“Hablemos sin saber”

Abrir la boca y hablar, sin saber, en el etéreo silencio de una multitud que sabe mantener sus opiniones en secreto.

Opinar, por el mero hecho de integrar la mayoría ignorante, sobre mil y una situaciones ajenas, nunca antes vivenciadas en carne propia.

Creerme útil al dar rienda suelta a la verborragia únicamente porque mi interlocutor guarda silencio y me mira.

Pensar que realmente me escucha para luego caer en la cuenta de que nunca fue pedido mi punto de vista.

Cambiar de tema y callar, avergonzada de mi propio pensamiento, tal vez errado, quizás un amargo acierto.