Nuestra participación cultural ¿peligro de extinción?

Por: Vasily M. P.

Uno de los problemas a los que se ha tenido que enfrentar el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Ciego de Ávila, digamos desde los últimos 10 años, es la pobre participación de los artistas de vanguardia en las actividades que la sede prepara mensualmente para ellos y el público en general. Lo mismo ocurre a la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la provincia que si bien pertenecen a otra generación de artistas no se distancian mucho de la realidad de los artistas de la UNEAC y su papel importante en el desarrollo cultural de la sociedad.

Para discursar sobre el tema podría partir de un concepto de participación social-cultural que reúne todas las características necesarias para traerlos a este caso: «La participación cultural se refiere a individuos que tienen un sentimiento de identidad fundado en un conjunto de creencias, valores y prácticas que pueden expresar sin sentirse discriminados y que pueden transmitir como capital cultural a las generaciones futuras» (UNESCO, 2014)

Niñas cubanas en el parque Almendares, La Habana, Cuba

Se podría entender entonces que, según este contexto, los artistas de la UNEAC deberían tener un sentimiento de identidad sobre la base de creencias comunes, valores y prácticas que están relacionadas con la creación de obras de artes, conceptos, teorías, etc., y que pueden expresar libremente. Así transforman el medio social en que se desarrollan y, a su vez, inciden en la sociedad futura con su pensamiento, vinculación a los procesos sociales transformadores, así como a la toma de decisiones en asuntos importantes y que tocan no solo el arte y la cultura sino, además, la economía, implementación de leyes y otros asuntos de índole social.

De alguna manera se podría entender que si no existe esta unidad entre ellos mismos, desde la identidad creada sobre la base de creencias comunes, es porque han dejado de tener no solo motivaciones y necesidades participativas sino también, interés o motivación hacia la construcción de su propia sociedad y, por consiguiente, la sociedad del futuro.

De esa forma se podría pensar que ellos mismos han construido sus representaciones sociales. Concepto que estaría un tanto alejado de los originales en cuanto a finalidad, considerando como dentro de las representaciones aquello que para ellos mismos tiene importancia y que atañe solo a su marco vivencial más estrecho.

Fotografía de Ernesto Fresnillo, Folclor cubano

Nadie podría negar el papel decisivo que ocupan los artistas en el desarrollo social de su sociedad y en la construcción o preservación de la identidad, del sentido de nación que va más allá de la teoría política y que reúne esas características propias de una cultura y que es capaz de trascender en el tiempo y la historia. Los artistas, escritores, hombres de ciencias, periodistas y otros creadores «han de descubrir cómo contribuir al renacimiento de su cultura e identidad nacionales, y cómo apoyar la validación de verdaderos valores nacionales sin caer, al mismo tiempo, en el nacionalismo radical y el aislacionismo», Bohdan Dziemidok, 2011).

Por lo tanto, la participación de los artistas en la construcción de la sociedad a la que pertenecen y pertenecerán sus hijos, ha de ser un asunto de máxima prioridad. Tanto como tener el tiempo y el espacio para crear obras artísticas, disfrutar de la vida en familia y de las generosidades de la geografía así como de los adelantos tecnológicos que poco a poco han ido sustituyendo a la Humanidad por Tecnicismos que serán las entelequias nuestras en un futuro no muy lejano.

Muchos de los artistas de vanguardias de la UNEAC que participan en los distintos congresos de la organización o de otras, que son miembros de las asambleas en sus distintas nominaciones, son conscientes del rol participativo que están ejerciendo. Saben que la realidad se puede transformar a raíz de sus criterios. No es un secreto que muchas de las actualizaciones que llevamos a cabo a nuestro modelo económico han nacido, en su concepción, de las amplias discusiones y debates de los congresos de la UNEAC y de la AHS por lo que el papel transformador del arte y artista tendrá que seguir jugando su papel e incluso masificarse.

Conseguir que esos artistas de la UNEAC que no se interesan por hacer vida orgánica dentro de la organización, que ni siquiera se preocupan por preguntar cómo va el panorama cultural en la provincia, ni en saber cuáles nuevas decisiones se están tomando para el mejoramiento de las ofertas culturales, entre otros asuntos, es una ocupación constante para la presidencia actual de la organización. Lo mismo ocurre en el panorama cultural de la provincia.

foto tomada de Internet

Lanzada al mundo académico en 1961, la Teoría de las Representaciones Sociales pasa casi inadvertida durante dos décadas y no es hasta los 80 en que el interés por ella se torna creciente propiciando el desarrollo tanto de trabajos teóricos como empíricos, principalmente estos últimos. Por lo que creo que a ella, en buena medida, deberíamos echarle la culpa de este panorama adverso de la participación de nuestros artistas.

