El casi perfecto antojo de Pizza

No puedo superar el nostálgico fracaso en Buenavista. Sencillamente no puedo. Quería atascarme de lo que recordaba como la pizza de mi infancia. La frustración se convirtió en la recurrente imagen mental de una suculenta rebanada calientita, de esas que desbordan los ingredientes porque el queso se desparrama por las orillas. (Ya estoy babeando otra vez).


Lunes por la noche, el metro atascadísimo porque… bueno, así es el metro. Negado a embutirme en una de las latas articuladas que corren como ratas bajo la ciudad, decidí telefonear a Margarita. Trabaja cerca, sería libre en minutos y era la víctima perfecta para sonsacarla a buscar un víver y hacer tiempo.

Fue entonces cuando se nos atravesó Pizza Rústica con la barra luciendo sus mejores galas, al mero estilo de aparador holandés. La tentación hizo lo suyo, mis glándulas salivales también y todo coronado por un simpático letrero de “Lunes, Martes y Miércoles 2x1" ¿Qué podía estar mal?

Luego de unos minutos revisando los especímenes tras el cristal, decidimos. Ella una suprema, yo una al pastor. Margarita siempre pide la misma. Ayer me hicieron ojitos la piña y el cilantro, además que imaginé que sería como una gringa con queso. La carne bien sazonada, nada congelado (*cof, cof Shakey’s*). Su salsita como buen wannabe taco y p’adentro. No era la pizza de mi infancia. Incluso creo que ni siquiera me referiría a ella como pizza en realidad, pero de que estaba buena, estaba buena.


Además, y con el temor de que me tachen de frívolo capitalista, ¡me encanta la decoración! Tiene mucha onda, siempre me distraigo con los foquitos de las lámparas, esos que prenden y no, como cuando se va la luz y vuelve muy bajita, ¿sabes?


Salivación suprema

Los vasos son como mason jars y la tabla para escribir que hace de plato con su mantelito de papel sujeto por el broche, me mata.

Así fluyeron la tragadera y el chisme. Que si su novio, que si el trabajo, que si los simios entrenados… Un regordete infante nos miró con recelo cuando nuestras carcajadas resonaron en el lugar. Margarita tuvo a bien referirse a la pizza de nutella como como “Popó de ángel” después de que confesara a quemarropa que ¡no le gusta la nutella! (¿A quién no le gusta la nutella? ¡Es freaking NUTELLA FOR GOD SAKE!).

Total, ya no pedimos el postre celestial, llamé la atención de la mesera e hice con la mano la seña internacional de “la cuenta”.

Ahí estuvo el desencanto.

En el ticket venían cargadas dos rebanadas en vez de una como rezaba la promoción. “Un error debió ser” pensé. Al preguntarle si había un problema, ella respondió con un “La promoción aplica sólo por persona”.

¬¬ esa fue nuestra cara. “Pero no dice en ningún lugar” — repliqué.

— “Pues la gente que viene ya sabe que funciona así” — siguió la cada vez más desesperada mesera.

El subtítulo de mi cara fue: “Claro señorita y si yo hubiera invitado a esta despampanante doncella a cenar, tratando de lucirme en este pintoresco restaurante que por su promoción se ajustaba a mi presupuesto clasemediero y saliera usted con que mis tres pesos no alcanzarían para pagar la cuenta, ¿no pensaría que querría morirme de la pena sin contar que mis posibilidades de encore con la dama se irían a ceeeeeeeeeero?”.

En realidad pude escupir: “¿Ah sí? Pues nosotros no sabíamos y no dice en ninguna parte.”

Don’t get me wrong, de todos modos íbamos a pagar, pero el gancho fue la promoción, right? RIGHT?

No les hago el cuento largo. Pagamos y salimos revisando el dichoso anuncio de la promoción. No decía nada de “aplica sólo para uno”, sólo el bien ponderado *Aplican restricciones.

Seguro volveremos, porque la pizza está buena, pero ahora sin la expectativa de llenarnos la tripa por pocos pesos.

UPDATE: Pizza Rústica tiene dos sucursales: la que fui en Homero 400, Polanco, y también en Insurgentes y Perpetua, en la San José Insurgentes. Den click en las direcciones para verlas en Google Maps. (Direcciones agregadas por sugerencia de @zolzh)