de ella, la acepta.

Al aprender de este recogimiento hacia el centro del palmito, y tener una relación de amistad con quien tengo al lado de mi conciencia, es cuando comienza la mística. Es saberse creado y criado, sentirse además amado; Teresa cuenta que esa alegría de saberse amado y aceptado por el amor de Dios, transforma a la persona y convierte a la vida en la antesala del cielo, por lo que al ser así, pienso que, entonces, el cielo es vivir amando bien, para después pertenecer al amor mismo. Se descubre la esperanza en medio de las tormentas, se aprende a ver el rostro de Cristo entre las otras personas, simbólicamente éstas se convierten en ángeles que guían en el camino para ayudar a descubrir al otro y a Dios.

Pero Él quiere más, quiere llevar a la persona a encontrar el tesoro de la vida, en este viaje de amor, así como sucede en el amor humano, en el amor divino se debe entregarlo todo, invita a la persona a la donación de sí misma, a entregarse. El yo debe morir, para que pueda vivir otro yo más fuerte que yo, es la muerte a creerse el centro del universo, es una muerte sabrosa — dice la Santa — pues en el mismo instante que se renuncia a algo, en ese instante se entrega algo y se resucita.

Ya estando en ese momento del dialogo interno, Teresa deja plasmado en una de sus poesías los siguientes versos diciendo:

Sobre aquellas palabras “Dilectus meus mihi”
Ya toda me entregué y di,
 y de tal suerte he trocado,
 que es mi Amado para mí,
 y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
 me tiró y dejó rendida,
 en los brazos del amor
 mi alma quedó caída,
 y cobrando nueva vida
 de tal manera he trocado,
 que es mi Amado para mí,
 y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
 enherbolada de amor,
 y mi alma quedó hecha
 una con su Criador;
 ya yo no quiero otro amor,
 pues a mi Dios me he entregado,
 y mi Amado es para mí,
 y yo soy para mi amado.

Es cuando se deja que ese alguien que se llama Jesús, invada el cerebro y así como se puede leer en Gálatas 2, 20 «ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo que vive en mí». Para el pensamiento de Santa Teresa, la formula máxima del amor humano y divino es la que se encuentra en el evangelio de San Juan 17 «Él en mi y yo en Él, yo en ti, tu en mí, que ellos sean uno como yo estoy en ti y tu estas en mí».

En la mística teresiana se aprende a amar bien de esa forma, dejándose amar. El sacerdote y profesor Mas lo explica de un modo muy cotidiano, diciendo que es igual a como cuando dos personas van a un encuentro, se toman un café, comparten, empiezan a conversar, esa conversión se va volviendo extremadamente intima, como resultado de dicha conversión nace la confianza, el amor, luego al final, el silencio, ya todo está entregado, solo se camina tomados del brazo, eso es la alta mística. Se descubre la libertad y la alegría como hijas de ese amor recibido de esa confianza, así como un niño sonríe porque confía en quien le amamanta y es de esa forma como se comunica, con alegría, en un arrobamiento, es así como se identifica el creyente, es confiar, amar y aceptar, no hay de otra.

Finalmente lo que nos presenta Teresa, es que luego de ese viaje de amor, después de que la persona se reconoce a sí misma, después de que se identifica con la humanidad de Cristo y deja que su divinidad la invada, cuando la misma persona también se identifica con Él crucificado y resucitado, es en ese momento cuando empieza a ver igual a los crucificados del mundo, que es como Cristo se identifica, como dice en Mateo 25, 40 «Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos mas humildes, por mí mismo lo hicieron».

No obstante, La Santa tiene presente que para aprender el amor es necesario también aprender del desamor, darse cuenta de los infiernos de la vida, ese mundo de dolor conforma igualmente parte de los aspectos esenciales del ser humano. No hay que tener miedo al caer en ese mundo, pues es ahí donde se aprende a tener compasión de la miseria humana, ya que ésta se hace palpable y es entonces cuando se siente la necesidad de actuar con solidaridad.