Revisando los distintos conceptos de Representación Social que la literatura recoge, no podemos dejar de valorar por su importancia el de Moscovici, «…por representaciones sociales nosotros entendemos un conjunto de conceptos, enunciados y explicaciones originados en la vida diaria, en el curso de las comunicaciones interindividuales. En nuestra sociedad se corresponden con los mitos y los sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; incluso se podría decir que son la versión contemporánea del sentido común […] » (Moscovici, 1981).

Y como las representaciones sociales son subjetivas responden a la personalidad que es única e irrepetible y, por lo tanto, la suma de muchas representaciones, con sus correspondientes matices y heterogeneidad conformaría una de las caras de la identidad cultural. En la vida cotidiana ninguna de las representaciones sociales existiría aislada de otras representaciones.

Podrían entenderse entonces las representaciones sociales como la manera en que entiendo al mundo que me rodea, la forma en que comprendo la historia y el tiempo vivencial, o la asimilación de la cultura del pasado que constantemente estamos razonando y contextualizando, no un reflejo en mí de esa realidad, «El sujeto y el objeto no son fundamentalmente distintos», (Moscovici en Abric, 2001).

Fotografía de Ernesto Fresnillo

Por otra parte, la participación social-cultural sería entonces la manera en que socializamos esa cultura que heredamos y que renovamos, la forma en que actuamos en consecuencia con lo que hemos valorado, razonado, interiorizado.

Si bien es cierto que en años anteriores a la década de los 90 la participación social-cultural era una de las fortalezas de nuestra sociedad, después de los 90 esta fortaleza se fue debilitando hasta llegar a nuestros días con una gran interrogante y una todavía mayor preocupación: ¿qué pasará con los espacios culturales y las organizaciones de y para los artistas sin la presencia activa de cada uno de ellos?

Podría dilucidarse entonces que el llamado período especial trajo al traste no solo el derrumbe del campo socialista y la caída de la economía cubana entre otras quimeras, si no, también, el edificio de las representaciones sociales que los artistas defendían en su mayoría amparados por la Política Cultural de la Revolución Cubana que se «ha orientado, por una parte, a propiciar la participación de nuestro pueblo en los procesos culturales y su acceso a lo mejor del arte cubano y universal y, por otra, a garantizar la activa intervención de los escritores y artistas en el diseño y la práctica de esa política».

Y esta política favorece a que cada ciudadano, sea cual sea su condición social, tenga acceso a los distintos espacios culturales que se generan desde las instituciones culturales. Además de que permite la implementación de varios indicadores para eliminar los obstáculos que impiden la participación social-cultural de los individuos. Además de la motivación, es importante explorar estas barreras que pueden ser físicas, económicas, sociales y psicológicas (UNESCO, 2014).

Foto tomada de Internet, Ciego de Ávila, Cuba

La UNEAC en Ciego de Ávila no está ajena a esta política cultural y aunque su trabajo difiere un poco del de una institución cultural no es menos cierto que se labor influye profundamente en la sociedad de la cual forma parte y, sobre todo, impulsa o debe impulsar la actividad creativa de sus miembros, así como la salvaguarda de los valores artísticos y literarios generados por estos y que conforman el patrimonio cultural de la provincia.

La UNEAC genera un grupo de actividades de índole social muy a tono con esta política cultural incluyente y no olvida a la familia del artista y sus necesidades más elementales de índole económica, social o de otro tipo, pero no resuelve todas las necesidades del artista.

Tiene su propia representación social para trazar su propia política cultural u objetivos de trabajo. Y estos en ningún momento son obstáculos para que los artistas participen de la vida orgánica de la misma o se inserten en el panorama artístico cultural de la provincia. Los artistas que conforman sus filas no tendrán las mismas representaciones sociales porque media la subjetividad, pero sí responden a la representación social que se erige como estandarte de la vanguardia artística como motivación extrínseca para la creación.

Se es miembro de la UNEAC por voluntad, y con ello se debe alcanzar un prestigio, un privilegio por encima de otros privilegios que nos da la sociedad por ser artistas.

Muy poco se ha investigado sobre el tema, pero es de vital importancia hallarle una solución. No soy el único que en distintas asambleas y congresos se queja por la poca presencia de miembros en nuestras actividades y más allá. Se hace necesario que más que un reclamo se vuelva una estrategia pero para resanar heridas.

