Tauro

Ya no sé ni quiénes somos, ni cómo llegamos hasta acá
veníamos caminando hacía tiempo y en el medio 
tuvimos que perdernos 
y reencontrarnos unas pares de veces,
con el sol quemando en nuestras nucas
friendo pensamientos transformados en palabras filosas.

Pero, cómo hago para explicarte que, ahora
que estás dormido y de espaldas, te veo
pero no te pienso así, de espaldas a mí.

Tengo el privilegio de pensarte de frente,
abrazado, te pienso tirado en la cama mirándome
como si fuera la primera vez y te pienso tanto,
te pienso de todas las formas posibles.

Te pienso enojado, te pienso triste y te pienso
a la luz del atardecer volviendo a casa
en ese tren que siempre me lleva a encontrarte 
que algún día me llevará a pensarte lejano.

Soñarte como sueño la lluvia helada
en los días infernales del verano bonaerense
cuando parece que el asfalto nos derrite
y es solo el pasto del centenario el que nos recibe con cariño.

Las horas, los días, las semanas, los meses, el tiempo
que se me escapa entre los dedos
como la arena de la playa que sabés que detesto.

Y lo que pasa es que no existe cuidarme de vos porque cuando te veo te quiero entero.

La copa de vino que cierra las jornadas largas, vos
el pucho por el que mato después de desayuno, vos
el abrazo que no me canso de buscar, vos
el opuesto complementario que me llena el pecho de aire fresco
cuando parece que me ahogo en gas pimienta y los ojos se me prenden fuego.

Tauro, me arde un poco todo pero más queman esas manos
como tu cuerpo desnudo retratado en mis fotos
como tu sonrisa grabada en las paredes de esta casa.

Se me quiebran los huesos cada tanto
y quedo perdido en el todo que nos traga
aunque las múltiples condenas consuman mis horas
siempre voy a escaparme de todo por un rato con vos

y llenarme los ojos de belleza tuya.