La falacia del individualismo

En 1902, el naturalista ruso Piotr Kropotkin publicó El apoyo mutuo: un factor en la evolución. Ahí demostró, desde la ciencia con estudios de campo, que la evolución no era cuestión de la competencia individual y la “supervivencia del más apto” tal como afirmaron Darwin y Huxley años atrás con su concepto de la selección natural.

De la introducción del libro:

La sociedad se ha creado sobre la conciencia –aunque sea instintiva– de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres. Se ha creado sobre el reconocimiento inconsciente semiconsciente de la fuerza, que la práctica común de dependencia estrecha, de la felicidad de cada individuo de la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de justicia o de equidad, que obligan al individuo a considerar los derechos de cada uno de los otros como iguales a sus propios derechos.

En esencia, el apoyo mutuo es la acción por la cual dos o más seres trabajan juntos para resolver problemas con el objetivo de obtener un beneficio para todos los involucrados. En otras palabras, significa la cooperación en aras del bien común.

Vamos primero al reino animal y vegetal. En la naturaleza existen otras realidades que no se tuvieron en cuenta en la teoría de la evolución. A día de hoy, existen innumerables ejemplos de mutualismo:

  • Quizás el mutualismo más conocido es la polinización que llevan a cabo insectos y aves (colibríes por ejemplo), los cuales a cambio de esparcir el polen de flor en flor se alimentan del néctar que éstas producen.
  • El sapo boqui estrecho es un aliado de un tipo de tarántula que generalmente devora ranas pequeñas pero que, a cambio de que este pequeño anfibio se coma los parásitos que afectan a sus huevos, el arácnido le permite vivir en su madriguera bajo tierra y a su vez le defiende de posibles predadores.
  • El pez gobio vive en el mismo agujero que la gamba ciega y ambos mantienen una relación tan estrecha que el artrópodo siempre tiene al menos una de sus antenas en contacto con el pez. El gobio posee muy buena vista y es más grande, por lo que se dedica a vigilar, mientras su compañera cuida la madriguera, limpiándola y manteniéndola en buenas condiciones, al fin y al cabo allí desovarán ambos.
  • Los escualos como el tiburón blanco, el tintoreto, el martillo, el tiburón ballena y hasta las manta rayas, suelen ir a determinados sitios donde se encuentran los peces piloto, expertos limpiadores de mandíbulas, branquias y piel. De esta manera estos pequeños no solo consiguen un buen alimento, sino que mientras están atareados con sus enormes clientes a nadie se le ocurre molestarlos.

Son cuatro casos de miles y miles. Sin ir más lejos, la supervivencia entre los mamíferos depende de tener vínculos robustos con la manada. Además, muchos de ellos como los lobos, cazan en grupo.

¿Significa esto que no existe el individualismo y la selección natural en el reino animal y vegetal? No. Simplemente queda probado la existencia del mutualismo en los seres vivos, tal como ocurre en los humanos.


Centrándonos en el ser humano, las primeras sociedades humanas ya practicaban el apoyo mutuo como una cuestión de supervivencia. De hecho, si utilizamos el sentido común, la clave del éxito de nuestra especie ha sido la interdependencia. Por poner un ejemplo minúsculo pero significativo, si los cazadores-recolectores no se hubieran puesto de acuerdo para cazar, se habrían muerto de hambre. En líneas generales, todo lo que significa “progreso” ha hecho evolucionar a la humanidad, sino seguiríamos en taparrabos.

Sin embargo, vivimos unos tiempos donde se acentúa el darwinismo social, y no es más que el resultado de la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, es decir, el capitalismo feroz y desatado de nuestros días. Por cierto, una idea que tiene un recorrido histórico, se ha utilizado para:

  • Ofrecer una racionalización de la colonización europea (y masacre de pueblos) en Asia, América y África (“les mejoramos la calidad de vida”, “antes no tenían nada” o “deberían darnos las gracias”, oirás).
  • Dar una excusa durante siglos para el dominio del hombre sobre la mujer (“los hombres están mejor capacitados para [inserte verbo] que las mujeres”, “los hombres hacen [inserte verbo] y las mujeres [inserte verbo]”, se decía)
  • Ser el pilar ideológico del fascismo y el nazismo que aludían continuamente a la superioridad e inferioridad entre seres humanos.
  • Proporcionar una justificación pseudocientífica al hombre blanco, rico y políticamente poderoso sobre su posición privilegiada en la sociedad.

Esta sociedad nos enseña a las personas a vernos como individuos, autosuficientes, independientes, con nuestras propiedades, nuestras cuentas bancarias, nuestras smartphones… Hay que preguntarse a quién beneficia esta idea de individualismo, quién promueve esta ideología y a quién perjudica.

La idea de independencia humana es un mito promovido por corporaciones y gobiernos que quieren moldearnos, nos convierten en consumidores atomizados y fácilmente controlados.

