Educador Familiar: teorías sobre la familia

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La aproximación al estudio de la familia contempla como necesario presentar un cuerpo teórico capaz de superar el común análisis, superficial y meramente descriptivo, que se viene haciendo de la misma. En este sentido, las propuestas teóricas que se hagan tendrán la finalidad de desestimar la creencia general de que el sentido común y la observación cotidiana es el mejor y único predictor de lo que pasa en la familia. Si bien, es cierto que tampoco hay que erradicar dichas formas de comprensión de un hecho o situación.

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Aunque nos hayamos inclinado por dicha perspectiva teórica es necesario señalar que existen otras perspectivas (cada una con su enfoque conceptual propio), que también se dedicaron y dedican al estudio de la familia. Es así el caso del enfoque psicoanalítico y del aprendizaje social, ambos tienen el privilegio de ser los primeros en decantarse por el estudio de la familia. Sin embargo, este protagonismo inicial de la familia se fue diluyendo hasta convertirse cada vez más en un análisis individual, es decir, comenzaron a preocuparse por el desarrollo psicosocial de los hijos ignorando por completo la vertiente de relaciones interpersonales que se producen diariamente en una familia.

Posteriormente, los seguidores del interaccionismo simbólico, de las teorías del intercambio social y de las teorías del conflicto, cuestionaron las interpretaciones de los enfoques precedentes. Por su parte, esta nueva oleada de teorías defendían la analogía existente entre la familia y el grupo social. A través de dicho planteamiento llegaron a importantes conclusiones respecto a la dinámica relacional de los miembros del sistema familiar, los procesos de percepción mutua y de atribución de significados, y sobre el análisis de las relaciones familiares, en término de costes y beneficios, en los casos de transiciones y crisis (Musitu y Herrero, 1994).

La teoría general de sistemas y la teoría de campo son las teorías que más trascendencia han tenido en la configuración del enfoque evolutivo-educativo. Estas dos teorías, aunque se consideran ya clásicas siguen estando vigentes; un claro ejemplo lo podemos encontrar en sus estudios más recientes, los cuales han posibilitado el enfoque ecológico-sistémico.

A continuación pasaremos a analizar cada teoría por separado para ver cuál ha sido su labor en el campo de la familia. Más tarde veremos como han ido conjugándose hasta desembocar en el enfoque ecológico-sistémico.

Von Bertalanffy (1968) fue quien desarrolló los primeros planteamientos sobre la teoría general de sistemas. La idea principal que se desprende de esta teoría es la explicación de los fenómenos partiendo o fijándose en su totalidad más que en sus diferencias. Esta teoría «nació con una vocación multisdiciplinar para formular principios válidos que explicaran la organización de fenómenos en un todo unificado y no como entidades independientes» (Musitu, Buelga y Lila, 1994).

El concepto fundamental entorno a la cual gira esta teoría es el de «sistema». Von Bertalanffy afirmaba que «un sistema puede ser definido como un complejo de elementos en interacción». A su vez autores como T. Parson y F. Bales en su descripción de sistema presentan matices que clasifican la operatividad del uso de dicho concepto. Entienden por sistema «el conjunto constituido por una o más unidades ligadas entre sí de modo que el cambio en el estado de una unidad estará seguido de un cambio en el estado de otras unidades del sistema; tal cambio, irá seguido de un nuevo cambio en la unidad primitivamente modificada, y así sucesivamente».

Este concepto, a su vez, se clasifica en abierto y cerrado, dependiendo de la interacción que establezca con el medio externo. Ambas vertientes son de indudable valor práctico para la comprensión de la dinámica del grupo familiar.

Los sistemas poseen tres propiedades básicas, y la familia como tal también. La familia es un sistema total, compuesto por tres subsistemas (el conyugal, el parental y el fraternal). La familia es un sistema abierto que se autorregula por reglas de interacción y, al mismo tiempo, es un sistema en constante transformación e interacción con otros sistemas.

La definición propuesta por Andolfi (1984) expresa claramente lo que acabamos de señalar: «la familia es un conjunto organizado e interdependiente de unidades ligadas entre sí por reglas de comportamiento y por funciones dinámicas en constante interacción entre sí y en intercambio permanente con el exterior» .

