05 — Al final no estás

Puede que al final ya tu no estés…

Leía sobre biología y en ese preciso instante lleva su cerveza una Medalla de botella bien fría a sus labios la cual expiró sus últimas gotas a unos labios carnosos. Veía la hora eran la 9:30 PM y pensó en bajar un momento a su barra favorita. Esta barra quedaba frente a una universidad y la misma muy concurrida por estudiantes de humanidades, psicología y por supuesto de ciencias, matemáticas, química, biología y física. A este grupo era que nuestra amiga Marisol, a la cual todo el mundo llamaba Mari, pertenecía.

Se llevó ciertas notas y un lápiz para sentarse a un extremo de la barra y así continuar con sus estudios. Esto era la norma entre muchos estudiantes, llevaban sus libros y/o notas y comenzaban a estudiar en la dichosa barra. Siempre comenzaban, nunca terminaban. Llegaba ese único demonio en el hombro derecho que les decía estudia más tarde, no te preocupes y siempre se ofrecía a pagar la primera cerveza Para que siempre accedieran a decir que si, estos demonios compraban una cerveza artesanal.

Mari en este caso se había propuesto a no dejarse tentar por los demonios y escuchar a su conciencia y terminar de estudiar sobre ese examen de biología que tendría al día siguiente. Escuchaba las voces de estudiantes discutiendo, éstos siendo sazonados por el alcohol de las cervezas y por shots de alcohol que variaban dependiendo el ‘mood’ en el que se sintieran. Mari había encontrado su sitio usual vacío, caminó hasta allá y procedió a sentarse. Miró su celular par ver la hora, 9:42 PM, ya habían pasado 12 minutos desde su última cerveza.

Deja sus libros en la mesa y estando pendiente a los mismo le hizo señas al bartender y este entendió el mensaje ulterior y le entregó en sus manos una medalla de lata, la cual nuestra protagonista muy dulcemente pagó. La abre y camina hacia sus libros. Mira a los muchachos que están discutiendo de como arreglar el país, sonríe porque ve que todos tienen la solución para que no existan problemas en el país, pero las soluciones de barra se quedan allí mismo, en la barra.

Comienza a investigar su notas y comienza a escucharse una canción de Joaquín Sabina al fondo: “Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un ‘whiskey on the rocks’”. Mari tuvo una visión, un pensamiento, una idea. Toma su lápiz, toma sus notas y escribe en la esquina superior izquierda:

“Puede que al final ya tu no estés…”,

quizás inspirada por Sabina, quizás no, en realidad quien sabe. Se puso a meditar como todo comienza pero termina antes del final. Es difícil explicar semejante pensamento. “Mucha gente llega a nuestra vida pero antes de finalizar nuestra vida ellos viajan a otro sitio, se desaparecen o simplemente termina su vida y pasan al más allá desapareciendo del mas acá, no se, tal vez, quizás”, pensaba.

Volvió a zambullirse en sus notas biológicas para así poder entender su examen. Cerveza a su izquierda para poder escribir con su derecha sin tener que cambiarse el lápiz de mano. Había aprendido a ser ambidextra para poder estudiar mejor, para poder beber más cómodo. Esto lo aprendió luego de meses de práctica y ya había perfeccionado, el famoso arte universitario de estudiar en la barra. Llegaba un amigo de ella: “Mari, ¿cómo estás?”, mientras le plantó un beso en su rostro. Ella corresponde el saludo con un: “Pues estudiando, para mi examen de mañana.”, en el ambiente se escuchó: “…tardé en aprender a olvidarla, 19 días y 500 noches.”. “Esa canción me encanta”, decía Erico. “Es buena, pero dame unos minutos. Estoy estudiando para el examen de mañana.”, le riposta Mari.

Erico mira hacia la nota que había escrito recientemente en la parte superior izquierda:

“Puede que al final ya tu no estés…”

y comenta: “Me gustó ese pensamiento. Es parte de crecer, es parte de continuar. Siempre es así, todos se conocen aunque sea por una mirada, un susurro, pero todo acaba, todo es efímero.”. Este pensamiento cautivó la mente de Mari. Echó un momento sus notas al lado, mientras su mano izquierda tomaba ya la cerveza mojada por el sudor causado por la condensación, para así, compartir ideas con Erico. Los demonios había logrado su misión. Desahuciar las notas hacia una esquina. Una porción de su cerveza se asomaba a sus labios. Mari una mujer de unos 5' 8” de estatura, trigueña y sonrisa perfecta, se disponía a discutir sobre ese pensamiento, como todo el mundo hacía en ese lugar.

