Quiero escribir, pero no quiero

Han pasado unos meses desde que estoy la mayoría del tiempo en casa y podría decir que tengo mas oportunidad de hacer las cosas que me gustan, algo que añoraba desde hace ya mucho mientras seguía asistiendo a la universidad. Si bien sobre todo al principio y sigue siendo agradable dedicarme a mis aficiones, principalmente todas aquellas que tienen que ver de forma directa con las historias, aun así una de mis grandes decepciones ha sido que ahora que debería estar mas relajada, simplemente el echo de continuar creando historias tiende ser frustrante. Todos los días suelen terminar en los mismos lugares comunes del día anterior, nada nuevo surge, las mismas letras vacías y sin sustancia.

¿Entonces porque es que no estoy escribiendo? al menos como soñaba hacerlo cuando no tenia “nada de tiempo”.

Después de un tiempo fue que comencé a profundizar mas en esta interrogante, me puse a analizar todos aquellos factores por los cuales abandonamos nuestras historias, y como es que en su mayoría no son reales, solo están en nuestra mente.


Para analizar esto mas a fondo, tuve la idea de separar en varios aspectos dicha problemática, ya que no suele ser un solo factor el determinante, así como la lógica aplicada en cada uno de los casos.

No tengo un espacio adecuado para dejar que las historias fluyan.

Siempre solemos decir que un espacio cómodo, con la luz adecuada, una sillón amplio y una buena taza de te o de café es dentro de muchos cánones lo ideal para que la narrativa fluya. Al menos que estemos dispuestos a esperar a que todo ese Feng Shui de las letras se ponga a nuestra plena disposición cada que lo solicitemos para nosotros, creo que si esperamos algo así, ya estaríamos hablando de ficción. No existe el lugar perfecto, existe el lugar idóneo según sea la época, momento y hora de nuestras vidas, solo es cuestión de saberlo encontrar (No nos vayamos con la idea de que la comodidad a la hora de escribir significa descansar mientras intento escribir).

Existen algunas maneras de identificar el lugar idóneo, muchas veces dicho lugar puede apelar a la temática de la historia en la que estamos trabajando en ese momento, por ejemplo si estamos describiendo algún pasaje donde describamos una situación que se esta desarrollando en un ambiente de naturaleza, podemos darnos a la tarea de buscar un lugar que precisamente nos evoque algo cercano al sentimiento y proyección que estamos buscando, tal vez si hay algún árbol en nuestro patio, donde lleguen las aves y de vez en cuando canten, o algún área verde con césped que este en las cercanías. O quizá la temática que estemos abordando en ese momento tenga que ver con la vida nocturna de cierta ciudad en el mundo, salir y divertirse a nuestra manera de vez en cuando no solo nos ayuda a despejarnos sino a impregnarnos de aquellos fragmentos , episodios y escenarios que una noche de diversión nos puede brindar. Puede ser una buena o mala experiencia aquella que nos invite a querer contar una historia, ya sea que la vivamos o estemos en el lugar preciso para ser testigo. Estar en contacto con la emoción mas simple suele ayudar a situar nuestra mente en contexto.

Hay demasiado distractores.

El ruido que siempre se encuentra a nuestro alrededor es algo que no va desaparecer, no se trata de ir por el mundo pidiéndole a todos que guarden silencio para que podamos ocuparnos de nuestros asuntos en calma. Al contrario el ruido es parte fundamental de la vida, y por ello también es alimento para nuestras historias. Quien no ha escuchado decir, que siempre se aprende de escuchar conversaciones ajenas, nunca se sabe que dialogo absurdo de la vida cotidiana pueda llegar a ser parte fundamental del argumento de nuestra trama. Pero queramos o no si hay muchos distractores que vician nuestro rendimiento y dedicación como escritores, el gran mito es que es culpa de los tiempos modernos y del exceso de información, y todas aquellas actividades relacionadas principalmente con la Internet y las redes sociales. La culpa no es mas si no de nosotros mismos, que elegimos estar presentes en todos aquellos acopios de información, en su mayoría irrelevantes siquiera para sacarnos una carcajada honesta que bien es saludable en estos días. No se trata de estar lejos de la vida social y de lo que acontece en el mudo, la interacción humana y el contexto en el cual se encuentra esta misma es vital. Nosotros elegimos simplemente en que acontecimientos y sitios estar presentes y en cuales no, el mayor distractor somos nosotros mismos.

Es mas simple decir que el mundo moderno nos distrae, cuando en realidad somos nosotros los distraídos, sin rumbo y susceptibles a toda la información y medios accesibles hoy en día. Mas allá de tacharnos a nosotros mismos de perezosos, deberíamos ponernos a pensar un poco en todas aquellas actividades de ocio que no nos benefician ni siquiera de forma recreativa, ya que incluso en momentos de esparcimiento y ocio podemos llegar a crear cosas increíbles, solo es cuestión de enfocarnos.

Solo puedo escribir en un horario determinado.

Dicen que la inspiración viene siempre a horas inesperadas, muchos alegan ser escritores nocturnos, o que el gallo de las mañanas les ayuda a escribir ideas mucho mas frescas. La realidad es que uno puede escribir a cualquier hora, si lo pensamos un poco, dedicamos nuestros ratos libres a otras actividades que son fácilmente intercambiables. No es la inspiración la que nos lleva a escribir en momentos determinados, somos nosotros los que estimulamos el momento para que las ideas fluyan. Llevar con nosotros una libreta pequeña acompañada de un bolígrafo o en su defecto nuestro smartphone, suele ser una alternativa viable para tomar notas en cualquier momento y lugar, ya sea esperando a que nos atiendan en el banco o mientras esperamos la comida en nuestro sitio habitual del diario.