La gran aportación de esta teoría es que pone de manifiesto el funcionamiento adaptativo de la familia ante las presiones o cambios externos (si la familia se adapta y reorganiza flexiblemente a los cambios; si ante ellos se mantiene rígida o se reorganiza). Además, también hace hincapié en la estructura de subsistemas de la familia (sí existen límites claros y permeables entre los subsistemas, si cada subsistema tiene relaciones cohesivas, etc.).

La otra teoría que destacábamos es la «teoría de campo». El máximo representante es Kurt Lewin (1951) y al igual que la anterior, dicha teoría ha proporcionado importantes innovaciones en el ámbito de la familia al servir de punto de partida del enfoque ecológico.

El planteamiento básico de esta teoría se centra en la interdependencia entre el entorno y las personas, ambos se estudian en conjunto y constituyen un campo global. La descripción del campo parte del propio individuo, y éste lo percibe de diferente manera a como lo puede percibir otra persona. La descripción del campo debe contemplar aspectos físicos o materiales, aspectos sociales y aspectos psicológicos. De esta forma se obtendrá una descripción completa de una situación.

Kurt Lewin destaca de los aspectos indicados, el factor o campo psicológico. Este presenta tres características a tener en cuenta: la fuerza (tendencia a actuar en una dirección); la posición (el estatus de la persona respecto al de otras); y la potencia (el peso relativo de un área del campo respecto a otras). Los campos vitales (físicos, sociales y psicológicos) evolucionan con el desarrollo de las personas, ganando en diferenciación, organización y fluidez.

La teoría de campo aporta al estudio de la familia su principal atractivo, que no es otro que el análisis del espacio vital o ecológico de sus miembros, que incluye a la persona y a su entorno, tal como ésta lo percibe.

Brofenbrenner (1979) con sus formulaciones sobre la «ecología del desarrollo» y Whiting y Whiting (1975) con el concepto de «nicho ecológico» han consolidado la importancia del enfoque ecológico.

El primero destacó por su definición del proceso de desarrollo humano, indicando que éste se enmarca en sistemas de influencias que van desde las más lejanas a las más próximas al individuo. Sistemas que configuran y definen el entorno ecológico en el que tiene lugar dicho desarrollo. Brofenbrenner clasificó cuatro tipo de sistemas que guardan una relación inclusiva entre sí: el macrosistema, el exosistema, el mesosistema y el microsistema.

El concepto de «nicho ecológico» de Whiting y Whiting sirvió a otros autores, como Super y Harkness, para elaborar el concepto de «nicho evolutivo» (este término se toma en su acepción de contexto vital de desarrollo, de modo análogo al concepto de nicho ecológico). El objeto de estudio de estos autores es el microambiente cotidiano de los hijos, modelado por la cultura, y sus efectos sobre el desarrollo. Por otra parte, Weismer, Gallimore y otros, elaboraron el concepto de «nicho ecocultural» a partir del cual estudian los procesos de adaptación familiar al entorno modelado por la cultura.

El «nicho» es un sistema abierto en que cada componente interactúa por su parte con los elementos de la cultura. Finalmente, el nicho y el organismo, se adaptan mutuamente hasta alcanzar estados de ajuste ideales en diversos momentos del desarrollo.

La unión del enfoque sistémico y del enfoque ecológico nos permite hablar del enfoque ecológico-sistémico, principal referente y punto de apoyo de la perspectiva evolutivo-educativa de la familia.

Ambas interpretaciones aportan al estudio, investigación e intervención con familias, no solo la importancia de la familia nuclear sino también del resto de sistemas de influencia que interactúan, en mayor o menor grado de cercanía-lejanía, con todos y cada uno de los miembros del sistema familiar. Por otra parte, aportan el referente de que cada individuo se desarrolla gracias a la inclusión, en su propia definición, de las ideas y percepciones de otros individuos que pueden ser de su propia familia o de otros contextos. El conjunto de influencias que caracterizan el contexto familiar ayudan a configurar su particular definición al individuo y constituyen una clave indispensable para entender su desarrollo.

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