10 — Un nuevo amigo

Recién casado, comenzado su carrera de profesor. Todo pinta bien para nuestro Armando, o como le dicen en la universidad, Profesor Torres. Estaba esa mañana tomando su café mañanero. Su famoso café mediano, término obscurito, con leche regular y azúcar negra. Se va afuera a encender su cigarrillo, leyendo su periódico. Pone su periódico al lado, se da un sorbo de café. En ese momento pensaba que su vida estaba corriendo de la manera que el deseaba. Tenía una esposa bella y era profesor de historia y filosofía de una de las universidades mas prestigiosas del centro del país. En ese momento recibe un mensaje de texto en su celular y en ese preciso instante su cara refleja una sonrisa y se sonroja. Apaga el cigarillo y bota la cajetilla con 17 cigarrillos que sobraban. Pone su periódico debajo de su brazo derecho y dice:

“Es momento de cambiar y dejar los vicios que me matan poco a poco.”

Continúa caminando hacia su carro, se monta en el mismo. En todo ese trayecto su sonrisa nunca se borró de su rostro.

Tan pronto llega a su casa le da un abrazo a su esposa. Ambos comienzan a llorar de la alegría y ella le dice: “Mi amor, se nos dió.”. “Si, corazón! Tan pronto leí el texto estuve sonríendo. He decidido dejar de fumar, quiero que mi hijo o quizás mi princesa tenga a su papá, a diferencia de mi.”, le contesta Armando. Armando recuerda a su padre Roberto, un abogado. Roberto murió de un ataque al corazón a la edad de 44 años. Armando hace una propuesta con su esposa y le dice: “Si es niño yo escojo el nombre y si es niña tu escoges el nombre. ¿Qué piensas?”. “Mmm. Me gusta la idea con la condición de que el nombre de tu hijo no sea el tuyo porque eso demuestra falta de originalidad.”, le contesta Rosemary. “Definitivo.”,dice Armando.

Comienza un nuevo proceso en la vida de esta joven pareja. La esperanza de un núcleo familiar opaca la catástrofe a la que el país se aproxima.

Vivimos para nosotros ignorando al prójimo.

Pasan las primeras 13 semanas y van a realizarse el sonograma de rutina. Entre náuseas matutinas, ciertos antojos de pan criollo y coca colas a escondidas, la joven pareja va a su cita. Tan pronto ponen la máquina en la barriga de Rosemary, se escuchan los latidos del corazón y finalmente se ve la forma del bebé. Ambos padres sonríen, sus frentes se tocan, mientras cierran los ojos y sus manos agarradas. Ese momento, el que cada pareja desea congelar, padre, madre y una vida nueva en pleno desarrollo. Armando le da un beso en la frente a Rosemary, la mira a los ojos mientras le dice Te Amo. “Bueno, es un varoncito.”, dice la técnica. En ese momento Armando va a su red social mas usada y escribe: “Entonces tendremos a un Robert.”.

Cientos de felicitaciones comienzan a adornar su red social. El continúa semana tras semana complaciendo los antojos de su esposa. Rosemary veía su barriga crecer y con mucha emoción sentía a Robert pateando. Robert continuaba nadando en su piscina natural mientras sus padres comían una pizza de pollo y tocineta en salsa alfredo, en un restaurant llamado Sea Feliz en Guaynabo, un pueblo de gente que piensa que son mejor que el resto de la isla. Ya habían pasado 38 semanas y rompe fuente. La emoción de ella era eclipsada por un dolor latente, al que comúnmente se conocen como contracciones. Armando comienza a contar entre contracciones como le habían enseñado en las clases de parto sin dolor. “Clases de parto sin dolor, Que me devuelvan mi dinero”, gritó Rosemary mientras respiraba rápidamente. Armando responde: “Rose tómalo con …”, “Mira Armando, la que está sufriendo aquí soy yo. No me vengas a decir que lo tome con calma.”, responde Rosemary de manera agitada. Llegan al hospital, a Rosemary la mueven a sala de parto. Armando intentó pasar y le dijeron que esperara porque la estaban acomodando. Pasa una hora y ya Armando comenzaba a desesperarse mientras preguntaba porque no lo dejaban entrar. La respuesta siempre era la misma estamos preparando el cuarto y la estamos preparando a ella, así que tendría que esperar. El decía que era demasiado tiempo que no hacía sentido. En ese momento oportuno sale el Dr. Contreras y le dice a Armando: “Bueno Doctor Torres tenemos varios problemas. La situación se ha complicado. El bebé no está en posición y está enredado en su cordón umbilical. Aparte su esposa tiene la presión extremadamente alta. Tenemos que realizar una operación de emergencia, para asegurar ambas vidas.” “¿Doctor no puedo estar en la sala de parto? ¡Estoy desesperado!”, contesta Armando. “No. Esta es una operación sumamente delicada. Necesitamos hacer una cesárea para sacar al bebé y salvar ambas vidas. Siéntese y permítanos hacer nuestro trabajo.” Armando está sumamente desesperado no sabe que ocurrirá. El ama a su esposa y a su hijo y no desea perder a ninguno de los dos. Comienza a pensar que pudo haber estado mas pendiente de su esposa y así evitar todo este asunto. Comienza a auto-culparse de la situación. Llama a su madre desesperado para contarle la situación y esta le responde: “Tranquilo Armando. Dios tiene el control de todas las cosas. Recuerda lo que te hemos enseñado. Yo estoy aquí orando para que la voluntad de Dios se haga.” Armando siendo ateo no prestó mucha atención a las fantasía de su madre, sin embargo le dieron una falsa esperanza de que todo estaría bien. “Si es verdad lo que dice mi madre no debo tener ningún tipo de preocupación, pero ¿si la voluntad de Dios es dejarme solo, que voy a hacer con mi vida?”, pensó.

Pasan 2 horas y 38 minutos y llega el Dr Contreras con una mirada sombría y le dice a Armando: “Lo siento mucho hice lo que pude. Perdimos a ambos. El bebé primeramente estaba sin respiración. Procedimos a realizar resucitación cardiopulmonar pero ya era demasiado tarde. Su esposa luego de que certificamos la muerte del bebé, sin ella saberlo, comenzó a llorar y a gritar mi niño se fue. Veo como ángeles se lo llevan. Segundos después tambien muere.” El estado de shock para Armando fue tanto que no tuvo tiempo de llorar. Lo único que pasó por su mente fue llamar a su madre y contarle lo sucedido. Tan pronto la llama le cuenta: “Aparentemente no fue la voluntad de Dios que ninguno viviera.” Su madre comienza a llorar sin ningún tipo de consuelo.

El cuarto se enfría mas de lo normal. Armando se lleva sus manos al rostro. Dos lágrimas se escapan, una de cada ojo. Las lágrimas dibujan dos ríos nilos en su rostro. Una mano toca su hombro y le dice: “Saludos Armando, me llamo Robert. Ven tomemos un café y fumemos un cigarro para que se relaje. Se por lo que estás pasando, yo estuve ahí.”. Armando le responde: “Gracias. Necesito una mano amiga en estos momentos. Es el momento mas difícil de mi vida.”. Un niño observa la escena en ese instante y le pregunta a su mamá: “Mamá, ¿ves a ese hombre rubio tocando el hombro del señor?”. Su mamá contesta: “Ay! Ya te volvió a subir la fiebre. Estás imaginando cosas, ahí no hay nada.”

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