Para atacar dicha problemática, me di a la tarea de pensar en alguna tarea sencilla que nos ayude a estimular la escritura en momentos poco habituales del día, y he llegado a una que ademas de entretenida puede llegar a ser muy dinámica. La idea es ser un recaudador de información selectiva, toma algo para anotar y comencemos con la dinámica.

Haz una lista donde separes por categorías los siguientes aspectos:

Vestimenta y colores: Algo fundamental en una historia es saber como vestirán nuestros personajes, ya que esto no solo definirá su apariencia y estilo, sino aspectos de su personalidad y contexto social/histórico.

Ejemplo : Suéter, ajustado, rojo.

Texturas y estructuras: Que seria de nuestros habitantes sin un mundo en el cual puedan explorar y coexistir, con las dificultades del entorno. Simplemente se convertirían en personajes sin vida, carentes de algo que los diferencie entre si. Necesitamos una ciudad, un pueblo, una calle en particular, un sendero del cual partir con las características adecuadas que nos conduzcan a representar las posibilidades del entorno tangible donde se desarrollará la trama.

Ejemplo: Edifico, alto, concreto

Iluminación y temperatura: Las condiciones climáticas y la iluminación de una locación en nuestra trama, no solo ayuda a describir como afecta a nuestros personajes de forma física y emocional, sino que nos ayuda a profundizar en aspectos psicológicos que no pueden ser descritos fácilmente de forma explicita y concreta.

Ejemplo: Nublado, húmedo, caliente.

Al final del día debemos completar una párrafo corto y descriptivo que incluya algunos de los aspectos mas interesantes recabados del entorno.

Ejemplo: “Fue en ese momento cuando logre divisarla al otro lado de la calle, cerca de un edificio alto y de concreto. Ella llevaba puesto su habitual y ajustado suéter rojo, el cielo estaba nublado, pero no había motivo para que ella llevara puesto dicho suéter, el clima era caliente y húmedo.”

Debemos hacernos del habito de aprovechar toda aquella información y aspectos que nuestro entorno nos comunica.

Es nuestra elección cuando decidimos escribir o no en nuestros momentos libres, no son los astros ni la luna, ni la brisa de la mañana la que trae consigo las historias, somos nosotros buscando capturarlas a cada instante posible de nuestro día.

Nada de lo que escribo es lo suficientemente bueno.

La auto critica puede llegar a ser nuestro peor enemigo si carecemos de un juicio objetivo. Pero no siempre suele ser falta de objetividad, sino algo que viene mas ligado a la autoestima y nuestro estado emocional a la hora de emitir un juicio acerca de cualquier cosa en la que estemos trabajando. El simple echo de hallarnos molestos en dicho momento, puede resultar en una montaña de hojas arrugadas y terminar mandando todo al carajo.

Pero que sucede cuando todo parece estar bien, y mas allá de las problemáticas habituales, tenemos una vida tranquila. Como es que aun así seguimos pensando que nuestro trabajo sigue siendo pésimo, tal vez sea porque en realidad si lo es, pero eso no significa que deba ser descartado, al contrario puede significar una sola cosa: que no es mas que una idea inicial, algo que requiere mayor trabajo y que conforme vaya siendo retrabajado versión tras versión al paso del tiempo podrá llegar ser bueno.

En lo personal hay una técnica que me resulta muy útil a la hora de truncarse en algún aspecto de nuestra trama. Consta de un ejercicio muy simple, busca un amigo de confianza y háblale de forma general respecto a tu historia, obsérvalo y analiza su reacción ante cada uno de los detalles de tu argumento. Capta su atención y una vez que la tengas, comienza a relatarle aquella parte de tu trama donde se encuentre la problemática, hazlo sin reparar en explicarle que estas truncado en dicha parte de tu historia, no importa si tienes que improvisar algo que de momento suene absurdo, lo importante es forzarnos a llenar esos huecos y fallas en la trama, la idea es mantenerlo interesado. De esta manera ejercitamos nuestra capacidad creativa, ya que si bien a la hora de crear una trama se busca que el lector se sienta atraído, es una actividad totalmente deslindada de la emoción inmediata de un oyente al presenciar un relato, la interacción suele ser aun mas estimulante que la clásica y solitaria. Ademas que la retroalimentación es totalmente inmediata, ya que incluso se pueden llegar a suscitar preguntas tanto de parte del oyente, como de nosotros mismos, que tal vez nunca nos hubiéramos echo con anterioridad. Dando como resultado nuevas ideas y perspectivas respecto a nuestra trama, enriqueciéndola y porque no reinventándola. No olvidemos que la expresión en el rostro de un lector genuinamente interesado, es mas que obvia y estimulante para nosotros como escritores, es la llama encendida que no queremos que deje de arder.


No opongamos resistencia al trabajo duro, hay que construir los caminos adecuados para que las historias lleguen a nosotros, aun en la calle mas oscura de nuestra imaginación, las luciérnagas alumbraran el sendero.


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