Preferimos arruinarnos que cambiar

Digamos que no es ninguna novedad, y menos para los que trabajamos en el ámbito de la psicología. Pero dicho por este gran poeta que es Auden la molesta frase se hace todavía más molesta.

Del libro “Cuestión de Valores” de Morris Berman

¿Cómo puede ser esto así?

Los motivos de fondo de por qué preferimos arruinarnos a cambiar son varios y de variada profundidad, como para extenso libro. Aquí solo pondré algunos.

  • No queremos asumir las responsabilidades del cambio hacia lo positivo, que de base, siempre conllevan asumir la responsabilidad de la propia vida.
  • Si cambiamos y dejamos de arruinarnos, es como declarar que ya no necesitamos que nos salven, que estamos sobre los propios pies y ya no vendrá Dios, el príncipe, la princesa, la caballería a rescatarnos. ¿Ya para qué? No… si no me rescatan tendré que rescatarme.
  • ¿Donde quedará la deuda que la vida tiene conmigo por tanto sufrimiento e injusticia si simplemente cambio y hago algo con mi vida? ¡Vaya, como si nada hubiera pasado! No… si no me dan lo que me deben tendré que conseguirlo yo mism@.
  • El estar arruinad@ es mi bandera, es mi tarjeta de crédito, mi instrumento para manipular a los otros y salirme con la mía. No…demasiado útil.
  • El estar sufrientes y arruinados nos hace sentir acompañados; el cambio, el desarrollo, se nos antoja como un camino solitario. No… me gusta el calor del rebaño.

Solo 5 puntos, aunque de gran peso y poder transformador si los reconocemos y hacemos algo al respecto. Pero ¡Ay! una vez más, hacer algo al respecto es cambiar y dejar de jodernos y joder a los otros...

Eventualmente llega, sin embargo, un momento en la vida donde el camino se bifurca en dos. El camino de la víctima arruinada o el del poder personal, de la vida auténtica, donde nos vamos poco a poco convirtiendo en los autores conscientes de nuestro destino. El tan mentado camino del guerrer@.

Es ilusorio pensar que un día, cansados de ser arrastrados por las circunstancias, nos decidimos por el segundo camino, como una medida evasiva. Es más como que uno va creciendo hacia esa ruta, poco a poco, quizá sin saber siquiera que existe. Un poco empujados por el dolor un poco jalados por el amor y la pasión hacia la maravilla de la existencia.