Dentro de las posibles causas que permiten la explicación de este fenómeno, pienso yo, estarían aquellas de tipo económico que no están recogidas en un texto muy interesante y que fue publicado por la UNESCO en el 2014, Manual para medir la participación cultural y que son:

● Actividades que no reportan beneficios económicos para el artista.

● Actividades que no resuelven ninguna de las necesidades del artista y que van desde las más elementales hasta las propias de la promoción y divulgación de sus obras.

Pero también podría hacer alusión a aquellas de tipo social y que tienen mucho que ver con el rol que ha de jugar cada artista o grupo dentro y fuera de la sociedad. Estos factores o causas, por ejemplo, aún no han sido evaluados científicamente con las distintas técnicas o herramientas para el caso, pero están al alcance de la mano para futuros estudios:

● Han perdido el sentido de la grupalidad enfocándose solamente hacia el mundo interior de sus creaciones.

● Hay cambios radicales en los estilos de vida matizados por el uso de nuevas tecnologías y hábitos de vida sedentarios o selectivos y excluyentes.

● Hay una pérdida de identidad cultural, poder grupal y actividad grupal lo cual podría demostrarse a través de la ruptura con la propia representación social que tiene establecida la UNEAC.

● La no creencia en los dirigentes a pesar de que estos son elegidos en franca asamblea y ratificados en un congreso nacional.

No excluyo entonces las causas más psicológicas. Entendiéndose por aquellas que expresan la subjetividad del sujeto-artista. A mi juicio, tienen un peso muy importante, tal vez determinante, en la adecuación de las representaciones sociales pues podrían ser los factores desencadenantes de tipo motivacional que originan el acercamiento o no, a la institución:

● Malestares e incertidumbres dados por situaciones económicas y materiales desfavorables.

● Apatías contaminantes gestadas desde la subjetividad de un líder negativo o de la influencia de otros grupos.

● Desmotivaciones producto a la falta de confianza en las distintas presidencias que han sucedido en los últimos 10 años.

● Pérdida de una conciencia política o de la creencia política heredada de nuestros mayores. Tómese en cuenta aquella dialéctica generacional que va junto al desarrollo de la sociedad. Cada generación tiene su forma de pensar y su derecho a expresarla.

Foto tomada de Internet.

Por ahí, creo yo, podría andar la explicación a este fenómeno que está dándonos ya demasiados dolores de cabeza e insatisfacciones a los distintos promotores y divulgadores que hacemos seriamente nuestro trabajo. Tal vez no se gaste mucho dinero en esas gestiones promocionales, pero sí esfuerzo, inteligencia, se pone en juego la voluntad y disposición de muchos trabajadores y, a mi entender lo más importante, la creatividad.

Seguirá siendo un asunto por estudiar para hallarle una solución inmediata. La respuesta ha de ser contundente. No teórica. Habrá que apelar a recursos persuasivos y de acercamiento. ¿Habrá que reformular las representaciones sociales vigentes desde la propia UNEAC? ¿Habrá que reformular otras representaciones sociales?

Sea cual sea la fórmula, creo que al asunto no se le puede seguir dándole de largo. Corremos el riesgo de que esta organización, que ya cumple 55 años de fundada, deje de tener sentido. Claro, no es tan gris el panorama, sobran los ejemplos que constatan que en algunas provincias el nivel de participación es verdaderamente asombroso. Pero sí existe la preocupación y existe el problema.

No sé si será asunto de psicólogos, de políticos, investigadores e intelectuales; no sé si alguien ya ha lanzado la primera piedra; desconozco incluso la existencia de otros trabajos con esta problemática; lo que sí creo es que el fenómeno tendrá repercusiones nefastas.

Considero, a modo de final, que deberíamos:

Determinar los antecedentes históricos, conceptuales y referenciales de la participación cultural y el proceso de construcción de las representaciones sociales.

Diagnosticar la representación social de la participación cultural en los espacios y actividades que se generan desde la sede de la UNEAC avileña en los artistas que forman parte de la organización.

Caracterizar la representación social de los artistas de vanguardia de la UNEAC sobre participación cultural.

Sin participación social no habría cultura. Esa cultura que heredamos, esa cultura que aún defendemos con el sudor de muchas frentes y que es, irremediablemente, el producto de la acción de otros. Hay que construirla. Hay que cuidarla.

foto tomada de Internet.
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