Sobre la naturaleza cuántica de la epidemia

Quantum spyhole by psion005

Nunca nadie supo definir si la enfermedad decidió atacar a la humanidad ese mismo año o si siempre había estado allí, acompañándonos a lo largo de nuestra historia, y tan solo ahora habíamos sido capaces de detectarla. Con tantas personas desaparecidas a lo largo de nuestros años, era tentador culpar al virus y dar por zanjado el asunto. Lo que sí se definió claramente fue el año y el lugar del primer contacto registrado. Suiza, 2019, Laboratorios CERN. Particularmente a 100 metros bajo tierra, en el gran colisionador de hadrones. Un equipo de científicos brasileros se encontraba realizando unos experimentos en partículas subatómicas cuando notaron la desaparición, no de electrones y protones, sino de átomos enteros. Este desvanecimiento iba en contra de una de las leyes fundamentales de las ciencias naturales. La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Sin embargo, ahí estaban los datos, brillando en las pantallas y desafiando con su parpadeo intermitente toda preconcepción que la humanidad tenía sobre el universo y su funcionamiento. Las partículas perdían progresivamente su energía, se enfriaban y finalmente dejaban de emitir luz. A efectos prácticos, anunciaron semanas después los voceros, las cosas se están desvaneciendo y a un ritmo cada vez más acelerado.

Los medios lo acuñaron «el virus cuántico», porque eso fue lo segundo que notaron, no estaban frente a un hecho aislado. El fenómeno se comportaba siguiendo el movimiento organizado de un virus. Atacando una partícula de materia, destruyéndola y saltando a las dos siguientes creciendo de manera exponencial. Y lo que era más interesante aún, a menos que se le preste atención específicamente al fenómeno, el objeto atacado parecía desaparecer de la memoria de la gente. De la misma forma que ciertas partículas cambian su comportamiento al ser estudiadas, este fenómeno parecía borrar absolutamente cualquier rastro de la materia atacada. Se hizo un experimento que consistía en mostrar tres formas geométricas a un grupo de estudio. Luego se puso una de ellas en la zona de actividad. En cuestión de días se desvaneció. Cuando le preguntaron al grupo que señalen las formas geométricas que recordaban, las 45 personas respondieron sin vacilación que tan solo había dos figuras, mientras los científicos estudiando el evento no olvidaron la tercera. Cuando se repitió el experimento, esta vez con 200 personas, los resultados fueron los mismos, exceptuando un pequeño detalle. La desaparición del objeto, y su progresivo olvido, demoró tan solo unas horas. El ritmo de deterioro inexorablemente aumentaba su velocidad.

A pesar de todos sus esfuerzos, el pánico no tardo en surgir. Por el momento el fenómeno estaba contenido dentro de las paredes del gran colisionador y su efecto se limitaba solamente a pequeñas figuras de plástico. Pero nada parecía asegurar que el virus se contendría allí.

Es una suposición sin ninguna evidencia —escribió el director de CERN en su reporte—, estamos tomando todas las medidas de precaución que nos son posibles, sin embargo, parece ser que estamos luchando contra una constante natural, contra las mismas leyes del universo.

Unas semanas después, realizando un mantenimiento de rutina, un pasante encontró una pequeña abertura en el acelerador, no mayor a una moneda. El hallazgo lo sorprendió bastante, pues ni él, ni todos sus compañeros recordaban haberlo visto allí la semana anterior.