Fotografía por Les Jay en Unsplash

Al asociar mindfulness con la espiritualidad de la mística teresiana, se nota que los aspectos y características conseguidos son similares, entre los cuales algunos son: la transformación radical de la persona, en el cual los miedos desaparecen, se descubre el sentido de la vida, la alegría, el bienestar, la libertad. La principal diferencia radica en que el tiempo desde la mística teresiana puede llegar a ser mayor, ya que pretende que la persona disfrute plenamente todo ese trayecto hacia su interior, que no sea un placer instantáneo, para que tenga siempre presente al mismo tiempo a los otros quienes lo rodean, como anteriormente se dio a entender, la persona es individual pero no individualista.

Las enseñanzas de Santa Teresa nos cuenta que lo importante y esencial no está en la práctica devocional, lo esencial es mantener una relación intima, una experiencia personal con Dios, y es por ello que la comunidad juega un papel importante, ya que el hombre por sí mismo no puede llegar a Dios, por eso se dice que primero Él es quien se revela, eso es la mística, su revelación; y para llegar a estar con Él, hay que amarle y para amarle tengo que primero conocerme, y luego de conocerme es cuando estoy listo para conocer y confiar plenamente en las otras personas y así amarlas.

Influencia de Santa Teresa en la espiritualidad carmelitana de hoy en América Latina

En la actualidad del mundo, se puede percibir que al centrarse muy de fondo en el sentido antropológico, ha llevado a dejar apartada la temática cosmológica, cabe destacar que Dios es una presencia inmanente, trascendente y condescendiente que se nos da a conocer y se muestra en la cotidianidad de la vida, porque es igualmente en Él donde vivimos, nos movemos y existimos, por lo que se debe de cuidar el entorno. Por otro lado, no es de ignorar a las campañas que han buscado desacreditar, mitificar, a la vez de manipular y malinterpretar el aspecto cultural de las prácticas religiosas, no solo actualmente, sino que a través de los años, éstas han originado que la persona se vaya olvidando de su sacralidad trascendental, pudiendo perder así su dignidad llevándola a lo más oscuro de su ser, y hasta no teniendo como salir; el individualismo no le permite reconocer que se encuentra rodeado de otros semejantes, por lo que no se siente creado ni criado, y no se sabe entonces plenamente amado, ya que se cree amo, estando al mismo tiempo esclavizado.

Latinoamérica es un lugar hermoso, lleno de una vasta diversidad étnica, cultural y hasta ambiental, es igual un lugar que reúne una gran cantidad de creyentes; pero también es un lugar donde los países se posicionan entre los más corruptos del mundo, con ciudades también entre las más violentas, donde ese «estado de bienestar» al parecer no ha podido consumarse plenamente. Los conflictos y problemas entre las potencias mundiales se han hecho notar, desequilibrando a la región con una serie de distintas opresiones y revoluciones, desde su descubrimiento ante los ojos del mundo, hasta hoy en día.

Una mezcla de distintas formas de pensar e ideologías que actualmente han generado que la atención de las personas se encuentre distante de lo que es verdaderamente importante; muchos son victimas del miedo a lo sagrado, y de la manipulación de lo sagrado, siendo el tabú y la magia respectivamente. Santa Teresa, y por tanto la espiritualidad carmelitana, juega un papel que puede ayudar a enfrentar a estos aconteceres negativos que actualmente se afianzan en la realidad de América Latina, es importante que la persona se reconozca a sí misma desde su interior, la revolución silenciosa del amor; es descubrir lo mejor dentro de cada quien para ofrecerlo a los otros, el cambio empieza en el centro intimo y se expande hacia afuera.

La aplicación y el sentido relevante que igualmente en la actualidad posiciona al mindfulness como una alternativa valida para desarrollar cambios en la salud de las personas, en conjunto con la espiritualidad y el buen conocimiento de lo divino, se hacen esenciales para que la comunidad latina, y en general, quienes hacemos vida en el planeta, podamos lograr la mejora que se quiere para el bien de la humanidad y el mundo como nuestra casa común.


Este escrito comprende una asignación de trabajo personal de una escuela de espiritualidad, quise compartirlo debido a que pude disfrutar mucho de su realización; adjunto el vídeo en el cual está basado, advierto que su duración es de 1:06:47, pero vale cada segundo para quien esté interesado en el tema.


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