Si ponemos pausa y analizamos el clima social, la gente está enfadada, frustrada y odia las instituciones, por lo que no actúa constructivamente para responder a esto. Hay movilización popular y activismo, pero en direcciones muy autodestructivas tomando la forma de un enfado indefinido atacándose entre sí y a objetivos vulnerables. Ello corroe las relaciones sociales, pero precisamente eso es lo que tratan los gobiernos y las corporaciones. Se trata que la gente se odie entre sí y se tema entre sí, mire solo por sí misma y no haga nada por los demás.

De Requiem for the American Dream, ensayo-documental de Noam Chomsky, resumido en este artículo:

El ataque del sistema a la solidaridad se aprecia claramente en fechas como el 15 de abril, el día que se pagan los impuestos en Estados Unidos, un baremo para medir lo democrática y solidaria que es una sociedad. Si una sociedad fuera realmente democrática y solidaria, el 15 de abril sería un día de celebración: es un día en el que se reúne la población y decide financiar los programas y las actividades que han planteado y acordado. ¿Qué podría haber mejor que eso? Se debería celebrar. Pero no es así en Estados Unidos, donde es un día de duelo, el día en que un poder ajeno, que no tiene nada que ver contigo, viene a robarte el dinero ganado con tanto esfuerzo, y haces todo lo posible para evitarlo.
Esto refleja en qué medida, al menos en la conciencia popular, funciona la democracia actual.

Quieren una sociedad donde la emoción y los instintos humanos normales de compasión, solidaridad, apoyo mutuo… sean expulsados, y ello perjudica a la mayoría de nosotros, que no tenemos poder y la única manera de influir en las decisiones de poder es incentivar el apoyo mutuo. Una sociedad basada en el valor de la codicia y el deseo de potenciar el beneficio máximo a costa del prójimo.

Es una tendencia social sumamente desagradable y terrible, a menos que se invierta nos dirigimos al “todo para mi, y nada para los demás” que solo beneficia a unos muy pocos.

Por cierto, por si fuera poco, nos empuja a la soledad:


En este punto que se ha probado lo vil que resulta el lavado ideológico que nos han hecho en torno a la competencia individual y la “supervivencia del más apto”, hay que probar la existencia del apoyo mutuo como motor histórico del progreso de la humanidad.

Empecemos por la predisposición biológica, tal como se explicó anteriormente con la vida animal y vegetal, gracias a este maravilloso experimento que pone en evidencia la naturaleza altruista y cooperadora con la que los seres humanos llegan al mundo:

Es una prueba contundente de lo que afirmó Kropotkin:

“La humanidad se ha creado sobre la conciencia –aunque sea instintiva– de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres.”

Como los humanos somos seres sociales, las evidencias de mutualismo social son innumerables: en desastres naturales como terremotos, en vertidos de petróleo en el mar, en voluntariado para asistir a los refugiados, en donación de alimentos para los menos favorecidos, etc. No es ni más ni menos que la empatía y la compasión con la que el ser humano nace y desarrolla. Este anuncio de la televisión danesa es un gran ejemplo de nuestra naturaleza:

Lo que queda probado es que, frente al darwinismo social que nos imponen, una sociedad donde la emoción y los instintos humanos normales de compasión, solidaridad, apoyo mutuo son expulsados, la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian.


Hay una crítica muy asequible a este texto (que por supuesto vendrá de liberales) y es acerca de la naturaleza individualista y egoísta del hombre. No la niego. Creo que Darwin y Huxley tenían razón acerca de “la competencia individual y la supervivencia del más apto”, son instintos naturales. La diferencia es que los darwinistas sociales niegan el poder del apoyo mutuo sobre la selección natural, o incluso lo califican como tendencia social (es decir, artificial) y no innata al ser humano.

Lo que yo afirmo es que ambas teorías son válidas desde el punto de vista natural. Sin embargo, el darwinismo social lo acentúa el sistema (es fruto del sistema), el capitalismo pero en especial el neoliberalismo salvaje, que explota la peor parte de la humanidad como conjunto y del humano como individuo. Y las consecuencias son fatales para el mayor porcentaje de población frente al beneficio de unos muy pocos.

A fin de cuentas esto se reduce a una discusión más antigua que el fuego. El darwinismo social utiliza la argumentación hobbesiana de que “el estado natural del hombre es ser malo” (el lobo hombre de la obra Leviatán de Hobbes).

Resulta muy peligroso ensalzar esta naturaleza individualista atacando de forma sistemática el mutualismo como hace el neoliberalismo, ya que de esta anarquía natural, de este desorden, de este primitivo estado terrorífico, sólo puede llegarse a paz mediante el establecimiento de un estado fuerte. De ahí nace la teoría de Hobbes sobre un estado totalitario al cual el hombre debe entregar su libertad y someterse indiscutiblemente, o decir, con total obediencia, a cambio de la protección (y tranquilidad) brindada por dicho estado.

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