“Fíjate, me gusta tu manera de pensar. Es cierto que todo termina. Ya lo dijo ese prócer de la salsa, Todo tiene su final.”, le contesta Mari. Erico le dice: “En realidad no existe una verdad absoluta. Todo depende como se mire. El problema del ser humano que sale de tu vida, es que quiere cambiar tu manera de pensar, pero no cambiar la suya propia. Porque piensan que tiene la verdad y nada mas que la verdad. Ahí radica el problema del ser humano, todos tienen la verdad.

Todos tienen la boca inmensa para decir la verdad pero tienen los oídos pequeños para escuchar la otra cara de la moneda, que posiblemente sea la verdad.

Así ninguna raza puede existir, mucho menos cohabitar.” Mari escuchaba atentamente y bebió de nuevo de su cerveza.

“Es interesante lo que dices, pero tambien existe el problema de las personas que sólo se conocen por segundos, por una mirada, por una sonrisa. Nunca entraron de lleno en tu vida. A veces existe esa cierta conexión con ese tipo de personas, una conexión profunda, pero nunca llega a completarse. Es triste.”, le dice Mari. Erico asiente con la cabeza tristemente, “Voy al baño, vengo ahora.” dice Erico. Mari termina dándose su último trago de la cerveza, echando su cabeza completamente hacia atrás, mientras su pelo negro como la noche sin estrellas y sin luna, acariciaba la parte mas baja de su espalda. El poco viento que existía acariciaba su cabello el cual se movía lentamente, bailando de una manera seductora. Tan pronto echa su cabeza hacia adelante tan pronto termina su trago, su mirada se cruza con la de un buen mozo, ambos sonríen. El mozo desaparece en la noche.

Mari mira su reloj y ya eran las 11:53 PM, se sentía que no había hecho nada pero la sonrisa del mozo le cautivó. Se fue a su apartamento ya que la barra cerraría pronto. Mientras caminaba pensaba en la conversación que tuvo con Erico y el buen mozo que se había reído con ella. Ella lo había escuchado hablar y sabía que sería una persona interesante de conocer. Se fue pensando y no quería que sucediera la situación de la que había hablado. Fuerte conexión en las miradas y en la sonrisa. Ella quería que no se quedara ahí, quería que fuera parte de su vida aunque fuera por un periodo de tiempo limitado. Se metió a bañar para relajarse un poco. “El examen de mañana era importante.”, pensaba. Luego se pone una camisa, obvia la pijama inferior, porque hacía calor. Se acuesta en su cama intentando recordar conceptos. Se arropa con una sábana de poco grosor y en ese instante cerró los ojos pensando en su examen, y durmió.

Se levanta al otro día y se fue a la universidad pensando en su examen, pensando en el buen mozo, pero mayormente en su examen. Si existía alguna prioriadad en su vida esa era la universidad, luego el coro y luego sus amigos. Tomó su examen y ahora lo único que cruzaba su mente era el mozo que había visto la noche anterior por 5 segundos, de los cuales 2 fueron sonrisas recíprocas. Decide tomar un descanso en su apartamento para luego bajar a su barra favorita. Estaba decidida a hablar con el buen mozo, no quería que la conexión sentida fuera momentánea, efímera en su escencia, deseaba que durara aunque sea de forma limitada un poco más.

Llega la hora de la noche y pasa nuevamente donde el mismo grupo que siempre se pasa filosofando. Esta vez estaban no gritaban tanto y ella decide acercarse a uno de ellos. John, un poeta urbano de muy buen corazón y gran conocedor de deportes, pícaro con las mujeres tambien. Ella conocía a John por encima, pero decide tomar un poco de valentía y va a saludarlo. “Hola, John ¿como estás?”, le pregunta. “De verdad estoy destruido.”, le contesta John. “¿Por qué?”, pregunta Mari. “Un pana de nosotros se suicidó ayer, Alfredo y ya el había terminado su doctorado en economía.”, le contesta John. Mari por alguna extraña razón comienza a sentir su corazón palpitar y ella se preguntaba porque, no había ninguna razón para sentir eso. “Oye, John, pregunta ¿quién era el muchacho de polo roja, afeitado y recortado que estaba ayer con ustedes?”. “Alfredo, ese mismo fue el que se suicidó, ayer.”, le contestó John, mientras lágrimas bajaban de sus ojos y sus manos comenzaban a temblar. Mari ya entendía, porque su corazón palpitaba, al final, él ya no estaba, se había ido al más allá y sólo estuvo por una sonrisa en el mas acá.

Escrito el 29 de agosto de 2014

No te pierdas ningún cuento, subscribiéndote al mail list en:
http://eepurl.com/bEbN9n
Show your support

Clapping shows how much you appreciated Sole Dolió’s story.